
En el video compartido por el sitio la Hora de Cuba, entre gritos de dolor, y golpes, se escucha la amenaza de la seguridad del estado contra artistas, curadores y activistas subidos violentamente a un ómnibus que los trasladaría a la estación policial en Cerro en las calles infanta y Melgar. Allí serían interrogados, amenazados y sometidos a más vejaciones. Según relatan los testimonios, los oficiales fueron particularmente violentos con las mujeres. Las artistas visuales Camila Lobón y Celia González denunciaron al colectivo feminista cubano Yositecreo que fueron desnudadas y sometidas a un registro genital en búsqueda de artefactos de grabación.
El grito “te callas la boca porque a mí se me da la gana” y los golpes propinados por el poeta-ministro Alpidio Alonso y sus colegas de cultura sintetizan la política cultural cubana. Desde sus inicios, el régimen cubano ha sido particularmente violento con los miembros de la cultura que osaron disentir. El pasado miércoles 27 de enero simplemente mostraron a plena luz de día la violencia con la que operan.
Desde hace unos años, cada 28 de enero, Cuba conmemora el nacimiento del poeta y héroe de la independencia José Martí. Esta fecha no estuvo siempre presente en el calendario de la Revolución. Y es entendible. Martí fue poeta, preso y exiliado político, cronista minucioso de la democracia norteamericana; y a su regreso a la isla fue soldado y opositor acérrimo de quienes mostraban su sed de poder y su intención de perpetuarse en él a través de la fuerza de los uniformes.
El 27 de enero artistas, curadores e historiadores que pertenecen al Movimiento San Isidro y al 27N convocaron a una jornada de poesía para honrar a José Martí y para marcar los dos meses de la “revolución de los aplausos”, una protesta pacífica en la que exigieron por sus derechos a la libertad de expresión, de asamblea y de creación.
La jornada comenzó con detenciones arbitrarias, vigilancia en las casas, cortes en el servicio de internet. Según el informe de Cubalex, por la mañana ya habían sido detenidas las artistas visuales Tania Bruguera y Camila Lobón, y la poeta Katherine Bisquet.
A pesar de ello un grupo logró llegar al Ministerio de Cultura donde habían sido convocados por el vice-ministro Fernando Rojas. Mientras lo jóvenes recitaba los versos “Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche/ ¿o son una las dos?...” la policía comenzó a rodearlos. Minutos después, el ministro de cultura y sus vices, acompañados de “trabajadores”, arremetían a los golpes contra quienes leían poesía.
En una conferencia de prensa el vice ministro Fernando Rojas explicaba al reportero de EFE: “Yo no puedo hacer la promesa porque no es mi competencia, de que los órganos del orden interior no vayan a actuar contra una provocación”. Lo que Rojas oculta es que todos los órganos de gobierno, incluido el Ministerio de Cultura, responden al objetivo común de sostener el régimen a través del sometimiento y la represión de la sociedad civil. Por eso, no sorprende que las autoridades culturales hayan golpeado, y arrebatado teléfonos, que hayan supervisado personalmente que la policía redujera a los artistas para subirlos a ómnibus camino a la estación policial de Cerro. Tampoco sorprende que avalaran con su presencia la violencia de golpes y amenazas. Que miraran a los ojos a los detenidos, le sostuvieran la mirada para dejar en claro que no pueden prometer el fin de la represión, porque la apoyan.
El “Te callas la boca porque a mí me da la gana” sintetiza la política cultural del autoritarismo cubano.
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