La llegada del Miércoles de Ceniza marca para los católicos el inicio de la Cuaresma, un periodo de cuarenta días de preparación para la Pascua.
En esta jornada, la Iglesia católica establece reglas puntuales sobre lo que está permitido y lo que se debe evitar, enfocándose especialmente en las prácticas de ayuno y abstinencia como caminos de renovación interior.
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Los fieles que se preguntan qué no se puede hacer en Miércoles de Ceniza encuentran orientaciones claras. El consumo de carne queda expresamente prohibido para todos los mayores de 14 años, incluyendo carne de res, cerdo y pollo. Esta restricción, que abarca igualmente los viernes de Cuaresma, busca impulsar el sacrificio voluntario y la solidaridad espiritual.
La norma sobre el ayuno es igualmente precisa: deben observarla quienes tienen entre 18 y 59 años. En estos casos, solo se permite una comida completa al día, junto a dos ingestas menores que, sumadas, no equivalgan a otra comida principal. Esta disciplina no solo alude a la moderación alimentaria, sino que invita a la reflexión y el desapego de lo mundano.
El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son los dos únicos días en que el ayuno y la abstinencia son obligatorios para los católicos, mientras que los viernes restantes de la Cuaresma solo exigen abstenerse de carne. Las guías pastorales y el Código de Derecho Canónico ofrecen detalles adicionales y contemplan exenciones por motivos de salud.
La participación en fiestas, espectáculos ruidosos o eventos sociales excesivos contraviene el espíritu de la jornada. Según las autoridades eclesiales, el rito de la ceniza no puede convertirse en un acto social o superficial, sino que debe ser vivido como un recordatorio de la fragilidad humana y la necesidad de conversión.
No obstante, la jornada no impone restricciones sobre actividades cotidianas como trabajar, viajar o bañarse. Como aclaran las orientaciones pastorales, la ceniza impuesta en la frente no es un amuleto ni tiene obligatoriedad de duración: No es pecado quitarse la ceniza al bañarse.
El ayuno auténtico tiene como objetivo acercar a los fieles a Dios, abrir el corazón a la oración y fomentar la caridad hacia quienes más lo necesitan. Las autoridades eclesiásticas subrayan que el valor de esta práctica reside en la actitud interior, más que en la mera restricción alimentaria. Así, se recuerda a los creyentes que el verdadero sacrificio se traduce en gestos concretos de solidaridad y compasión.
El cumplimiento de las normas de ayuno y abstinencia no impide realizar actividades habituales. Trabajar, estudiar o viajar en Miércoles de Ceniza está permitido, ya que no se trata de un día de precepto (festividades católicas) que requiera la asistencia obligatoria a misa, aunque sí se recomienda la participación en la liturgia.
Respecto a la abstinencia, la prohibición de carne incluye toda variedad animal terrestre, abarcando vacuno, porcino y aves como el pollo. Los pescados y mariscos, en cambio, están permitidos.
Aquellos que, por razones médicas, no puedan cumplir con el ayuno o la abstinencia, pueden acogerse a las exenciones previstas en la normativa eclesial. No obstante quienes consuman carne cometen una trasgresión espiritual, esto simboliza una falta de sacrificio e irrespeto por la pasión de Cristo.
Es así como el espíritu de la Cuaresma invita a los fieles a evitar distracciones superfluas y a vivir este tiempo con conciencia.
Este día, entonces, no se trata solo de cumplir reglas externas, sino de integrar el sentido penitencial y la oración en la vida diaria. La Iglesia propone la Cuaresma como una oportunidad para transformar esos pequeños sacrificios en pasos concretos hacia una vida más plena y solidaria, en preparación para la mayor celebración del calendario cristiano: la Pascua.