El presidente Donald Trump declaró el miércoles por la noche que su poder como comandante en jefe está limitado solo por su "propia moralidad", dejando de lado el derecho internacional y otros controles sobre su capacidad para utilizar el poder militar para atacar, invadir o coaccionar a naciones de todo el mundo.
Cuando se le preguntó en una amplia entrevista con The New York Times si había algún límite a sus poderes globales, Trump dijo: "Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme".
"No necesito el derecho internacional", añadió. "No busco hacer daño a la gente".
Cuando se le preguntó si su gobierno tenía que respetar el derecho internacional, Trump dijo: "Lo hago". Pero dejó claro que él sería el árbitro cuando tales limitaciones se aplicaran a Estados Unidos.
"Depende de cuál sea tu definición de derecho internacional", dijo.
La valoración que hizo Trump de su propia libertad para utilizar cualquier instrumento de poder militar, económico o político para cimentar la supremacía estadounidense fue el reconocimiento más contundente hasta la fecha de su visión del mundo. En su núcleo está el concepto de que la fuerza nacional, más que las leyes, los tratados y las convenciones, debe ser el factor decisivo en la colisión de poderes.
Reconoció algunas limitaciones en su país, aunque ha seguido una estrategia maximalista de castigar a las instituciones que le desagradan, imponer represalias a los oponentes políticos y desplegar la Guardia Nacional en las ciudades a pesar de las objeciones de los funcionarios estatales y locales.
Dejó claro que utiliza su reputación de imprevisible y su disposición a recurrir rápidamente a la acción militar, a menudo al servicio de la coacción a otras naciones. Durante su entrevista con el Times, atendió una larga llamada del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien estaba claramente preocupado tras las repetidas amenazas de que Trump estaba pensando en un ataque contra el país, similar al de Venezuela.
"Pues estamos en peligro", dijo Petro en una entrevista con el Times justo antes de la llamada. "Porque la amenaza es real. El juego lo hizo Trump".
La llamada entre los dos líderes, cuyo contenido era extraoficial, fue un ejemplo de diplomacia coercitiva en acción. Y se produjo pocas horas después de que Trump y el secretario de Estado Marco Rubio hubieran retirado a Estados Unidos de decenas de organizaciones internacionales destinadas a fomentar la cooperación multinacional.
En su conversación con el Times, Trump sonaba más envalentonado que nunca. Citó el éxito de su ataque contra el programa nuclear iraní --tiene sobre su escritorio una maqueta de los bombarderos B-2 utilizados en la misión--, la rapidez con la que decapitó al gobierno venezolano el pasado fin de semana y sus designios sobre Groenlandia, controlada por Dinamarca, aliada de la OTAN.
Cuando se le preguntó cuál era su mayor prioridad, obtener Groenlandia o preservar la OTAN, Trump declinó responder directamente, pero reconoció que "podría ser una elección". Dejó claro que la alianza transatlántica era esencialmente inútil sin Estados Unidos en su núcleo.
Incluso al caracterizar las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia, Trump desestimó la idea de que el dirigente de China, Xi Jinping, o el presidente de Rusia, Vladimir Putin, pudieran utilizar una lógica similar en detrimento de Estados Unidos. Tema tras tema, dejó claro que, en su opinión, el poder de Estados Unidos es el factor determinante, y que los presidentes anteriores han sido demasiado cautelosos para hacer uso de él en aras de la supremacía política o la ganancia nacional.
La insistencia del presidente en que Groenlandia debe pasar a formar parte de Estados Unidos fue un excelente ejemplo de su visión del mundo. No bastaba con ejercer el derecho estadounidense, en virtud de un tratado de 1951, a reabrir las bases militares cerradas desde hace tiempo en la enorme masa de tierra, que es una encrucijada de importancia estratégica para las operaciones navales estadounidenses, europeas, chinas y rusas.
"La propiedad es muy importante", dijo Trump mientras hablaba, con mirada de magnate inmobiliario, de la masa continental de Groenlandia, tres veces mayor que Texas, pero con una población de menos de 60.000 habitantes. Pareció descartar el valor de tener Groenlandia bajo el control de un estrecho aliado de la OTAN.
Cuando le preguntaron por qué necesitaba poseer el territorio, dijo: "Porque eso es lo que considero psicológicamente necesario para el éxito. Creo que poseer un territorio te da algo que no puedes conseguir con un arrendamiento o un tratado. La propiedad te da cosas y elementos que no puedes conseguir con la simple firma de un documento".
La conversación dejó claro que, en opinión de Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son menos importantes que el papel singular que Estados Unidos desempeña como protector de Occidente.
Sostuvo que solo él --y no dos predecesores a los que despreció, Joseph R. Biden Jr. y Barack Obama-- había demostrado ser capaz de persuadir a las naciones de la OTAN para que gastaran el 5 por ciento del producto interno bruto en defensa. (Aproximadamente el 1,5 por ciento de ese porcentaje se destina en realidad a infraestructuras nacionales --desde redes eléctricas hasta ciberseguridad-- que pueden servir de apoyo a la defensa. El objetivo no entra en vigor hasta 2035, seis años después de que Trump deje el cargo).
