La prostitución, en jaque por el coronavirus en Argentina: “Hasta el sexo virtual se frenó”

Antes de la “cuarentena total”, quienes se reconocen como trabajadoras sexuales se vieron muy afectadas: “La mayoría de nuestros clientes mayores de 60 años están en cuarentena: no salen, tienen miedo”, contaron a Infobae. La semana pasada, crearon un decálogo de recomendaciones para disminuir el riesgo de contagio. Entre ellas, evitar besos, compartir vasos y usar, para el acto sexual, “la posición del perrito”. El aislamiento absoluto no depara un panorama mejor.

El decálogo sugería, entre otras cosas, no atender a nadie que esté con síntomas gripales o tos (gentileza AMMAR).
El decálogo sugería, entre otras cosas, no atender a nadie que esté con síntomas gripales o tos (gentileza AMMAR).

“Hay tantas realidades como puntos de vista”, dice el dicho popular. Por eso, mientras el presidente Alberto Fernández convocaba a una larga estadía de disfrute puertas adentro para cuidarnos, las afiliadas de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) ─las “putas feministas”, como suelen presentarse─ se organizaban para salir a hacerle frente a la pandemia.

“Nuestro sector atraviesa una situación de emergencia. Desde el sábado vivimos una merma total del trabajo. La mayoría de nuestros clientes mayores de 60 años están en cuarentena: no salen, tienen miedo. Una de las principales medidas de precaución es evitar el contacto físico, pero si trabajamos con el cuerpo es muy difícil poder acatar. Hay compañeras con graves problemas de salud que sí o sí tienen que salir a buscar el mango y se ven expuestas al contagio. Quedarnos en casa no es una opción para nosotras, y el coronavirus refleja nuestra actual situación de precariedad”, explica a Infobae Georgina Orellano, Secretaria General del sindicato que demanda derechos laborales para quienes se consideran trabajadoras sexuales.

Georgina Orellano ejerce la prostitución desde hace casi 20 años.  Es Secretaria General del sindicato que demanda derechos laborales para quienes se consideran trabajadoras sexuales.
Georgina Orellano ejerce la prostitución desde hace casi 20 años. Es Secretaria General del sindicato que demanda derechos laborales para quienes se consideran trabajadoras sexuales.

Acá y en el mundo se toman decisiones sin precedentes: suspensión de impuestos, nuevas líneas de financiamiento, programas de recuperación productiva, sistemas de precios, cuarentena total. Pero en paralelo existe una enorme economía informal que no puede darse el lujo de stockear la heladera y prenderse a Netflix hasta que pase el temblor. Miedo y angustia es lo único que sobra entre las mujeres que paran la olla con sus genitales.

Mónica Lencina reporta desde San Juan: “Es la primera vez que tengo que vivir una pandemia y es muy feo. Jamás se frenó el trabajo sexual como está pasando ahora. Nadie se atreve a contratar servicios. Todos andan con miedo a los contagios. El sindicato tomó medidas a seguir antes de hacer los servicios, pero igual el parate del trabajo fue muy brusco”.

Más vale prevenir que curar

El mismo domingo de los primeros anuncios presidenciales, cuando todavía se podía circular, AMMAR puso a circular una serie de recomendaciones para las trabajadoras sexuales en ejercicio:

Natalia Canteros cuenta cómo fue incorporando estas rutinas de cuidado al trato con sus clientes: “Al principio comencé a preguntar a los que me querían contratar si estaban con algún síntoma gripal, si habían vuelto recientemente de viaje de determinados lugares o si habían estado con personas recién llegadas de viaje, y les pedía que nos viéramos en otro momento. Además, comencé a exigir el lavado de manos y yo también incrementé la cantidad de veces al día que me lavo las manos. Lo mismo con el uso del alcohol en gel, incluso después de tocar el dinero”.

Sin embargo, ante la falta de clientela algunos límites se fueron corriendo: “Por la desesperación en la baja de los servicios solicitados, muchas compañeras han accedido a reducir sus tarifas o a desprotegerse en cuestiones relacionadas a su salud, por ejemplo al hacer un oral sin preservativo. Siempre tenemos que negociar esas cuestiones, pero en situaciones de ajuste como la que vivimos ahora con esta pandemia se torna mucho más dificultoso porque aparecen vivos jugando con las necesidades de las laburantes”. Lo más probable es que la cuarentena total anunciada hasta fin de marzo tense todavía más la cuerda.

"La mayoría de lxs trabajadorxs precarizados no pueden plantearse dejar de trabajar", advierten.
"La mayoría de lxs trabajadorxs precarizados no pueden plantearse dejar de trabajar", advierten.

El virus que atravesó la pantalla

En épocas de mucho codo y poco abrazo podría pensarse que el sexo virtual es la clave del éxito, lo que se viene, la posibilidad de garantizar orgasmos sin franeleos peligrosos. Pero no. Tampoco eso. La cuarentena obligatoria parece haber acabado hasta con las ganas de acabar.

Así lo describe Natalia: “Los primeros días aumentó el sexo virtual, pero después fuimos notando la preocupación de las personas y se fue reduciendo también este tipo de contratación. Como si el miedo pasara por otro lado, y acceder a un servicio sexual virtual fue quedando relegado. Muchos de nuestros clientes son trabajadores como nosotras. Muchos no tienen certezas de qué pasará en las próximas semanas, sumado al pánico social que generan los medios que desinforman, a los mensajes por las redes… se van modificando los ánimos”.

Plantean que, al vivir de lo que ganan día a día, su situación es "por demás insegura".
Plantean que, al vivir de lo que ganan día a día, su situación es "por demás insegura".

Frente a un panorama que pinta cada vez más turbio, además de los tips de cuidado, desde AMMAR lanzaron una colecta de fondos y de alimentos no perecederos para distribuir en las delegaciones de todo el país. También solicitarán reuniones con representantes del Ministerio de Desarrollo Social y del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad para acercar ideas que contemplen la situación particular de las que se reconocen trabajadoras sexuales, como el acceso a las tarjetas alimentarias y a salarios complementarios básicos.

Georgina Orellano propone aunar fuerzas, dejar de lado ─aunque sea por un rato─ la grieta entre las posiciones abolicionistas de la prostitución y las que pregonan la autonomía de los cuerpos: “Hoy la imposibilidad de trabajar y de no llevar dinero a nuestras casas precariza aún más nuestras vidas y la de nuestros hijos e hijas. Para muchas es imposible dejar la calle porque vivimos el día a día. Nuestra situación es por demás insegura”.

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