El comportamiento de los precios en Colombia empieza a mostrar señales que van más allá de lo coyuntural. Detrás de las variaciones mensuales, hay factores estructurales que están presionando la inflación y que podrían mantenerse durante todo el año. Uno de esos elementos es el incremento del salario mínimo. Aunque en principio se pensó como un impulso al ingreso de los hogares, sus efectos ya comienzan a sentirse en distintos sectores de la economía, especialmente en aquellos más sensibles a los costos laborales.
En ese contexto, un análisis de Corficolombiana advirtió que el impacto no será pasajero. Por el contrario, podría extenderse a lo largo de 2026 y llevar la inflación a niveles superiores a los previstos inicialmente. De acuerdo con estimaciones, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) ya muestra una tendencia al alza. Con corte a febrero, la inflación anual se ubicó en 5,29%, y para marzo se proyecta que alcance el 5,5%, impulsada principalmente por servicios y alimentos.
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Este comportamiento tiene varios frentes. En el caso de los alimentos, se anticipa una variación mensual de 1,19%, superior a la registrada un año atrás. La presión proviene, en gran medida, de los productos perecederos, afectados por la temporada de lluvias, así como de los alimentos procesados, donde los ajustes en el precio de la carne tuvo un peso importante.
Sin embargo, no es el único componente que está jalonando los precios. Los servicios también comienzan a ganar protagonismo. Se estima que este rubro registre una variación mensual de 0,76%, por encima del 0,57% observado el año pasado. Detrás de ese aumento están factores como las comidas fuera del hogar, los servicios educativos y, especialmente, aquellos indexados al salario mínimo. Es allí donde el incremento del 23% empieza a reflejarse con mayor claridad.
Las llamadas inflaciones básicas, aquellas que excluyen alimentos y regulados, también evidencian esta presión. Según las proyecciones, la inflación sin alimentos pasaría de 5,17% a 5,32%, mientras que la que excluye tanto alimentos como regulados subiría de 5,52% a 5,70%. En paralelo, otros componentes muestran dinámicas más moderadas. Por ejemplo, los arriendos tendrían una variación mensual de 0,49%, ligeramente inferior a la del año anterior. Aun así, en términos anuales, seguirían aumentando hasta ubicarse en 6,64%.
En el caso de los bienes, el incremento sería más leve. Se proyecta una variación mensual de 0,30%, con una inflación anual cercana al 3,08%. Aquí influyen productos como medicamentos, artículos de limpieza y bebidas, cuyos precios vienen en ascenso. No obstante, hay factores que ayudan a contener parcialmente la presión inflacionaria. La apreciación del peso colombiano, por ejemplo, contribuyó a reducir los precios de algunos bienes importados como vehículos, electrodomésticos y celulares.
Aun así, ese alivio no es suficiente para contrarrestar el efecto del mayor dinamismo de la demanda interna, impulsado por el aumento del salario mínimo. En otras palabras, el mayor ingreso disponible está traduciéndose en un incremento en el consumo, lo que presiona los precios al alza. El análisis plantea que, aunque la indexación de precios al salario mínimo es algo menor a lo esperado, su impacto es evidente. El componente de servicios, que antes ayudaba a moderar la inflación, ahora está contribuyendo a incrementarla.
Este panorama abre la puerta a escenarios más exigentes para lo que resta del año. Las proyecciones indican que el aumento del salario mínimo ya habría generado un efecto adicional de 45 puntos básicos en la inflación durante los primeros meses de 2026. La diferencia se hace más clara al comparar escenarios. Antes del ajuste, se estimaba que con un incremento del 12% en el salario mínimo, la inflación podría cerrar el año cerca del 4,9%. Sin embargo, con el aumento del 23%, las previsiones cambiaron de forma significativa.
Ahora, el escenario más probable apunta a una inflación del 5,5% en marzo y a un cierre de año cercano al 6,5%. Esta cifra no solo supera las expectativas iniciales, sino que también está por encima del 5,8% proyectado por el Gobierno. En ese contexto, el país enfrenta un equilibrio delicado. Por un lado, el aumento del salario mínimo busca mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores; por otro, introduce presiones que complican el control de la inflación.