
El dios Ixtlilton en el antiguo náhuatl significa “rostro negrillo” derivado de la raíz de la palabra “ixtli” que significa rostro, “tliltic” que es negro y “tontli” que es un diminutivo. En las creencias prehispánicas, Ixtlilton es el dios de la medicina, de las danzas, de los festivales y de los juegos. En similitud con estos roles, se le asocia con los Centzontotochtin.
Ixtlilton también es conocido con el nombre de Tlaltetecuin que significa “el señor del agua negra tlilatl”. Se llegó a decir que estas aguas negras contaban con propiedades curativas las cuales también servía como tinta en la elaboración de los códices.
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Ixtlilton era el dios prehispánico de la medicina y la curación, por lo que se hacía llamar también el dios curandero, porque la medicina científica no existía en aquel entonces. Gracias a estas adjudicaciones de sus facultados se le consideraba como hermano de Macuilxochitl (cinco flores, en náhuatl), un espíritu masculino encarnado de los hombres que murieron durante las batallas, el dios del bienestar y la buena suerte.
También se decía en las historias que era hermano del dios Xochipilli (príncipe de las flores, en náhuatl) con quien comparte ciertas características y era confundido.
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Ixtlilton, hay que aclarar, no era un ídolo o una pintura, era un ser viviente, un ser humano que encarnaba los poderes para curar, cuando era visto aparecía ataviado con prendas de Huitzilopochtli, especialmente con símbolos solares y abanicos de plumas, y siempre como su propio nombre, la cara pintada de negro.
Su templo era un edificio de tablones pintados que se levantaba a partir de un tendedero o lo que hoy se conocería como un albergue médico y estaba acompañado con varias jarras de agua negra o “tlilatl”. El templo del dios Ixtlilton era conocido como el Tlacuilocan que denota el “lugar del escribano”. Varios escritores señalan que el “Negrito” era el patrono de músicos y danzantes profesionales.
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También era asociado particularmente a la curación infantil y a poder hacerlos hablar, entonces cuando las niñas o niños que estaban enfermos o no habían empezado a hablar cuando ya “estaban en edad” los llevaban al “lugar del escribano” y se les hacía danzar y tomar el agua negra con la que eran sanados.
Si Ixtlilton advertía que la enfermedad era causada por conductas erróneas de los padres, les imponía a ellos severos castigos como ayunos, rogativas o penitencias. Además, en ocasiones, recetaba a los infantes tratamientos a seguir. Francisco Padrón Puyou en su libro Historia de la pediatría en México dice que “se trataba más de un propósito afectivo que de un recurso racional de alcances terapéuticos medicinales”.
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Los padres, como gesto de agradecimiento al curar de sus hijos, ofrecían bailes ceremoniales y oblaciones, de esta manera, también a Ixtlilton se conoce también como una deidad de la fiesta además de la curación.
Se creía que entonces Ixtlilton bajaba al patio para abrir las jarras frescas de licor de pulque, que se habían preparado para la fiesta, y el jolgorio terminaba cuando hacía una especie de examen a las jarras de pulque dedicadas al servicio. Si tenían alguna suciedad, como un cabello o basura pequeña, se decía que el organizador era un hombre de mala vida.
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Además de sus anteriores cualidades y asociaciones, también tiene otra que es con los pintores y con el calendario. Bernardino de Sahagún lo llama un “dios de los antiguos”, ya que, junto con Cipactónal (espíritu de lagarto en náhuatl) y Oxomoco (resina de dos pinos), comparte la responsabilidad de todo el conjunto de fuerzas y acciones que determinan las vidas del pueblo: el calendario, las artes del escriba, el habla, la adivinación y la curación.
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