Donald Trump (Reuters)
Donald Trump (Reuters)

Pocas veces antes en la historia norteamericana la prensa se ha visto en la necesidad de explicar o recalcar el poder de la verdad. Pero desde que Donald Trump asumió la presidencia en 2016, abanderando un mundo de posverdad, realidades alternativas y fake news –entre otros exabruptos, definió a la prensa como "el enemigo del pueblo"– los principales medios del país se han visto en la necesidad de defenderse, explicar su misión periodística y el valor de los hechos, así como recordar a la sociedad su rol como cuarto poder.

La campaña anti prensa comenzó con quejas y acusaciones de un primer mandatario que juntó fama por su incontinencia verbal, pero últimamente tomó un giro más intimidatorio y vengativo, liderado por un grupo superconservador–aliado a la Casa Blanca– cuyo objetivo es desacreditar a los medios y periodistas considerados hostiles al presidente. ¿Cómo? Excavando su pasado de posts, ideas o comentarios en redes sociales para usarlos luego como represalia o venganza. Mucha parte de esa información data de su adolescencia y juventud, y en algunos casos, al momento de expresarse, varios de ellos ni siquiera se dedicaban a la profesión ni trabajaban para los medios donde hoy se desempeñan profesionalmente. Pero el grupo superconservador ahora está publicando esa información dañina y muchas veces equívoca porque considera a esos periodistas y los medios para los que trabajan como "enemigos" del presidente y su agenda, básicamente culpándolos por cubrir noticias que a Trump y sus aliados no les gustan, o los dejan mal parados o con las que disienten."Es claro que los medios tienen bastante limpieza que hacer en sus propias casasdijo recientemente al respecto Tim Murtaugh, director de comunicaciones de la campaña presidencial de Trump-. Ese periodismo no es nada más que una máquina de propaganda maligna del partido Demócrata".

En realidad, la prensa que investiga y cuestiona a Trump y su agenda presidencial es un movimiento de 300 medios norteamericanos, que, tras una iniciativa del diario Boston Globe, vienen publicando editoriales defendiendo el rol que ejercen en un país democrático, especialmente después de que se supo que el Sinclair Broadcast Group –la cadena televisiva de noticias locales pro Trump más grande de Estados Unidos– pidió a sus periodistas que recitaran guiones corporativos apoyando al gobierno y su política. Los cuatro líderes más activos de esta campaña para enfrentar los ataques anti-prensa son The New York Times, The Washington Post, The Wall Street Journal y el canal televisivo CNN.

"The truth is worth it" ("La verdad vale la pena"), decía uno de los más recientes slogans del Times, parte de una serie de la campaña que denominó "The truth is hard" ("La verdad es dura"), llamada a mostrar que el periodismo serio e independiente requiere fuentes, tiempo y compromiso. El primero fue publicado después de que el periódico revelara por primera vez cómo los hijos de migrantes eran separados de sus padres en la frontera con México. El segundo se refería a la dedicación, el rigor y tiempo de los reporteros que durante 18 meses investigaron el oscuro pasado impositivo de Trump y su familia a través de cientos de entrevistas, excavaciones de archivos y verificaciones de expertos independientes para revelar las manipulaciones que la familia presidencial había realizado para esconder o derivar ingresos y evitar así pagos tributarios. El resultado de la investigación se publicó primero en partes en el diario y luego en un suplemento especial que se regaló como coleccionable a los suscriptores. Un trabajo magistral que en abril pasado se adjudicó el premio Pulitzer.

De allí en adelante, el diario sigue periódicamente esta campaña, dedicándole avisos de un página entera al tema del poder de la verdad y la función de la prensa en una democracia. Una de ellas decía: "Consiguiendo una entrevista más, verificando datos, escuchando voces desoídas, verificando tres veces las fuentes, enfrentando las intimidaciones, informando desde varios ángulos, asegurándose que los números den bien, yendo siempre más allá, presentando la historia completa, entendiendo el mundo". Y el ya conocido remate: "La verdad vale la pena". Otro de los más recientes, lidiaba con la crisis ambiental (en la que Trump y sus acólitos no creen) y cerraba así: "…explicando por que los cambios importan, buscando soluciones, ayudando a todos a entender". Y el mismo remate: "La verdad vale la pena".

