En Medellín, la revolución digital tras la pandemia ha traído consigo el auge de los criptoactivos como el bitcoin, pero también ha expuesto una cara oscura vinculada al lavado de dinero y al crimen organizado. Aunque el comercio de divisas digitales se ha mostrado como una innovadora vía de inversión, las transacciones en efectivo que involucran millones de pesos han levantado sospechas sobre posibles actividades ilícitas subyacentes.
Y es que según reveló una investigación de El Colombiano, una administradora de empresas, cuya identidad se mantiene en reserva por seguridad, relató su experiencia al frente de un pequeño emprendimiento dedicado a la compra y venta de bitcoin en Medellín.
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La operación consistía en adquirir bitcoin para luego revenderlo en plataformas como Binance, comparándola con una especie de bolsa de valores digital. Sin embargo, lo que inicialmente parecía una oportunidad de negocio pronto mostró indicios de estar vinculado al narcotráfico, suscitando dudas sobre la legalidad de las transacciones realizadas.
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La administradora destacó la complicada dinámica de las transacciones: “Al principio yo me preguntaba: ‘¿A quién le estoy dando mi plata, o en qué está soportado esto?’”, señaló al medio, dejando entrever su miedo por la naturaleza intangible y altamente especulativa de las criptomonedas. Sin embargo, pese a sus reservas, continuó gestionando los intercambios, que a menudo involucraban el transporte de grandes sumas de dinero en efectivo por toda la capital de Antioquia.
Pero pudo notar que algo andaba mal cuando a uno de sus domiciliarios lo retuvieron mientras no se solucionara un problema de plata con las personas que debía negociar, con lo que pudo corroborar que el negocio terminó siendo más turbio de lo que se veía.
“Lavar dinero con criptomonedas es muy fácil porque es imposible hacerles un rastreo. Si mucho, un buen ingeniero puede saber cómo ha pasado esa plata en los tres últimos movimientos hacia atrás, pero nada más”, comentó la mujer.
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Además, confesó que los negocios no son tan transparentes como parecían, pues debían hacer maromas para conseguir cuentas bancarias prestadas y así ingresar el dinero de sus clientes al mundo digital, siempre cuidándose de no superar los topes para alertar a las autoridades por las exorbitantes sumas de dinero que manejaban, que iban entre 50 y 100 millones de pesos por transacción.
“Ahí ya hay un gran problema, porque uno se tiene que poner a buscar gente que le preste la cuenta para consignar ahí, y ellos cobran comisiones y luego hay que contratar a un contador para que les cuadre la declaración de renta. Era muy estresante manejar tantas cuentas y tanto dinero en efectivo, porque uno tenía que tener el ojo listo para todo”, confesó la mujer al medio citado.
Y es que hacerlo resulta tan fácil debido a los vacíos legales que existen en el país respecto a la compra y venta de monedas virtuales, por lo que la Fiscalía de Medellín recientemente anunció la creación de un grupo especializado en combatir el hurto de criptomonedas, al revelar la vulnerabilidad de los inversores ante este tipo de crimen.
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Por ejemplo, dos mujeres fueron arrestadas por sustraer 43 millones de pesos en monedas digitales a unos turistas de República Dominicana, aunque fueron acusadas por un delito típico como hurto, ya que vaciaron las cuentas de sus clientes.
De hecho, un caso particularmente notorio involucra a Jaime Andrés Buitrago Ruiz, el único capturado en Colombia por el robo de bitcoins en el contexto de un negocio. Según investigaciones, Buitrago Ruiz desvió 1 millón 200 mil dólares hacia sus cuentas personales, aprovechando su posición en una empresa extranjera dedicada al intercambio de criptomonedas.
Y es que el anuncio se da después de afirmaciones como las de la administradora, quien aseguró que la alegalidad de ese negocio se presta para muchas irregularidades, como el caso de trabajadores que fingen ser robados o que directamente roban a la empresa, complicando aún más la gestión del dinero en efectivo y las inversiones en criptomonedas.
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“Un día uno de ellos apareció con que lo habían robado, y dos semanas después estaba montado en una KTM. Claro, se había autorrobado. El hombre luego se desapareció, y por eso se vuelve un mundo de muchas desconfianzas, porque la cantidad de plata es alarmante y los que trabajamos en esas empresas simplemente llevamos y traemos plata, o administramos cajas fuertes, y a más de uno se le daña el corazón cuando ve tanto billete junto”, comentó la mujer a El Colombiano.
En definitiva, el comercio de criptomonedas en Medellín se ha convertido en un espejo de la compleja interacción entre la tecnología de vanguardia y las prácticas ilegales, especialmente el lavado de dinero y el robo.
Ahora Colombia se enfrenta al desafío de adoptar regulaciones adecuadas que permitan el aprovechamiento de las criptomonedas para el desarrollo económico, al tiempo que se protege a los inversores y se combate la criminalidad asociada con estos activos digitales.
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