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Puerto Rico importó mangostas para matar ratas: 150 años después la plaga sigue y los depredadores son el mayor foco de rabia de la isla

Llegaron a los cañaverales en 1870 como control biológico, pero nunca eliminaron los roedores porque cazaban de día y su presa era nocturna. Hoy estos animales concentran más del 70% de los casos de la enfermedad que también afecta a humanos

Una mangosta erguida sobre una roca con musgo frente a vegetación silvestre iluminada por la luz del sol.
El control biológico no resolvió la plaga porque las mangostas son diurnas y las ratas de los cañaverales son principalmente nocturnas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Puerto Rico arrastra desde hace 150 años las consecuencias de introducir mangostas para frenar una plaga de ratas en los cañaverales, una decisión tomada en la década de 1870 que, con el paso del tiempo, derivó en un problema ambiental y sanitario.

Según informó Xataka, la medida surgió en el siglo XIX, cuando los propietarios de plantaciones del Caribe buscaban una fórmula de control biológico para proteger la producción azucarera.

El territorio adoptó esa estrategia con la llegada de la mangosta india, presentada entonces como un depredador apto para frenar a los roedores que afectaban a uno de los sectores centrales de la economía local.

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Un control biológico que no resolvió la plaga

Una mangosta de pelaje pardo camina sobre piedras redondeadas y arena en el suelo, con vegetación oscura en el fondo.
Puerto Rico arrastra desde la década de 1870 las consecuencias de introducir mangostas para controlar ratas en los cañaverales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La lógica inicial parecía simple: si las ratas dañaban la caña de azúcar, la introducción de un depredador podía reducir el problema. A pesar de eso, en la práctica del ecosistema real, ese razonamiento no produjo los resultados previstos.

Una de las razones fue la diferencia en los hábitos de actividad de ambas especies: las mangostas son animales diurnos y las ratas de los cañaverales son principalmente nocturnas, por lo que ambas podían compartir territorio sin coincidir al mismo tiempo.

Por lo tanto, las ratas continuaron como plaga y la isla sumó una especie capaz de sobrevivir sin depender de ese objetivo inicial. Cuando no encontraron ratas, los depredadores recurrieron a otras presas como aves, reptiles, anfibios y otros ejemplares pequeños, un patrón que investigadores de la Universidad de Montreal y el USDA documentaron en poblaciones de toda la región caribeña.

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Ese comportamiento se repitió también en otras islas del Caribe donde la especie fue introducida. Lo que había llegado como herramienta agrícola pasó a ser considerado una especie invasora y una amenaza para la fauna nativa del territorio. Ese fue el primer efecto de largo plazo asociado a una decisión tomada en el siglo XIX.

Del impacto ambiental al riesgo sanitario

Una mangosta erguida sobre una roca rojiza en un entorno de sabana con pastos secos y árboles al atardecer.
La mangosta india fue incorporada como control biológico para proteger la producción azucarera del Caribe (Imagen Ilustrativa Infobae)

La segunda derivación apareció décadas más tarde. En 1950 se registró en Puerto Rico el primer gran brote de rabia confirmado en laboratorio entre estas mangostas, según documentó el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos en Public Health Reports. Con el paso del tiempo, el virus quedó instalado en la población de esos mamíferos.

Estos ejemplares se convirtieron en el principal reservorio de rabia de la fauna terrestre de la isla y llegaron a concentrar más del 70% de los casos animales notificados, según confirmó un estudio publicado en Scientific Reports que analizó la interacción entre mangostas y perros callejeros en Puerto Rico. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) situó de forma histórica esa proporción cerca del 75%.

La extensión del problema también aparece en los estudios sobre exposición al virus. Una investigación realizada en El Yunque y Cabo Rojo encontró anticuerpos neutralizantes contra la rabia en aproximadamente el 39% de las mangostas analizadas. Otros análisis posteriores, realizados por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) en más zonas, detectaron porcentajes menores, cercanos al 17%, lo que muestra variaciones relacionadas con el lugar y el hábitat.

Los intentos de control

El riesgo no se limita a la fauna silvestre. Juan José De Jesús Oquendo, epidemiólogo del Departamento de Salud de Puerto Rico y coordinador del Sistema de Vigilancia de Mordeduras de Animales y Posible Exposición al Virus de la Rabia, advirtió a medios locales que la isla registra anualmente entre 9.000 y 10.000 mordeduras de animales.

Una mangosta sobre el tronco cubierto de musgo de un árbol rodeado de hojas verdes.
El primer gran brote de rabia en mangostas se confirmó en Puerto Rico en 1950 y el virus quedó instalado en esa población (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Muchas veces minimizamos los eventos de mordeduras y rasguños de otros tipos de animales, asociando que el perro es el transmisor principal”, señaló. Tras la evaluación de cada caso, cerca de 560 personas recibieron vacunación preventiva en el último año al determinarse que habían estado expuestas a un riesgo elevado de contagio.

En los últimos 50 años de vigilancia epidemiológica, Puerto Rico acumula solo tres casos de rabia humana confirmados. El más reciente ocurrió en 2015 en Salinas tras una mordedura de mangosta y fue el primero de este tipo documentado en territorio estadounidense. “Se pudo haber prevenido”, afirmó De Jesús Oquendo al medio Medicina y Salud Pública.

Ante este escenario, investigadores de Estados Unidos estudian desde hace años densidades de población, movimientos y cebos para una eventual vacunación oral contra la rabia, similar a la aplicada en otras criaturas. Entre los ensayos, se probaron distintos sabores y se observó que los depredadores preferían los cebos de queso frente a los de coco o pescado.

Con el paso de décadas, la industria azucarera perdió importancia, pero estos animales permanecieron y se expandieron en la isla. La medida que intentó resolver una plaga agrícola generó complicaciones que aún requieren vigilancia y recursos.

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