El Times aprovechó también la audiencia internacional televisiva durante la transmisión de los Oscars, para volver a la carga con otro aviso que tituló "La verdad". Allí se listaban varias frases conflictivas del presidente o alguno de los miembros de su gabinete. Todas comenzaban con "La verdad es…". "La verdad es que nuestra nación está más divivida que nunca", "la verdad es que los hechos alternativos son mentira", "La verdad es que necesitamos una investigación completa de los lazos con Rusia". El aviso terminaba con palabras en negrita: "La verdad es dura/la verdad es dura de conocer/la verdad es más importante que nunca", y cerraba con el logo del diario.

Por su lado, tratando de que el gobierno de Trump revirtiera su campaña contra la transparencia, The Washington Post agregó a comienzos de 2017 un lema debajo de su logo en primera plana: "Democracy dies in darkness" ("La democracia muere en la oscuridad").

Más tarde, el periódico dio otro paso adelante de su campaña. En un aviso de un minuto, narrado por el actor Tom Hanks, The Washington Post recordó a la audiencia el peligroso trabajo que hacen los periodistas en todo el mundo, describiendo su rol como "testigos y compiladores de hechos" y enfatizando "la importancia de esta profesión en la sociedad".

Y la narración continuaba: "Cuando vamos a la guerra, cuando ejercemos nuestros derechos, cuando ascendemos a las más altas dimensiones…Hay siempre alguien que compila los hechos para traérselos a la audiencia a cualquier costo. Porque el saber nos empodera. El saber nos ayuda a decidir. El saber nos hace libres".

El aviso cerraba con el lema actual del periódico: "La democracia muere en la oscuridad".

Aunque con menos potencia visual, The Wall Street Journal también se sumó a estas campañas con su propio aviso: "Al tiempo que continúan las acusaciones de facilitar la difusión de fake news, nuestros lectores podrán encontrar seguridad y credibilidad en el contenido que se crea, se prepara y verifica en una redacción real".

Por su parte, CNN bautizó a su campaña "Facts first" ("Primero los hechos"). El primer aviso mostraba una manzana y el narrador explicaba: "Esto es una manzana. Algunos tratarán de decirle que es una banana. Pueden llegar a gritar 'banana, banana, banana' una y otra vez. Hasta pueden escribir 'banana' en mayúsculas. Usted podría incluso comenzar a creer que se trata de una banana. Pero no. Es una manzana. Primero los hechos".

En momentos cruciales de la investigación del fiscal Robert Muller sobre interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016, la serie del canal televisivo continuaba con otro aviso que también mostraba manzanas, mientras el narrador decía: "Esta es una manzana. Esta es también una manzana. Y esta es otra manzana. Y cuando usted las junta, entonces tendrá un caso".

Otro aviso de la cadena mostraba una banana mientras el narrador decía: "Hay quien tratará de decirle que esto es una manzana. Podría hasta comenzar como una broma. Pero cuando se lo dicen una y otra vez la gente comienza a creérselo, y es solo cuestión de tiempo hasta que alguno se lastime" (la inferencia era pisar la cáscara de banana y caerse).

Un vocero del canal dijo en una entrevista que CNN se sintió obligado a defenderse de la narrativa anti-prensa recordándole su misión periodística a la audiencia. Fue una ampliación del aviso original, que decía: "Los hechos son hechos. No están coloreados por la emoción o la subjetividad. Son indiscutibles. No hay realidad alternativa en un hecho. Los hechos explican cosas, lo que son, cómo ocurrieron. Los hechos no son interpretaciones. Una vez que se establecen los hechos se pueden formar las opiniones. Y aunque las opiniones importen, no podrán cambiar los hechos".

Lo que está ocurriendo hoy en Estados Unidos es un ataque frontal a la credibilidad de los medios adversarios al presidente y su agenda política, económica y social. Es también un intento de humillación y venganza contra los periodistas y los medios que ellos representan por hacer su trabajo, que es escrutar y provocar al poder. "Pero no por eso lograrán intimidarnos o silenciarnos", sentenció A.G.Sulzberger, publisher de The New York Times.

Salvo quizás Richard Nixon, ningún presidente norteamericano demonizó tanto a la prensa como Donald Trump, a quien le vendría bien recordar quien provocó la caída de Nixon.

El autor fue corresponsal de Editorial Atlántida en Estados Unidos, donde también trabajó en Associated Press y Meredith Corporation.