Los intentos de la líder de la oposición venezolana de compartir su premio con el presidente de EE. UU. han hecho tambalear la fe de algunos noruegos en su emblemática herramienta de poder blando.
María Corina Machado, líder de la oposición venezolana y galardonada con el Premio Nobel de la Paz el año pasado, dijo el jueves, tras comer con el presidente Trump en la Casa Blanca, que le había presentado "la medalla del Premio Nobel de la Paz".
No quedó claro de inmediato si Trump había aceptado el premio, pero ha dejado claro lo que piensa de que el premio le fuera otorgado a Machado y no a él.
"TERMINÉ 8 GUERRAS sin ayuda de nadie y Noruega, miembro de la OTAN, decidió tontamente no concederme el Premio Noble de la Paz", escribió en redes sociales la semana pasada. Además de escribir mal el nombre del premio, también atribuyó la decisión a toda Noruega, en lugar de al comité de cinco miembros que elige con autonomía del gobierno de Oslo.
Machado ha intentado en diversas ocasiones ganarse el beneplácito de Trump y propuso compartir el premio con él. Ha celebrado la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a manos del ejército estadounidense y no ha hecho declaraciones sobre la campaña de ataques contra embarcaciones que, según Trump, trafican con drogas. Los ataques estadounidenses han causado la muerte de más de 100 personas.
Machado habló ante simpatizantes y periodistas en Washington y dijo estar "impresionada" por lo claro que fue Trump sobre la situación de su país y por lo mucho que le importa.
Sus esfuerzos por acercarse a Trump han sido recibidos con desdén al otro lado del océano Atlántico, en Noruega, donde el premio no solo se considera prestigioso y cargado de simbolismo, sino también la principal herramienta de poder blando del país, donde Trump es profundamente impopular.. El Instituto Nobel, que lo concede, ha tomado una seria actitud de control de daños.
El viernes pasado, después de que Machado planteara la idea de compartir el premio con Trump en una entrevista en Fox News, elinstituto recordó lo que permiten las normas que rigen el premio, y afirmó que los hechos estaban "claros y bien establecidos".
"Una vez anunciado el Premio Nobel, no puede revocarse, compartirse ni transferirse a otros", escribió el instituto. "La decisión es definitiva y permanece para siempre".
Un día antes de que Machado llegara a Washington, Kristian Harpviken, director del instituto, quien también es secretario del comité que elige a los galardonados, dijo que no se involucraría más en la creciente controversia.
"El premio se concede en función de las contribuciones del galardonado en el momento en que se toma la decisión del comité", dijo.
Esta explicación ha resultado insuficiente para muchos noruegos.
"Un comité del Nobel nunca puede evitar que los galardonados con el Premio de la Paz cometan actos contrarios a la intención del premio", dijo en una entrevista Lena Lindgren, columnista del semanario noruego Morgenbladet. "Pero lo nuevo ahora es que el premio se está utilizando en un juego político, un juego bélico".
No está claro qué espera obtener Machado de su reunión con Trump. Tras derrocar a Maduro, este se negó a instalarla en el poder, diciendo que "es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto" necesario para dirigir el país.
Los recuentos de votos verificados de forma independiente en las elecciones presidenciales de Venezuela de 2024 mostraron que el partido de Machado había vencido a Maduro por un amplio margen. No obstante, las autoridades venezolanas declararon vencedor a Maduro y su gobierno emprendió una dura campaña de represión contra quienes criticaron el resultado.
La visita de Machado a Washington también suscitó las burlas de quienes ahora ostentan el poder en Venezuela. En un discurso pronunciado en Caracas el jueves, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien obtuvo el respaldo del gobierno de Trump al asumir el poder tras la destitución de Maduro, se enfocó en Machado en una referencia apenas velada.
"Si algún día me tocase como presidenta encargada ir a Washington, lo haré de pie, caminando, no arrastrada", dijo.
No es ni mucho menos la primera vez que se critica al Comité Nobel por su elección o se le acusa de apoyar a dirigentes o gobiernos violentos.
La elección del presidente Barack Obama, quien en ese momento lideraba compromisos militares en varios continentes, provocó indignación en todo el mundo.
