En una habitación de una vivienda humilde en el cantón de Coto Brus, en el sur de Costa Rica, Amado Vargas sostiene entre sus manos el dedo fosilizado de un perezoso gigante.
A su alrededor, casi 10,000 piezas paleontológicas cubren cada rincón disponible. EFE documentó la historia de los dos hermanos que las encontraron.Todo empezó en una quebrada.
De la finca ganadera a la arqueología sin título
Amado y Cristian Vargas crecieron trabajando en la agricultura del cantón de Coto Brus, provincia de Puntarenas. En las jornadas en que ayudaban a pastar el ganado de un vecino, los dos niños se desviaban hacia una quebrada cercana y recogían piedras que les parecían extrañas.
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“Desde pequeños veíamos objetos diferentes que podían ser piedras pero eran extraños, entonces los empezamos a recolectar y con el tiempo nos dimos cuenta que eran restos de animales prehistóricos, fósiles ya”, relató Amado.
Mientras sus amigos de infancia elegían los turnos, los bailes y los centros deportivos, los hermanos Vargas elegían la quebrada. Se llevaban una sartén, una cuerda, pescaban, comían y buscaban piezas. “Fue como un hobby desde pequeños”, recordó Amado.
Las especies que nadie esperaba encontrar en Costa Rica
Tres décadas después de aquellas primeras excursiones, el catálogo que han construido los hermanos Vargas desafía cualquier expectativa.
Con el respaldo de expertos de la Universidad de Costa Rica y de paleontólogos de Alemania, Italia, Estados Unidos, Colombia y Panamá, han logrado identificar una lista que abarca desde mamíferos terrestres hasta fauna marina.
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Entre las especies confirmadas figuran el Megatherium (perezoso gigante), el Pampatherium (armadillo gigante), camélidos, caballos, mastodontes, capibaras, felinos, cocodrilos, delfines de agua dulce, rayas, tiburones, tortugas y crustáceos.
El hallazgo más singular hasta la fecha es el de una enorme boa constrictor del mioceno superior, identificada a partir de vértebras fosilizadas. Es un registro único para toda Centroamérica.
“Todo esto nos puede dar pistas de qué fue lo que sucedió, cómo las bestias de más grande tamaño se extinguieron. También nos da una pista de qué podemos hacer para resguardar lo que tenemos ahora porque cada día se pierde una especie en el mundo”, declaró Amado.
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El felino sin nombre que podría reescribir la historia
El último gran hallazgo de los hermanos aún está en proceso de confirmación científica. Cristian encontró un pedazo de mandíbula que los especialistas estudian como posible evidencia de un carnívoro, probablemente un felino, del que no existen registros previos en Costa Rica.
Si se confirma, será otro capítulo inédito en la paleontología del país.
Finca Mastodonte: cuando la ciencia se vuelve destino turístico
Los hermanos Vargas canalizaron su pasión en un emprendimiento turístico que bautizaron Finca Mastodonte. Allí reciben visitantes, les muestran las piezas, les explican su significado y los llevan a los sitios donde ellos mismos siguen buscando.
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El turismo no es un fin en sí mismo: es el motor financiero de un sueño más grande. Amado y Cristian quieren construir un museo en la propiedad para que la población local y los turistas puedan acercarse a la paleontología de la región.
Una pasión para toda la vida
“¿Quién no nace soñando con los dinosaurios? Nosotros teníamos la oportunidad de ir a buscar fósiles, tal vez no como los dinosaurios, pero sí antiguos, y fue una pasión mutua que va a ser para toda la vida, hasta el día que nos muramos”, dijo Cristian Vargas.
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