"Quiero que se pongan en forma", dijo. "Creo que siempre nos llevaremos bien con Europa, pero quiero que se pongan en forma. Yo soy el que consiguió que gastaran más en la, ya sabes, más PIB en la OTAN. Pero si te fijas en la OTAN, puedo decirte que Rusia no se preocupa en absoluto por ningún otro país que no seamos nosotros".
El presidente añadió: "He sido muy leal a Europa. He hecho un buen trabajo. Si no fuera por mí, Rusia tendría ahora mismo toda Ucrania".
Parecía no preocuparle que el último gran acuerdo de control de armas nucleares con Rusia fuera a expirar dentro de cuatro semanas, dejando a las dos mayores potencias nucleares del mundo en libertad de ampliar sus arsenales sin límites, por primera vez en medio siglo.
"Si expira, expira", dijo. "Simplemente haremos un acuerdo mejor", añadió, insistiendo en que China, que posee el arsenal de crecimiento más rápido del mundo, debería incorporarse a cualquier acuerdo futuro.
"Probablemente, también querrás que participen un par de actores más", dijo Trump.
El presidente parecía igualmente optimista sobre si su decisión de enviar fuerzas de Operaciones Especiales a Caracas para extraer a Nicolás Maduro de Venezuela sería aprovechada por China o Rusia. En los días transcurridos desde la acción en Venezuela, se ha argumentado que el precedente estadounidense ayudaría a justificar un esfuerzo chino por tomar Taiwán, o el intento de Rusia de apoderarse de Ucrania, que Putin ha descrito como una parte histórica del imperio ruso, que se remonta a más de una decena de siglos.
Al preguntársele si había creado un precedente del que pudiera arrepentirse más adelante, Trump argumentó que su visión de la amenaza que suponía la Venezuela de Maduro era muy diferente de la visión de Xi sobre Taiwán.
"Era una amenaza real", dijo sobre Venezuela. "No tenías gente entrando en China", argumentó, repitiendo su afirmación, tantas veces hecha, de que Maduro soltaba miembros de bandas a Estados Unidos.
Trump añadió: "No había drogas entrando en China. No tenías todas las cosas malas que hemos tenido. No tuviste las cárceles de Taiwán abiertas y la gente vertiéndose en China", o, dijo después, criminales y otros "vertiéndose en Rusia".
Cuando un periodista señaló que Xi consideraba Taiwán una amenaza separatista para China, Trump dijo: "Eso depende de él, de lo que vaya a hacer. Pero, ya sabes, le he expresado que me disgustaría mucho que lo hiciera, y no creo que lo haga. Espero que no lo haga".
Luego, cuando se le preguntó sobre si Xi podría aprovechar los recientes acontecimientos para atacar o asfixiar a Taiwán, sugirió que el dirigente chino no se atrevería a dar ese paso mientras Trump estuviera en el poder. "Puede que lo haga después de que tengamos otro presidente, pero no creo que lo haga conmigo como presidente", dijo.
El jueves, en una inusual afirmación de la autoridad del Congreso sobre los poderes de guerra del presidente, el Senado acordó debatir una resolución destinada a frenar el uso de la fuerza militar en Venezuela por parte de Trump. El senador Rand Paul, republicano por Kentucky, dijo que un factor que podría haber inclinado la votación fue el comentario del presidente durante la entrevista del miércoles de que Estados Unidos podría seguir implicado en Venezuela durante años.
En el frente interno, Trump sugirió que los jueces solo tienen poder para restringir su agenda de política interna --desde el despliegue de la Guardia Nacional hasta la imposición de aranceles-- "en determinadas circunstancias".
Pero ya estaba considerando soluciones provisionales. Planteó la posibilidad de que, si la Corte Suprema anulaba sus aranceles emitidos en virtud de las autoridades de emergencia, podría volver a presentarlos como derechos de licencia. Y Trump, quien dijo que había sido elegido para restablecer la ley y el orden, reiteró que estaba dispuesto a invocar la Ley de Insurrección y desplegar el ejército dentro de Estados Unidos y federalizar algunas unidades de la Guardia Nacional si consideraba que era importante hacerlo.
Hasta ahora, dijo, "no he sentido realmente la necesidad de hacerlo".
David E. Sanger cubre el gobierno de Donald Trump y una amplia gama de temas relacionados con la seguridad nacional. Ha sido periodista del Times durante más de cuatro décadas y ha escrito cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional.
Tyler Pager es corresponsal del Times en la Casa Blanca, donde cubre al presidente Trump y su gobierno.
Katie Rogers es corresponsal del Times para la Casa Blanca y reporta sobre el presidente Trump.
Zolan Kanno-Youngs es corresponsal del Times en la Casa Blanca y cubre las noticias relacionadas con el presidente Donald Trump y su gobierno.
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