Organizar una relación extramatrimonial en Colombia hoy implica mucho más que buscar tiempo y espacio fuera de la rutina. Los costos asociados a este tipo de encuentros clandestinos han aumentado no solo por la inflación, sino por la constante vigilancia que generan los pagos digitales y el registro de consumos en aplicaciones y cuentas bancarias.
La plataforma Gleeden, especializada en vínculos extraconyugales y no monógamos, reveló que actualmente una única cita discreta puede tener un costo que parte de 200.000 pesos y, en ciertas circunstancias, supera ampliamente el millón. Este rango depende de la ciudad, el tipo de experiencia buscada y el nivel de privacidad deseado. Entre los gastos principales figuran el alojamiento, el transporte y el consumo en restaurantes o cafés.
La dinámica financiera de estas citas ha cambiado sustancialmente con la digitalización. En el pasado, la principal preocupación era encontrar un lugar reservado. Ahora, muchas personas dedican tiempo a calcular rutas, elegir horarios y, sobre todo, planificar cómo pagarán los servicios para evitar dejar rastros evidentes en cuentas compartidas.
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El alojamiento representa uno de los desembolsos más importantes. Según el análisis sectorial citado por Gleeden, los hoteles por horas oscilan entre 80.000 y 250.000 pesos, mientras que los hoteles boutique o de mayor categoría se ubican entre 250.000 y 600.000 pesos. El transporte en aplicaciones o servicios privados suele costar entre 20.000 y 80.000 pesos por trayecto, y el consumo en restaurantes, cafeterías o bares puede variar entre 50.000 y 500.000 pesos.
En conjunto, estos rubros pueden elevar el gasto de una sola salida a cifras considerables, sobre todo cuando la privacidad exige servicios más exclusivos o distancias mayores. La suma final no solo expresa el valor económico, sino la logística y el esfuerzo dedicados a mantener la confidencialidad.
Hoy, quienes buscan mantener un vínculo oculto deben preocuparse tanto por la agenda como por la administración de los pagos. El auge de los métodos digitales de pago ha planteado nuevos retos: la mayoría de los movimientos quedan registrados y pueden ser consultados por terceros. Por eso, algunas personas prefieren el efectivo, billeteras digitales alternativas o cuentas bancarias independientes.
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En palabras de Silvia Rubies, directora de Comunicaciones de Gleeden para Latinoamérica: “La discreción financiera ya no es un detalle, es parte estructural de estas dinámicas contemporáneas”. Según Rubies, el escenario actual muestra a usuarios mucho más organizados, que planifican cada aspecto de la logística y el pago con una eficiencia orientada a preservar la privacidad.
La forma en que se desarrollan estas citas también ha cambiado. Las tradicionales reuniones nocturnas han perdido terreno frente a almuerzos ejecutivos, cafés a media tarde o encuentros breves dentro de la jornada laboral. Esta tendencia responde a la necesidad de integrar la cita a una rutina diurna y minimizar riesgos asociados a horarios y desplazamientos.
El fenómeno de la infidelidad, que antes se abordaba desde la perspectiva emocional, ahora se analiza también desde el impacto económico. El contexto de inflación en Colombia ha elevado el costo de vida y, en consecuencia, el precio de mantener cualquier vínculo fuera del matrimonio.
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De acuerdo con Gleeden, la combinación de inflación, digitalización de pagos y mayor trazabilidad financiera obliga a planificar cada movimiento. No solo se busca privacidad en el espacio físico, sino también en los rastros que deja cada gasto.
La plataforma detectó un cambio en los hábitos de consumo de sus usuarios, especialmente las mujeres. Se observa un incremento en la inversión personal orientada al bienestar, la estética y el autocuidado. Rubies sostuvo que “el autocuidado y la inversión en la propia imagen se han convertido en una forma de recuperar agencia personal dentro de contextos donde todo está medido, registrado o compartido”.
La cifra de más de 600.000 usuarios de la plataforma en Colombia confirmó la magnitud del fenómeno. Para muchos, la administración del tiempo y del presupuesto se volvió inseparable de la gestión de la intimidad.
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