Osvaldo Logares cuenta las mil y una anécdotas de un “periodista de calle”

El histórico cronista televisivo publicó ‘Testimonios’, un libro donde recorre sus cincuenta años de oficio. “La vedette es la noticia, no nosotros”, asegura

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Osvaldo Logares: las mil anécdotas de un “periodista de calle”

“Acercate a este que te da buena suerte: gana elecciones”, le dice Menem a Palito Ortega, entonces gobernador de la provincia de Tucumán, y señala a un periodista de traje, corbata y sonrisa de par en par, Osvaldo Logares, que no puede evitar tentarse. Al Turco le cubrió toda la campaña, lo conocía desde La Rioja. Estamos en la Casa de Gobierno, principios de los noventa. “¿Me lo vas a decir a mí que estuvo cuando le gané a Buzzi?“, responde Palito y ríe cómplice. Desde entonces, Logares estará siempre.

Mucho tiempo después, cuando colgó los botines del periodismo, miró para atrás y se estremeció. Fue una carrera larga: cincuenta años de coberturas en una línea histórica que va desde Lanusse hasta Macri. ¿Cuántas caras se la habrán dibujado en la mente? Como unas memorias, como un anecdotario, pero sobre todo como un legado, decidió escribir un libro. Lo tituló Testimonios y lo editó por Desiderata. En el prólogo, Nelson Castro dice que “la crónica periodística es la primera versión de la historia”.

Favaloro, Borges, Gorbachov, Bush, Perón, Kirchner, Nicolino Locche, Carlos Monzón, Tinelli, Sinatra, Pavarotti, el Indio Solari y Francisco son algunos de los personajes que aparecen en el libro. “Siempre me consideré periodista de calle”, sostiene Logares, “pero como me decía un maestro: la vedette es la noticia, no nosotros”. El libro está teñido por esa idea, la de un periodista respetuoso, atento, silencioso, que aparece a buscar su nota. Pero llegó su momento: hablarle al micrófono, recordar.

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"Testimonios" de Osvaldo Logares

Ahora Logares está relajado. Lejos quedó la tensión de la primicia. Desde su casa, con el teléfono pegado a la oreja, se deja llevar por la conversación y se mete en los pasillos de su memoria para contar algunas historias. La primera es la suya, la de un hombre que en el año 1972, luego de un breve paso por la revista Automundo, llegó a Télam. “Ahí hice toda mi carrera”, dice. Acababa de entrar tras rendir el examen de ingreso, pasó de aspirante a redactor, pero no estaba cómodo. “A mí me gustaba la calle”.

Télam tenía periodistas acreditados en todos los lugares: en Cancillería, en el Ministerio de Defensa, en Casa de Gobierno, en el Congreso, en la CGT. Y no había un lugar como para que pudiera rajarme de la redacción, porque las redacciones nunca las aguanté. Estuve así dos años luchando hasta que un día me dieron la oportunidad y fui a Aeroparque. Y entré a recopilar notas importantísimas porque por ahí viajaban todos los gobernadores, todos los ministros". Ahí, podríamos decir, empezó su historia.

En Aeroparque conoció a Néstor Kirchner, en los tiempos en que era gobernador de Santa Cruz. Recuerda una anécdota en la que aparece Alberto Fernández, por entonces Jefe de Gabinete, y le dice: “Vení, seguimo, te quiero presentar al presidente”. Logares lo sigue, qué iba a hacer. Entonces aparece Kirchner, que no finge sorpresa. Logares recuerda sus palabras: “¿Qué hacés, flaco? ¿Cuánto hace que nos conocemos? Diez años, por lo menos, ¿no? Andá, Alberto, andá, seguí caminando”.

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A Alberto lo volvió a ver muchos años después, unas semanas antes de que Cristina Kirchner definiera la fórmula presidencial de 2019 con él a la cabeza. Logares le hizo una pregunta sobre su regreso al espacio, y la respuesta de Alberto, cuenta el periodista, fue esta: “Yo con una embajada en España me conformo. Dame una embajada en España y soy feliz”. Claro, todo esto no está en el libro, Alberto no tiene su entrada, pero Logares la usa para remarcar su propia sorpresa: “¡Y después fue presidente!”

“La vedette es la noticia, no nosotros”, asegura Osvaldo Logares

Aeroparque. Ese era su lugar de trabajo. Al verlo siempre ahí, lo contrataron de Radio Rivadavia y de Canal 13. Durante treinta años trabajó para los tres. “El periodismo siempre tuvo muy mal pago”, dice. “Antes tenías dos o tres laburos; ahora tenés que tener cuatro. Hay que rebuscárselas. Cada vez está más precarizada la profesión. Pero todas las profesiones están degradadas. Me acuerdo que alguien me dijo una vez que hay que refundar la República. No, hay que refundar las profesiones”.

“Hay que refundar todo, porque la degradación del país se vio reflejada en la población. Un viejo maestro nos decía: los países no se funden, se empobrecen. Y en las profesiones pasa lo mismo. Las profesiones no desaparecen, pero se empobrecen en intelecto, en capacidad, en calle, en olfato. Para ser periodista tenés que tener olfato periodístico”, dice. En el libro, en su introducción, sostiene que “el periodismo no se ejerce ni por la plata ni por la fama, se ejerce por vocación y pasión”.

Está el problema de la tecnología pero también de la desprolijidad: “Hoy son 25 tipos superponiéndose con preguntas y no lo dejan hablar al entrevistado”. También subraya la diferencia del trabajo del cronista y el resultado final:“ Muchas veces el medio la compagina y le hace decir al tipo lo que quiere”. Pero hay algo más: “Dejemos el sobre aparte, hablemos de la ideología: ¿por qué los periodistas se tuvieron que meter en la grieta? El periodista militante, de cualquier lado que sea, me rompe la cabeza”.

Osvaldo Logares presentando el libro en la Universidad Católica Argentina

Otra escena, plena dictadura. Logares, en vivo desde Aeroparque para la radio con Héctor Larrea, escucha una explosión. Una gran explosión. Fue mientras despegaba un avión en el que viajaban Videla. Estaba al aire con Héctor Larrea cuando vio carretear el avión presidencial y escuchó la detonación. ”Los guerrilleros le habían metido trotyl", comenta. Se quedó ahí. Fueron tres noches durmiendo en el auto (“si explota tengo que estar”), hasta que finalmente pasó. Luego los militares preguntaban por él.

A Francisco lo conoció cuando era Jorge Bergoglio. “Lo acompañé a muchas villas o cuando le lavaba los pies a los del Borda. Vivió como predicó”, dice. “Con Diego tuve mucha relación. Me quería mucho porque le hice dos o tres, no gauchadas, pero sí atenciones, cuando llegó campeón del mundo el juvenil del 79, entonces hice que doña Tota, la madre, entre al despacho del jefe de Base. Él odiaba a los periodistas deportivos. Como sabía que yo no era periodista deportivo, me daba más bola, ¿viste?“, cuenta.

“Yo me la pasaba escuchando a los más grandes. Me sentada al lado, en silencio a escuchar. Me acuerdo de un viejo maestro que decía: que nunca se te suba el maquillaje a la cabeza”, recuerda Logares sobre el final de esta conversación. Piensa recorrer algunas ciudades contando sus historias, presentando el libro —que, al parecer, se viene otro con más personajes— y dialogando con los periodistas más chicos. Le gusta la idea de legado. “Es que nosotros jugamos en la calle y en el potrero”, dice y sonríe.

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