Y menos de un año después de recibir el premio, Abiy Ahmed, presidente de Etiopía, se embarcó en una devastadora campaña en la región de Tigré de su país, la cual dejó cientos de miles de muertos, heridos y personas hambrientas. Henry Kissinger y Lê Đức Thọ recibieron el premio antes de que se rompiera el alto al fuego para poner fin a la guerra de Vietnam, y Kissinger finalmente intentó devolver el premio en medio de una oleada de protestas. Su homólogo norvietnamita lo rechazó de plano.
Lo que hace inusual la disputa que gira en torno a Machado, según Asle Sveen, antigua investigadora del Instituto Nobel, es la opinión particularmente negativa de los noruegos sobre Trump.
Machado "ha dedicado su Premio de la Paz a un presidente muy controvertido, por decirlo suavemente", dijo. "En Noruega se acepta casi universalmente que Donald Trump ataca la democracia liberal".
Un tabloide noruego, Nettavisen, realizó una encuesta antes del anuncio del premio que reveló que tres cuartas partes de los encuestados estaban en contra de que se concediera a Trump, incluso si fuera decisivo para orquestar un acuerdo de paz en Ucrania o Gaza.
"El Comité Nobel ha comprometido el premio" al no prever cómo lo utilizarían Machado y Trump para justificar una intervención militar en Venezuela, dijo Lindgren. "Noruega ha quedado políticamente avergonzada y no ha sabido gestionar el capital simbólico".
Tras las elecciones de 2024 en Venezuela, Machado se ocultó durante más de un año. En diciembre, abandonó Venezuela en secreto para recibir el premio en Noruega. No asistió a la ceremonia de entrega, pero sí apareció en Oslo para saludar a sus seguidores. Su huida fue orquestada por una empresa dirigida por veteranos estadounidenses con formación en operaciones especiales e inteligencia.
Los portavoces de Machado no respondieron a las solicitudes de comentarios para este artículo.
Legisladores estadounidenses, entre ellos Marco Rubio, que entonces era senador republicano por Florida y ahora es secretario de Estado de Trump, escribieron una carta al Comité Nobel en 2024 en la que abogaban por que concedieran el premio a Machado.
Señalaban su "resistencia pacífica a los tiranos" y su "inquebrantable brújula moral", y decían que sus esfuerzos demostraban la "urgente necesidad de solidaridad internacional frente al autoritarismo agresivo y expansivo".
No cabe duda de que Machado lleva mucho tiempo arriesgando su seguridad para desafiar a un gobierno autoritario que encarcela a opositores, tortura a críticos y censura a la prensa. Pero también ha apoyado la expansión militar de Trump en el Caribe, ha reiterado afirmaciones desacreditadas de que Maduro manipuló las elecciones estadounidenses y ha repetido mecánicamente la afirmación del gobierno de Trump de que Maduro dirigía simultáneamente dos organizaciones de narcotraficantes, a pesar de las escasas pruebas.
Sus afirmaciones alimentaron las acusaciones de que estaba amplificando la desinformación en lo que, hasta ahora, parecía un intento fallido de ganarse el apoyo del presidente estadounidense.
Sin embargo, no todos los noruegos están de acuerdo en que el premio a Machado fuera un error.
Marianne Dahl, directora de investigación del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, dijo que, si resultara que Machado apoyaba los ataques estadounidenses a las embarcaciones, no sería el mejor reflejo de una galardonada. Pero Machado fue galardonada por su labor en favor de la democracia en 2024, dijo Dahl. Dahl estableció similitudes entre Machado y los galardonados en el pasado, quienes lideraron movimientos populares en la Alemania nazi, la Sudáfrica del apartheid y las repúblicas soviéticas, así como durante la llamada Primavera Árabe.
"Es fácil sentarse en la cómoda Noruega y criticarla por hablarle dulcemente a Trump", dijo Dahl.
Eso, señaló, es exactamente lo que han hecho muchos dirigentes europeos e incluso noruegos. "Y no tienen un régimen represivo que les persiga, como ha tenido Machado", dijo.
Jack Nicas y Emiliano Rodríguez Mega colaboraron con reportería desde Ciudad de México.
Max Bearak es un reportero del Times radicado en Colombia.
Jack Nicas y Emiliano Rodríguez Mega colaboraron con reportería desde Ciudad de México.
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