Un soldado alemán toma posición en las trincheras junto a un francés muerto (Getty)
Un soldado alemán toma posición en las trincheras junto a un francés muerto (Getty)

En marzo de 1918 Alemania parecía estar al borde del colapso. La Primera Guerra Mundial, entonces conocida como la Gran Guerra, estaba entrando en su cuarto año y ya había dejado un rastro de millones de muertos, heridos y mutilados sin que ningún bando pudiera imponerse sobre el otro.

Los últimos sobrevivientes de los ejércitos de 1914 compartían las trincheras con las más recientes camadas, en algunos casos poco más que adolescentes llamados a las filas sin que nadie pudiera imaginar cómo romper el estancamiento.

En las ciudades alemanas se había instalado ya el hambre, provocado por el bloqueo marítimo de la Marina Real del Reino Unido. Los casos de malnutrición, que afectaban en mayor medida a los civiles, comenzaron a generalizarse en 1916 y para 1918 se estimaba que la dieta promedio difícilmente superaba las 1.000 calorías diarias.

La ofensiva avanzó 65 kilómetros y capturó 3.100 kilómetros cuadrados de territorio
La ofensiva avanzó 65 kilómetros y capturó 3.100 kilómetros cuadrados de territorio

Entre los aliados en el frente Occidental la situación no era mucho mejor. La guerra había masacrado a británicos de todo el commonwealth y franceses por igual, y entre estos últimos seguía fuerte el recuerdo de los motines de 1917 que casi hacen colapsar la línea defensiva.

Pero los Estados Unidos acababan de sumarse con provisiones y tropas frescas al esfuerzo bélico aliado, y se esperaba que su llegada permitiera tildar la balanza hasta lograr la victoria sobre Alemania.

Un último factor se sumaba a esta contexto. Rusia, derrotada en combates decisivos contra los alemanes en el este y agitada por las revoluciones de 1917, buscó una salida a la guerra que se oficializó con el tratado Brest-Litvosk firmado el 3 de marzo de 1918.

Tropas de asalto alemanas se lanzan al ataque
Tropas de asalto alemanas se lanzan al ataque

A pesar de la difícil situación, Berlín había logrado cerrar el frente Oriental con un victoria y acababa de liberar cientos de miles tropas que podían ser llevadas al oeste. Entonces el alto mando, comandado por Erich Ludendorff, volvió al pensamiento circular de la Gran Guerra y creyó, una vez más, que el conflicto podía finalmente ganarse con un último y poderoso asalto decisivo contra las líneas defensivas aliadas.

Lo que en círculos militares alemanes se conocía desde tiempos de Von Clausewitz como Vernichtungsschlacht, la "batalla decisiva" o "batalla de aniquilamiento".

Así nació el germen de la que sería la última ofensiva alemana de una guerra que recién terminaría en noviembre, y de la cual se cumplieron los 100 años en marzo. La Operación Michael, junto a las ofensivas menores de apoyo llamadas Georgette, Gneisenau y Blücher–Yorck, se diseñó para romper de una vez por todas el frente aliado en torno a la ciudad de Saint Quentin y avanzar sobre París.

Unidades de caballería alemana observan una trinchera británica recién capturada
Unidades de caballería alemana observan una trinchera británica recién capturada

Era, también, el anhelo del Plan Schlieffen que en 1914, cuando Alemania intentó ingenuamente ganar la guerra con un ataque rápido y contundente, llegó muy cerca de la capital francesa antes de ser detenido en la Batalla del Marne.

Quizás más impresionante que el hecho de que Alemania se lanzara a una nueva ofensiva "de primavera" en el cuarto año de la guerra, dada la fragilidad interna y la fortaleza cada vez mayor de su enemigo, es que el ataque haya tenido tanto éxito como tuvo.

Esta Ofensiva de Primavera, también conocida como "Die Kaiserschlacht" (La batalla del Káiser), comenzó el 21 de marzo con el ataque encarado por tropas de asalto entrenadas especialmente para la ocasión.

Un tanque alemán A7V en la ciudad de Roye
Un tanque alemán A7V en la ciudad de Roye

No fue un asalto sorpresa, según recuerda un artículo de la época publicado por el Daily Telegraph. "En cualquier momento podemos ver el inicio de un último y desesperado esfuerzo del enemigo para terminar la guerra con una vitoria decisiva. Una ofensiva para la que se ha estado preparando durante meses es inminente", escribió el corresponsal Philip Gibbs.

Pero aún nadie esperaba su potencia. El uso de estas Stosstruppen, armadas con ametralladoras, lanzallamas, granadas y cuchillos, era de alguna manera la carta táctica que con la que Alemania pensaba finalmente romper el estancamiento. Su efectividad ya se había demostrado en combates anteriores, aunque esta fue su utilización más masiva.

