La ofensiva de las Fuerzas Militares de Colombia en el Catatumbo dejó al descubierto un búnker subterráneo del Ejército de Liberación Nacional (ELN), utilizado como refugio y centro de operaciones en una región clave para el conflicto armado.
La operación se desarrolló en la zona rural de Tibú y El Tarra, en el departamento de Norte de Santander. El hallazgo se produjo tras un bombardeo dirigido a estructuras del grupo insurgente, que permitió la entrada de las tropas al área y la localización de la estructura camuflada entre la vegetación.
Ahora puede seguirnos en Facebook y en nuestro WhatsApp Channel
Según información entregada por las Fuerzas Militares, el búnker estaba reforzado con madera, sacos de arena y tierra compactada, diseñado para resistir ataques aéreos y terrestres. Las imágenes muestran la magnitud de la infraestructura, incluyendo trincheras conectadas a zonas de campamento y refugios bajo tierra, además de zonas cubiertas con lonas y telas camufladas.
Estos elementos evidencian la permanencia prolongada de la guerrilla y un nivel de fortificación poco común en la región.
Operativo militar y balance de la ofensiva
La acción conjunta entre Ejército, Fuerza Aeroespacial Colombiana y Policía Nacional permitió neutralizar a ocho integrantes del Frente de Guerra Nororiental del ELN, de los cuales siete murieron durante las operaciones y uno resultó capturado.
Las autoridades incautaron 15 fusiles, cinco armas cortas, más de 2.000 cartuchos, 205 kilos de explosivos y 202 granadas adaptadas para drones. Según los reportes de inteligencia militar, la estructura desmantelada estaría vinculada a secuestros, extorsiones, homicidios, desplazamientos forzados y reclutamiento de menores en la región.
Una fuente militar que participó en la operación describió a Semana que el “búnker tenía entre seis y ocho metros de profundidad y se podía salir 20 metros adentro”, un dato que da cuenta del nivel de sofisticación alcanzado por el grupo insurgente en sus posiciones defensivas.
El sector protegido por el ELN, conocido como Filo Paraco, en la vereda Angalina de Tibú, funcionaba no solo como refugio temporal, también como centro de planeación de acciones delictivas de alto impacto en el Catatumbo.
Estructura y equipamiento del búnker
Las imágenes difundidas muestran varias estructuras construidas con troncos, costales y tierra, diseñadas para camuflarse entre la densa vegetación de la zona. El búnker y las trincheras estaban conectados a campamentos donde se encontraron elementos logísticos, morrales y material de guerra. Algunos espacios estaban cubiertos con lonas y telas, lo que sugiere la intención de permanecer ocultos durante largos periodos.
Los uniformados también hallaron armamento de alta precisión, incluyendo fusiles de francotirador empleados para atacar a miembros de la Fuerza Pública y disparar contra aeronaves que patrullan la zona. Según inteligencia militar, los guerrilleros estaban fuertemente equipados y preparados para resistir ofensivas terrestres y aéreas, y el refugio subterráneo les permitía evadir tanto los bombardeos como la vigilancia de drones, utilizados también por grupos rivales.
Seguimiento e infiltración
El operativo fue el resultado de 20 días de seguimiento y labores de inteligencia, que permitieron monitorear los movimientos de los guerrilleros incluso durante el día. Las unidades de inteligencia de la Policía y las Fuerzas Militares trabajaron de manera conjunta para infiltrar el entorno del campamento y registrar actividades en tiempo real.
Desde este punto se planeaban secuestros, homicidios, extorsiones y ataques contra el Frente 33 de las disidencias de las Farc, con los que el ELN mantiene una disputa por el control territorial.
Las autoridades lograron identificar que el sector de Filo Paraco era utilizado como base estratégica para coordinar acciones violentas y proteger rutas vinculadas al narcotráfico, una actividad que convirtió al Catatumbo en un enclave crítico para la economía ilícita y el conflicto armado en Colombia.