Día del Amigo: un libro, una pintura y un disco para celebrar la amistad

A través de un óleo sueco de principios de siglo, una caminata literaria por Buenos Aires y las guitarras del rock latino, el arte se convierte en el refugio definitivo para celebrar el vínculo que nos sostiene

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Día del Amigo: las obras de Hanna Pauli, Carlos Santana y Joana D’Alessio celebran la amistad

La amistad es, quizás, la forma más pura y revolucionaria del amor en el mundo contemporáneo. En una época marcada por el vértigo digital, el aislamiento y los lazos utilitarios, los amigos emergen como territorio libre de contratos obligatorios o mandatos biológicos. Es en el espacio de la confidencia, el silencio compartido y la vulnerabilidad aceptada donde realmente nos humanizamos. Los amigos no se eligen para cumplir un rol social preestablecido. Son un refugio contra la intemperie.

El arte ha sido, desde siempre, el gran testigo y catalogador de este misterio afectivo. Cuando las palabras cotidianas quedan cortas para explicar la lealtad o la intimidad, la pintura, la literatura y la música intervienen para capturar la esencia de lo que nos une. Celebrar el Día del Amigo a través de la cultura es un viaje hacia la memoria colectiva. A continuación, tres obras de épocas y geografías completamente distintas demuestran cómo la creación artística se alimenta de la complicidad para volverse inmortal.

La luz del intelecto: Hanna Pauli y la vanguardia sueca

Entre 1900 y 1907, la pintora sueca Hanna Pauli (1864-1940) dio vida a su obra cumbre, el monumental óleo sobre lienzo titulado Amigos (Vännerna). Nacida en Estocolmo en el seno de una influyente familia de la burguesía judía, Pauli se formó artísticamente en París durante la eclosión del impresionismo. Al regresar a su país natal junto a su esposo, el también pintor Georg Pauli, convirtió su propio hogar en el epicentro de las tertulias intelectuales más avanzadas de la era Fin de siècle.

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Entre 1900 y 1907, la pintora sueca Hanna Pauli dio vida a su obra cumbre, el monumental óleo sobre lienzo titulado "Amigos" (Vännerna)

La pintura, que hoy se exhibe de forma permanente en el Nationalmuseum de Estocolmo, captura de manera magistral una de esas veladas íntimas. La composición se organiza alrededor de una lámpara de queroseno que baña con una luz cálida y mística a los presentes, simbolizando la iluminación espiritual y el conocimiento compartido. En el centro geométrico de la escena, la célebre escritora y activista feminista Ellen Key lee un texto en voz alta a un grupo de oyentes suspendidos en el tiempo.

La intrahistoria de Amigos revela las complejas dinámicas sociales de la modernidad sueca de principios del siglo XX. Entre los retratados se encuentran el influyente editor Karl Otto Bonnier y el pintor Richard Bergh. Hanna Pauli, quien se incluyó sutilmente en el cuadro, tardó siete años en terminarlo debido a constantes cambios de perspectiva; modificó la disposición de los cuerpos para forzar una sensación de cercanía física, inmortalizando un pacto de lealtad que redefinió el arte de su país.

Caminar para salvarse: Joana D’Alessio y la botánica porteña

Mucho más cerca en el tiempo y el espacio, la literatura argentina reciente entregó un testimonio sobre la supervivencia afectiva. En el otoño de 2021, en plena salida de los confinamientos pandémicos, la escritora y editora porteña Joana D’Alessio comenzó a registrar sus paseos a pie por la ciudad de Buenos Aires. Ese ejercicio de catarsis urbana se transformó en Pequeño tratado sobre la amistad, un libro breve e íntimo de apenas 88 páginas publicado por Vinilo Editora dentro de su colección Sencillos.

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"Pequeño tratado sobre la amistad", de Joana D'Alessio

El texto se estructura como un ensayo en movimiento dividido en cinco capítulos, cada uno dedicado a una caminata con una amiga diferente (como Flora, Gabriela, Julieta o Gimena) por los barrios de Belgrano, Núñez y Parque Saavedra. A lo largo de los recorridos, las conversaciones fluyen con una honestidad desarmante, abordando temas universales como la crianza de los hijos, las crisis de pareja, el envejecimiento de los padres y el miedo al paso del tiempo. Con el diálogo, la geografía de Buenos Aires muta.

El libro se complementa con las ilustraciones botánicas de Clau Degliuomini, trazando un paralelismo entre la resistencia de la vegetación urbana (pasionarias, jacarandás y espinos de fuego) y la fortaleza de los lazos afectivos. D’Alessio subvierte la solemnidad de los antiguos filósofos y postula que la verdadera amistad no se erige sobre los éxitos, sino sobre el relato compartido de los fracasos y las vulnerabilidades. Pequeño tratado sobre la amistad posiciona a las amigas como el gran andamio emocional.

El regreso a las raíces: Santana y la vibración latina

El tercer pilar de esta celebración nos traslada a marzo de 1976, mes en que la legendaria banda comandada por el guitarrista mexicano Carlos Santana (nacido en Autlán de Navarro en 1947) lanzó al mercado su séptimo álbum de estudio, titulado significativamente Amigos. Tras pasar varios años experimentando con un jazz-fusión complejo y espiritual que lo había alejado de las listas de éxitos, el virtuoso músico decidió que era momento de reencontrarse con su público y con la vibración callejera.

"Amigos" (1976) de Santana

Amigos es una obra donde el rock latino, el funk y los ritmos bailables volvieron a ser los protagonistas absolutos. El contexto de grabación estuvo marcado por profundas transformaciones internas en la alineación del grupo. El disco significó el debut de la elegante voz soul de Greg Walker, un cambio que refrescó canciones comerciales como Let It Shine y Tell Me Are You Tired, dotándolas de un groove irresistible. Al mismo tiempo, el álbum funcionó como la despedida del bajista original David Brown.

La mejor es Europa (Earth’s Cry Heaven’s Smile), un instrumental donde la guitarra de Santana llora y canta con una expresividad melódica que se convirtió instantáneamente en un clásico de la radio mundial. Desde la explosión percusiva inicial de Dance Sister Dance (Baila Mi Hermana) hasta el folclore de Gitano, cantado por el conguero Armando Peraza, el disco es una fiesta de la comunión musical. Testimonio sonoro de que la música, al igual que los buenos afectos, siempre sabe cómo hacernos volver a casa.