En resumen, las tácticas de las tropas de asalto basadas en las investigaciones del general Oskar von Hutier consistían en utilizar unidades pequeñas de tropas, lo que hoy se conocería como pelotones, para infiltrarse en los puntos más débiles de la línea enemiga dejando atrás a las fortificaciones.

Tropas británicas avanzan en fila
Tropas británicas avanzan en fila

Una vez del otro lado, las tropas de asalto podían atacar los reductos por detrás o seguir ignorándolos y avanzar en profundidad contra las líneas de comunicación y los almacenes de abastecimiento.

Mientras las Stosstruppen sembraban el caos y ganaban territorio, las tropas regulares tenían el rol de ocupar las posiciones ganadas y reducir a los enemigos dejados atrás.

Estas tácticas eran en su momento revolucionarias y contrastaban con los ataques en masa con unidades mucho más cargadas de hombres que habían precedido las acciones de ambos bandos.

Soldados estadounidenses entrenándose en Francia. Alemania intentó ganar la guerra antes que estas tropas pudieron tildar la balanza (Getty)
Soldados estadounidenses entrenándose en Francia. Alemania intentó ganar la guerra antes que estas tropas pudieron tildar la balanza (Getty)

Además de las tropas de asalto, Alemania utilizó todo lo que tenía a su alcance: gases letales, los primeros y rudimentarios tanques (en su mayoría capturados a los ingleses), aviones y artillería.

La concentración de esta última fue infernal: 10.000 cañones y morteros abrieron fuego en simultáneo para lanzar 1.160.000 proyectiles durante cinco horas contra las líneas aliadas, según detalla el historiador Randal Gray.

Con esta combinación la Operación Michael logró romper las líneas y las tropas alemanas dejaron atrás por primera vez en años el "paisaje lunar" de la tierra revuelta y ya sin árboles alrededor de las las trincheras, y se lanzaron de nuevo sobre los campos verdes de Francia.

Oficiales británicos pasan revista a la tropa
Oficiales británicos pasan revista a la tropa

Avanzaron 65 kilómetros y capturaron una superficie de 3.500 kilómetros cuadrados, números que ni aliados ni potencias centrales habían visto en toda la guerra.

Además, la punta de lanza del avance amenazó con separar tajantemente a los franceses en el sur y a los británicos en el norte, lo que llevó a los aliados a nombrar a un comandante supremo de todas las fuerzas, el mariscal Ferdinand Foch, y tratar de mantener la unidad.

Pero los ejércitos de la Entente Cordiale, como se conocía a la alianza entre el Reino Unido y Francia, no colapsaron, recibieron el golpe y ofrecieron una fuerte resistencia. Los alemanes tuvieron grandes éxitos pero a un costo muy alto y ya casi no tenían reservas para seguir presionando.

Tropas de asalto alemana avanzan en medio de un ataque con gas
Tropas de asalto alemana avanzan en medio de un ataque con gas

Numerosos reportes entre los soldados alemanes muestran además la sorpresa que sintieron al encontrar la abundante comida, medicina y munición de la que disponían los aliados en sus almacenes en comparación con la propia.

Para el 5 de abril Michael había llegado a su extensión máxima y frenó ante la resistencia decidida de británicos y australianos en Amiens. Las ofensivas de apoyo continuaron un poco más, pero el agotamiento de los alemanes era demasiado grande y las débiles condiciones anteriores a la batalla se volvieron determinantes.

Sobre el final de la ofensiva los estadounidenses ya habían entrado en combate y la superioridad numérica era un hecho. Entonces los aliados contraatacaron y rápidamente comenzaron a recuperar las tierras perdidas.

Más de un millón y medio de soldados fueron víctimas de la Ofensiva de Primavera, entre muertos y heridos
Más de un millón y medio de soldados fueron víctimas de la Ofensiva de Primavera, entre muertos y heridos

En definitiva, la que parecía ser la batalla que rompería el estancamiento con una combinación de tecnología y táctica tuvo un desenlace similar a todas las otras batallas de la guerra.

Pero para pagar esas expectativas infundadas "Der Kaiserschlacht" sumó 1.600.000 de víctimas más a la guerra, entre muertos, mutilados y heridos: 688.341 alemanes, 433.000 franceses y 412.837 miembros del commowealth británico.

Poco después los aliados lanzaron su propia ofensiva "de los 100 días" y el ejército alemán ya no pudo más y comenzó a ceder territorio y replegarse. El armisticio se firmó el 11 de noviembre de 1918 tras registrarse casi 20 millones de muertes en un conflicto que dejaría abiertas las puertas a otro aún peor en el futuro cercano.

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