La Cámara Costarricense de la Salud lanzó un llamado de alerta ante el avance de las enfermedades crónicas no transmisibles en el país.
Proyecciones recientes advierten que, si no se refuerzan la prevención y la detección temprana, los casos de estas patologías podrían aumentar un 55% para 2050, mientras que el gasto en salud relacionado superaría el 100% de crecimiento.
Actualmente, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes, el cáncer y los padecimientos respiratorios crónicos representan la principal causa de muerte en Costa Rica, responsables del 80% de los fallecimientos y generando una creciente presión sobre los servicios de salud pública.
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Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2024 murieron diariamente cerca de 68 personas por enfermedades no transmisibles en el país, de las cuales el 66% estuvo vinculado a la obesidad. La Cámara advierte que, para 2050, también se prevé un incremento del 128% en la cantidad de personas que convivirán con dos o más enfermedades crónicas, así como un alza del 102% en el gasto en salud per cápita por estas patologías.
El 30% de las muertes prematuras antes de los 75 años en Costa Rica está asociado a enfermedades no transmisibles, con el cáncer a la cabeza (15%), seguido por enfermedades cardiovasculares (11%), diabetes (1%) y enfermedades respiratorias crónicas (1%).
Expertos señalan que estos padecimientos se relacionan directamente con factores de riesgo prevenibles, como la mala alimentación, el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y la contaminación del aire. Massimo Manzi, director ejecutivo de la Cámara, advirtió: “Estamos frente a una amenaza silenciosa que ya afecta a miles de familias costarricenses todos los días. La prevención debe convertirse en una prioridad nacional”.
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La organización manifestó su apoyo al proyecto de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) orientado a reforzar la atención primaria y los equipos multidisciplinarios, para acelerar el tamizaje temprano, mejorar la detección de factores de riesgo y aprovechar los datos desde el primer nivel de atención.
Según Manzi, la experiencia de actores privados y cooperativas en áreas de salud tercerizadas demuestra que acercar servicios preventivos a las comunidades y detectar pacientes antes de complicaciones graves permite reducir la presión futura sobre hospitales y servicios especializados.
La Cámara propuso incentivar a las empresas que implementen programas efectivos de bienestar y prevención dirigidos a sus colaboradores, como iniciativas de actividad física, alimentación saludable y control de factores de riesgo.
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También sugiere considerar la reducción de cargas obrero-patronales como reconocimiento a estos esfuerzos. En cuanto a financiamiento, la organización recomendó explorar alternativas innovadoras, siguiendo las sugerencias de la OCDE para no depender solo de ingresos ligados al empleo, y avanzar en la discusión sobre impuestos saludables bien diseñados, que ayuden a reducir daños a la salud e incrementen la recaudación tributaria.
Entre otras fuentes de recursos, la Cámara identificó el desarrollo de investigación biomédica y la mejora de procesos de reembolso con aseguradoras internacionales para pacientes extranjeros atendidos en hospitales públicos.
El gremio insistió en la necesidad de una articulación permanente entre el sector público, privado, la academia y la sociedad civil para enfrentar el desafío. “La sostenibilidad del sistema de salud también depende de la capacidad del país para prevenir enfermedades antes de que se conviertan en padecimientos complejos y costosos. La lucha contra las enfermedades crónicas debe asumirse como una prioridad nacional”, concluyó Manzi.
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