
Este artículo podría empezar con los datos, y ellos solos ya son la crónica de lo que Alejo Schapire llama una siniestra obscenidad. Datos fríos, secos como la mentira, precisos como la verdad: el hotel es el Gran Bristol en La Habana vieja; cinco estrellas, planta eléctrica propia, agua constante, servicios de lujo; las habitaciones superan los 500 euros la noche; el hotel es propiedad de Gaviota, el holding empresarial de las fuerzas armadas cubanas; el régimen ha pagado los costes; Pablo Iglesias, Jeremy Corbyn y otros VIPS, han viajado en business hasta La Habana... Y, con su viaje con copita de champagne, su ducha de precisión, la panza rellena, la electricidad para los móviles y sus selfies, y el paseo en autobús alternativo, los salvadores de Cuba han perpetrado su canallada.
Cuba convertida en un parque temático ideológico, manoseada por una izquierda caviar que la quiere mantener, humillada y oprimida. Nuevamente se repite el esquema: de viaje a Gaza, para que los palestinos se mantengan bajo la brutalidad de los terroristas de Hamas y no salgan nunca del círculo de la violencia; y de viaje a Cuba, para que los cubanos se mantengan bajo la bota del castrismo que hace 67 años que saquea sus recursos, oprime a su pueblo y destruye sus esperanzas. ¡Qué importa la dura realidad que sufren los cubanos, si prevalece el mito ideológico! La vieja causa por encima del hambre, el dolor, la represión y la completa destrucción de la esperanza. Y es así como se perpetra un viaje simbólico que no intenta liberar al pueblo, sino consolidar su cárcel. En nombre de la revolución, por supuesto, que acostumbra a derivar en la más brutal de las involuciones.
Quizás se trata de hablar claro: hay una izquierda que siempre fue reaccionaria en el sentido más desgarrador y abrupto del término. Una izquierda, heredera del totalitarismo comunista, que mutó a posiciones más modernas, pero mantiene intactos los tics autoritarios. Es esa izquierda que levanta banderas de justicia social, pero se amiga con las peores dictaduras del mundo, de Irán a China, del chavismo al castrismo. Esa izquierda que defiende la libertad en abstracto, como una quimera o un poema nostálgico, pero cercena insistentemente la libertad de expresión, la libertad de mercado, la libertad de opción, todas las libertades que concretan la libertad. Esa izquierda que gusta de listas negras y practica la cultura de la cancelación, cuando las ideas desmienten a sus dogmas. En definitiva una izquierda que adora el pueblo, pero desprecia al ciudadano, quizás porque la masa siempre es más moldeable que el individuo. No es cierto que defienda las ideas de progreso, al contrario: allí donde sus ideas triunfan, el progreso se detiene. Amante del estado como tutelador y controlador, pero enemigo de la iniciativa privada, la sana competencia, el libre albedrío ciudadano.
Por eso odia a las democracias liberales, porque no cree en el ciudadano libre, sino en el pueblo tutelado. Por eso odia a Estados Unidos, que representa la culminación del individuo ante sus capacidades y sus oportunidades. Y por eso su odio más puro se dirige Israel, porque Israel es una historia de éxito, de plantar naranjas a convertirse en una start up nation, a pesar de luchar por su existencia contra todo tipo de violencias.
No es ninguna casualidad que toda esta izquierda caviar que levanta el puño en la ceremonia de los Oscar, y monta excursiones con flotillas anhelando sus quince minutos de fama revolucionaria, toda esa izquierda odie las democracias más sólidas del planeta. No son defensores de la libertad, la libertad en mayúsculas, la que defendía Camus frente a Sartre, no son defensores de la libertad, son sus enemigos más vitriólicos y sutiles.
Por eso callan, callan como ratas ante los crímenes de los ayatollahs, ante las cárceles del castrismo, ante las redes criminales del chavismo, ante la matanza de cristianos en Nigeria, ante la brutal represión de China contra los uigures o contra los tibetanos, o es igual, porque callan, callan como ratas siempre que las víctimas no corresponden a sus cánones y a sus dogmas.
Ahora quieren salvar a los cubanos de sí mismos, no fuera caso que se convirtieran en ciudadanos libres y el parque temático de la izquierda caviar se les fuera al carajo. ¿A dónde irán los Iglesias y los Corbyn, cuando Cuba sea finalmente libre? Siempre les quedará Corea del Norte. Es ideal para el turismo ideológico.
X: @RaholaOficial
Web: https://pilarrahola.com
Instagram: pilar_rahola/
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