
Agostina Páez podría enfrentarse a años de prisión tras ser acusada de racismo. El caso ha desatado un intenso debate en Argentina y Brasil.
El gesto racista, realizado por una turista argentina blanca hacia los camareros de un bar en Río de Janeiro, fue grabado en video y rápidamente se difundió por internet.
Las imágenes, grabadas en enero por un empleado del bar, mostraban a Agostina Páez imitando a un mono y profiriendo un insulto racista mientras se alejaba.
En Brasil, la reacción no se hizo esperar. Páez, abogada, fue detenida y acusada de proferir un insulto racista, delito tipificado en la legislación brasileña. Ahora, Páez, de 29 años, se enfrenta a una posible pena de prisión de dos a cinco años y a cuantiosas multas, en un caso que ha suscitado un intenso debate en Brasil y Argentina.
Un tribunal de Río de Janeiro comenzó a escuchar las pruebas el mes pasado, y emitirá un veredicto en las próximas semanas. Páez se ha disculpado por el gesto, pero ha dicho que fue provocada.
El caso ha acaparado titulares y ha avivado las divisiones entre dos países sudamericanos vecinos, cuyos gobiernos tienen posturas marcadamente distintas en materia de raza.
En Brasil, que abolió la esclavitud en 1888, el caso ejemplifica las sólidas leyes antirracistas del país, que forman parte de una larga y continua lucha por la justicia racial. En Argentina, algunos, incluidos legisladores conservadores, han salido en defensa de Páez y la han considerado víctima de unas "leyes woke" que han ido demasiado lejos.
Una provocación, luego un gesto racista
Hacia el amanecer del 14 de enero, Páez y sus amigas salían de un bar en un barrio costero de Río. Dado que los detalles del caso no están a disposición del público, no está claro cómo comenzó el enfrentamiento, pero la fiscalía dijo que empezó con un desacuerdo sobre la cuenta del bar.
Páez ha dicho, en internet y en entrevistas, que el bar les cobró de más a ella y a dos amigas argentinas. Luego, según dijo Páez, cuando las mujeres se marchaban, los empleados les hicieron gestos obscenos.
Las imágenes de la cámara de seguridad del bar, revisadas por The New York Times, parecen mostrar a un empleado burlándose de las turistas cuando salían del bar. La fiscalía se negó a comentar las imágenes de video, y citó como argumento la orden del tribunal de mantener en secreto los detalles del caso.
Páez no respondió a una solicitud de entrevista. Declaró a los medios de comunicación argentinos que no había tenido intención de ser racista. "Fue una reacción emocional", dijo. "Nunca imaginé la gravedad de todo esto".
Sebastián Robles, uno de sus abogados, subrayó que la acción de su cliente había sido una reacción a las burlas, pero reconoció que había violado la ley brasileña.
Fabíola Tardin, fiscala del caso, dijo que el desacuerdo sobre la cuenta no justificaba el comportamiento de Páez ni la protegía de las consecuencias.
"No se puede simplemente eximir de la ley brasileña porque ella afirme que no sabía que el racismo era un delito", dijo Tardin en una entrevista.
Víctima en Argentina, símbolo de justicia racial en Brasil
En su país de origen, algunos han descrito a Páez como víctima de un sistema judicial excesivamente celoso.
Han señalado las afirmaciones de Páez, quien dijo en redes sociales y en entrevistas, que había recibido amenazas de muerte, que se habían violado sus derechos legales y que sufría una persecución extrema en Brasil. "Estoy desesperada, estoy muerta de miedo", dijo en un video.
Voces destacadas de la derecha argentina han acusado a Brasil de intentar convertir a Páez en un ejemplo exagerando lo sucedido.
Para Lilia Lemoine, legisladora argentina y aliada cercana del presidente Javier Milei, Páez es una víctima del Estado brasileño. La legisladora acusó al gobierno político de izquierda de Brasil de buscar una venganza.
Milei, un autoproclamado libertario radical que saltó a la fama entre la derecha mundial con sus ataques a las posturas progresistas, ha desmantelado el organismo que combate la discriminación en Argentina.
En Brasil, un país mayoritariamente negro que sigue lidiando con el legado de siglos de esclavitud, el caso se ha visto desde una perspectiva totalmente distinta.
El racismo está tipificado como delito en la Constitución brasileña desde 1988, pero los procesamientos son escasos.
Después de la presión ejercida por activistas y legisladores en favor de una mayor rendición de cuentas, Brasil ha implementado algunas de las leyes antirracismo más estrictas del mundo.
Ahora, el juicio de Páez se ha celebrado como prueba de que estas leyes se están aplicando.
"Es un motivo de orgullo nacional", dijo Tardin. "Los argentinos deberían verlo como una inspiración, y no como un motivo de odio o resentimiento".
Brasil dice que busca justicia, no venganza
Páez ha estado bajo vigilancia de las autoridades de Río desde enero con un monitor en el tobillo porque se consideraba que existía riesgo de fuga.
Entonces, un tribunal dictaminó hace poco que Páez podía regresar a Argentina mientras esperaba el resultado de su juicio, si pagaba una fianza de 20.000 dólares estadounidenses, según su abogado. Páez ha pagado la fianza y viajará de regreso a Argentina el miércoles, dijo su abogado.
En las próximas semanas, un juez de Río de Janeiro decidirá la suerte legal de Páez. Dado que no tiene antecedentes penales y parecía arrepentida, Tardin dijo que la fiscalía no pediría la pena máxima si fuera declarada culpable.
Podría ser condenada a una pena más corta en una prisión argentina o a trabajos comunitarios. La fiscalía pide también decenas de miles de dólares por daños y perjuicios a los empleados del bar.
Para Tardin, el caso envía un mensaje claro de que su país no tolerará el racismo.
"Brasil está siendo pintado como este país autoritario", dijo Tardin, "cuando solo buscamos justicia por el daño causado".
Ana Ionova es colaboradora del Times con sede en Río de Janeiro y cubre Brasil y los países vecinos.
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