Instalaciones de la estación de esquí Masik Pass en Corea del Norte (Wikimedia)
Instalaciones de la estación de esquí Masik Pass en Corea del Norte (Wikimedia)

Corea del Norte pasó gran parte del año pasado buscando nuevos misiles de largo alcance y bombas nucleares, a menudo acompañando sus pruebas con amenazas bélicas que levantaron temores de una guerra inminente. Pero en las próximas semanas, Pyongyang exhibirá con orgullo un programa muy diferente: sus lujosas estaciones de esquí.

Las sesiones de entrenamiento planificadas en la estación de esquí Masik Pass son solo una parte de una distensión más amplia en la península antes de la ceremonia de inauguración olímpica, prevista para el 9 de febrero en Pyeongchang, en Corea del Sur. Después de un año de creciente tensión, Corea del Norte acordó enviar una delegación a los Juegos a principios de enero, una medida recibida con satisfacción en Seúl, donde se temía que una provocación pudiera descarrilar el evento internacional.

Para Corea del Norte, sin embargo, estas sesiones de entrenamiento no forman parte, únicamente, de una reconciliación: también ofrece una oportunidad para que este país, aislado del resto del mundo, presuma de lo que tiene. Cuando Lester Holt, presentador de NBC Nightly News, visitó Masik Pass hace unos días, lo describió como "un complejo moderno" lleno de "familias disfrutando", algo que la mayoría de la gente probablemente no esperaría ver en Corea del Norte.

Otros extranjeros que han visitado el complejo recientemente han expresado sentimientos similares. "Cuando piensas en una estación de esquí en Corea del Norte, no te imaginas demasiado", dice Jamie Barrow, un profesional del snowboard que previamente se entrenó con el equipo británico y visitó el complejo en febrero del año pasado. "Me sorprendió", añadió.

Esa reacción es comprensible. Para construir el complejo, Corea del Norte tuvo que sortear el bloqueo internacional. Cuando Corea del Norte abrió estas instalaciones en 2013 fue duramente sancionado por las Naciones Unidas, lo que dificultó a Pyongyang hacer cosas relativamente simples como importar un telesquí desde Suiza.

Pero bajo Kim Jong Un, Corea del Norte ha seguido una estrategia de "byungjin" (una doble búsqueda del desarrollo de las armas nucleares del país al mismo tiempo que avanza la economía nacional del país). El impulso de este tipo de cosas dirigidas a audiencia internacional puede ser una señal de que Corea del Norte se está preparando para un futuro, a pesar de su aislamiento, o quizás para poner fin al aislamiento en su conjunto.

"Con proyectos como este, Kim Jon Un quiere dejar claro que no solo le importa que el país sobreviva y luche contra los estadounidenses, sino también que las personas se diviertan", dice Benjamin Katzeff Silberstein, investigador asociado del Foreign Policy Research Institute y co-editor del blog North Korean Economy Watch.

A través de un correo electrónico, el embajador de Corea del Norte ante las Naciones Unidas, Pak II Song, destacó que Masik Pass fue diseñado para "nuestros hijos" y que Pyongyang pretendía proporcionar "excelentes instalaciones y condiciones" para que los norcoreanos disfruten del esquí y otros deportes de invierno.

A pesar de las amplias pendientes del país, Corea del Norte no es conocida por su amor por los deportes de invierno. El país tiene una historia impresionante en los Juegos Olímpicos de verano, pero su participación durante la cita de invierno es menos ilustre: en total solo ha ganado dos medallas. Para muchos norcoreanos, el esquí no se consideraba un deporte competitivo sino una forma de desplazarse durante el invierno o un requisito de entrenamiento militar.

Antes de que se abriera este lugar, el país solo tenía una estación de esquí. Una instalación básica se encontraba en Samjiyon, cerca del Monte Paektu, en la frontera con China. Más tarde, a principios de la década del 2000, se convirtió en un simple pueblo de esquí. El complejo estaba programado para ser sede de los Juegos Asiáticos de Invierno de 1995, pero Corea del Norte se retiró. Simon Cockerell, un ejecutivo de Koryo Tours, con sede en Beijing, que lidera los viajes turísticos a Corea del Norte, dijo que la remota ubicación del complejo lo convertía en un destino de vacaciones inviable la mayor parte del año.

