Los sobrevivientes describen el choque de trenes de alta velocidad en España

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Las fotografías muestran una maraña de metal, cables y cristales rotos en el lugar del accidente.

Cuerpos arrojados a cientos de metros de los escombros. Pasajeros saliendo por las ventanillas de los vagones volcados. Residentes cargando a sobrevivientes empapados en sangre en vagones que servían de ambulancias improvisadas.

Los sobrevivientes y los equipos de emergencia estaban conmocionados el lunes, el día que siguió al accidente de tren de alta velocidad que causó al menos 39 muertos y decenas de heridos en el sur de España, y describieron escenas de caos, pero también una desasosegante quietud en vagones en los que nadie se movía.

"La gente estaba intentando salir del tren, había muchos heridos", dijo Rafael Ángel Moreno, alcalde de Adamuz, donde tuvo lugar el accidente.

En una entrevista relató cómo él y un agente de la policía local fueron de las primeras personas en llegar al lugar del accidente el domingo por la noche. "Encontramos una imagen terrible", dijo, con la voz temblorosa. "Seguimos trabajando en la extracción de los últimos cuerpos".

Juanma Moreno, presidente regional, dijo que se estaban realizando análisis de ADN para identificar algunos de los cadáveres.

Dijo que el impacto fue tan fuerte que se encontraron cadáveres a cientos de metros del lugar del choque.

"Algunas de las personas fallecidas son difícilmente reconocibles", añadió. "El impacto ha sido muy fuerte, muy fuerte".

El ruido del choque sobresaltó a las personas que alcanzaron a escucharlo.

Andrés Pastor Valverde, de 53 años, obrero metalúrgico que vive cerca, estaba viendo el partido de fútbol de su hijo cuando oyó el choque, seguido de un torrente de sirenas y alarmas. Cuando vio en las noticias lo que había ocurrido, Valverde corrió al lugar con su hijo; llevaron mantas y un generador para ayudar a los trabajadores de emergencias a ver en la oscuridad.

Gonzalo Sánchez Aguilar, de 46 años, por casualidad conducía cerca del lugar del accidente y fue a ayudar. Mientras cargaba a los sobrevivientes heridos en su coche para llevarlos a un hospital, dijo en una entrevista. Contó que vio muchos cadáveres y heridos muy graves.

A medida que avanzaba el día, y los líderes españoles despejaban sus agendas para dirigirse al lugar de los hechos, empezaron a surgir los nombres de los fallecidos. España quedó atrapada por los testimonios de los sobrevivientes en la televisión, la radio y las redes sociales. Un video compartido por la guardia civil española mostraba a los trabajadores de emergencias intentando romper el cristal de uno de los vagones del tren.

Fue como "un terremoto", dijo Salvador Jiménez, periodista de la radiotelevisión pública española RTVE, quien viajaba en el primer vagón del tren que descarriló mientras recorría la línea de Málaga, en la costa sur de España, a Madrid, la capital.

Dijo que le pareció que el tren había chocado contra un animal u otro obstáculo en la vía y que se apagaron las luces. Una voz en el sistema de megafonía pidió al personal médico que acudiera al vagón n.º 5. Los pasajeros, dijo, rompieron las ventanas con martillos de emergencia para salir.

Fuera, relató, vio que los últimos vagones estaban completamente volcados y que la gente sacaba a los pasajeros por las ventanillas que ahora daban al cielo.

"Había mucha gente gritando el nombre de pasajeros", dijo. Los trabajadores de emergencias, señaló, pedían a los pasajeros sus cinturones, quizá para sacar a otros.

Contó que caminaron arduamente por la oscuridad hasta llegar a un lugar seguro, donde les dieron mantas, sándwiches y leche. Iryo, la empresa privada que operaba el tren con destino a Madrid, organizó más tarde autobuses para llevar a los sobrevivientes a Madrid, dijo.

Amelia Nierenberg colaboró con reportería.

Jason Horowitz es el jefe del buró en Roma; cubre Italia, el Vaticano, Grecia y otros sitios del sur de Europa.

Amelia Nierenberg colaboró con reportería.