Las cosas comenzaron a cambiar en 2011, cuando Kim Jon II murió a los 70 años y fue reemplazado por su hijo Kim Jong Un. El joven Kim había pasado parte de su infancia internado en Suiza. Poco después de tomar el control, dirigió un plan para revitalizar las instalaciones deportivas del país.

Masik Pass puede ser el elemento más ambicioso de ese proyecto. Cuando se dio a conocer en 2013, los medios estatales de Corea del Norte alardearon de sus instalaciones de "clase mundial", que según explicaban incluían 10 pistas independientes. El complejo, que se cree que costó decenas de millones de dólares para su construcción, cuenta con un gran hotel, decorado con un estilo alpino con clase, con atracciones como una bolera y una discoteca.

Y a pesar de que Corea del Norte es un país sancionado, cuando abrió el Pase Masik, Kim fue fotografiado sentado en un telesquí importado. Más tarde se descubrió que la máquina había sido traída de Austria.

El rápido cambio y las excelentes características dejó claro lo importante que era el proyecto para Kim. "Masikryong es el proyecto de Kim Jon Un, por lo que el gobierno haría lo que fuera necesario para obtener las cosas correctas", dijo Katzeff Silberstein. Y la construcción, aparentemente, fue tan bien que Corea del Norte abrió otra estación de esquí en Kanggye.

Sin embargo, aún no está claro si hay mucha demanda como para abrir una nueva estación de esquí en la región. Barrow explicó que cuando visitó Masik Pass el año pasado, no vio a mucha gente esquiando en las laderas más altas. Solamente tres de las pistas habían sido preparadas para su uso. Barrow dijo que cuando él y sus compañeros trataron de utilizar un telesilla a las 9 de la mañana para llegar a la cima de la montaña descubrieron que no estaba en funcionamiento porque nadie lo estaba usando.

La falta de visitantes frecuentes puede explicarse, al menos parcialmente, por el precio: tiene un costo aproximado de USD 30. Si bien ahora hay muchos ricos de Pyongyang que pueden permitirse eso, está fuera del rango para la mayoría en un país donde el salario mensual promedio es casi el mismo. Se cree que la mayoría de los visitantes de Corea del Norte visitan el complejo en viajes de trabajo gratuitos como recompensa por la alta productividad en sus respectivas industrias. Para muchos, esta es su primera vez esquiando.

Los observadores externos dudan de que el complejo pueda obtener ganancias para el gobierno de Corea del Norte. "Es un gran sumidero de dinero", dijo Cockerell, que visitó Masik Pass con Dennis Rodman en 2014. "Si desean alentar su colapso económico, deberían estar construyendo más cosas de este tipo", agregó.

En cambio, el valor de las estaciones de esquí para Corea del Norte puede ser más simbólico. Los planes para construir Masik Pass, por ejemplo, se anunciaron más o menos al mismo tiempo que Pyeongchang fue elegido para albergar los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018 en Corea del Sur. Cabe destacar que tanto el centro turístico de Corea del Norte como las sedes olímpicas de Corea del Sur están en Gangwon, una provincia en la península que se dividió después de la Guerra de Corea. Una vez hubo conversaciones sobre eventos olímpicos en el complejo; aunque eso no ha sucedido, las visitas de los atletas surcoreanos que se entrenan en el complejo puede ser un premio de consolación.

El complejo también puede dar una idea esperanzadora de cómo Corea del Norte ve su futuro. A pesar del terrible historial que tiene en país en términos de violación de derechos humanos del país, el aislamiento internacional y el riesgo de conflicto, un pequeño segmento de la sociedad norcoreana se ha sentido más cómoda en los últimos años. "La cantidad de personas que tienen tiempo libre va en aumento", dijo Cockerell, agregando que todos los norcoreanos que había conocido y que habían visitado Masik Pass quedaron maravillados con la experiencia.

Una esperanza menos clara podría ser que una vez que Corea del Norte haya avanzado lo suficiente en su programa de armas y su aislamiento internacional se alivie, los turistas extranjeros podrían visitar estas instalaciones. Curtis Melvin, otro co-editor del blog Korea Watch que también trabaja en el Instituto US-Korea de la Universidad Johns Hopkins, dijo que, a pesar de las tensiones sobre el programa de armas de Kim, los funcionarios de Pyongyang no han dejado de trabajar en su plan económico especial para zonas de inversión extranjera, incluida una zona turística que tendría en cuenta el Masik Pass.

"Nos parece una locura, pero para eso se emplean", apostilla Melvin.