
Tras el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que informó de un nuevo récord en 2021 respecto del aumento de los cuatro principales indicadores del cambio climático, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, dijo que se trataba de “la sombría confirmación del fracaso de la humanidad para afrontar los trastornos climáticos”.
El trabajo de la OMM, que complementa el presentado por el panel de expertos de la ONU conocido con las siglas de IPCC, recopiló con detalle los datos relativos a estas cuatro realidades globales y sus desalentadores niveles alcanzados durante el año pasado. Niveles que, lejos de mostrar un cambio de trayectoria de la sociedad para esquivar un terrible escenario a causas del cambio climático, confirma que no sólo no se mejora, sino que se vuelven a observar peores parámetros que nunca antes.
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El informe de la OMM destacó los niveles de los principales Gases de Efecto Invernadero: el dióxido de carbono (CO2), el metano y el óxido nitroso. Cada uno de ellos se encuentra por encima del 100% de los niveles que se registraban en la era preindustrial, especialmente el metano que supera el 200%. Estos gases, sobre todo el dióxido de carbono, tienen un efecto directo, tanto en las temperaturas globales como en la salud de los océanos. “Los últimos siete años han sido registrados los más calurosos desde que se tiene constancia y es sólo cuestión de tiempo que se vuelva a batir el récord como año más cálido jamás registrado”, dijo la organización.

Este viernes funcionarios de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) dijo que la cantidad de CO2 que calienta el planeta en la atmósfera rompió un récord en mayo y continúa un ascenso sin barrera. Hay más dióxido de carbono en la atmósfera ahora que en cualquier otro momento en al menos 4 millones de años, dijeron.
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El doctor en Física, Juan Carlos Bolcich, uno de los precursores de los motores de hidrógeno como combustible para motores de combustión interna a nivel mundial, egresado del Instituto Balseiro, dijo recientemente a Infobae que el “carbono de origen fósil estuvo sepultado millones de años, y largarlo al combustionar por los motores a la atmósfera, es lo que ha incrementado el inventario de CO2, que pronto estará en el doble de los valores históricos, y entonces viene el efecto invernadero y todas sus consecuencias”.
Los científicos de la NOAA citados por The New York Times dijeron que la concentración del gas alcanzó casi 421 partes por millón en mayo, el pico del año, ya que las centrales eléctricas, los vehículos, las granjas y otras fuentes en todo el mundo continuaron emitiendo enormes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera. Las emisiones totalizaron 36.300 millones de toneladas en 2021, el nivel más alto de la historia.
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Con el incremento de los niveles de CO2 el planeta se calienta y los efectos directos son más y peores inundaciones, aumento de los calores extremos, sequías e incendios forestales más intensos. Todas consecuencias que ya están sufriendo millones de personas en todo el mundo. Según coinciden los expertos, las temperaturas globales promedio ahora son de aproximadamente 1,1 grado centígrado más altas que en la época preindustrial.
La OMM confirmó que la subida paulatina y progresiva de los termómetros en “los últimos siete años han sido los más cálidos de los que se tiene constancia”, 2021 fue uno de ellos, no el más cálido de todos. Debido a una bajada temporal de las temperaturas que se registró por La Niña al inicio y al final del año.
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“Sin embargo -prosiguió el informe- ese efecto provisional de enfriamiento no invirtió la tendencia general de aumento de las temperaturas. En 2021, la media mundial superó en aproximadamente 1,11 ± 0,13°C los niveles preindustriales”, mencionó el informe.

En 2015 la mayoría de los países firmaron el Acuerdo de París, dentro del marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que acordó limitar ese aumento a 1,5 grados centígrados, pero los crecientes niveles de dióxido de carbono son una prueba más de que los países han avanzado poco hacia el objetivo. Ese es el umbral más allá del cual los científicos dicen que la probabilidad de efectos catastróficos del cambio climático aumentarán significativamente.
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Son “un claro recordatorio de que debemos tomar medidas urgentes y serias para convertirnos en una nación más preparada para el cambio climático”, dijo Rick Spinrad, administrador de la NOAA, en un comunicado. El freno a la economía mundial que supuso la pandemia significó que en 2020 se redujeran los niveles de CO2, pero esto no tuvo un efecto a largo plazo, lamentó Pieter Tans, científico principal del Laboratorio de Monitoreo Global de la NOAA. La tasa de aumento en la concentración de CO2 “simplemente continuó”, aseguró, “y continúa aproximadamente al mismo ritmo que durante la última década”.

Las cantidades de CO2 que se lanzan a la atmósfera varían a lo largo del año, en función de los cambios de estación. El hemisferio norte, con una superficie terrestre y de vegetación mayor que el sur, tiene un mayor efecto en este sentido. De esta forma ese gas aumentan a medida que la vegetación muere y se descompone en otoño e invierno y disminuye en primavera y verano a medida que las plantas en crecimiento absorben el CO2 a través de la fotosíntesis. Por eso el pico se alcanza cada mes de mayo, justo antes de que se acelere el crecimiento de las plantas en el hemisferio norte.
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El doctor Tans junto a los colegas de su laboratorio calcularon la concentración máxima de este año en 420,99 partes por millón, según los datos de una estación meteorológica de la NOAA situada en la cima del volcán Mauna Loa en Hawái. Las observaciones las comenzó en ese lugar a fines de la década de 1950 un científico de la Institución Scripps de Oceanografía, Charles David Keeling, y el registro a largo plazo se conoce como la Curva de Keeling.
Según reveló NYT, los científicos de Scripps todavía hacen observaciones en Mauna Loa bajo un programa dirigido por el hijo del doctor Keeling, Ralph Keeling. Utilizando esos datos independientes, que son similares a los de la NOAA, calcularon la concentración en 420,78.
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Las dos cifras implican aproximadamente 2 partes por millón más altas que el récord del año pasado. Este pico está 140 partes por millón por encima de la concentración promedio en los días preindustriales, que fue de alrededor de 280 partes por millón. Desde entonces, los seres humanos han emitido alrededor de 1,6 billones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.
Las noticias no son buenas respecto de la posibilidad de revertir tan rápido como es necesario este incremento, ya que para cumplir con el Acuerdo de París y limitar a 1,5 grados el calentamiento, las emisiones deben alcanzar el “cero neto” para 2050, lo que significa recortes bruscos, con las emisiones restantes compensadas por la absorción de dióxido de carbono por parte de los océanos y la vegetación. Si el mundo se acercara a ese objetivo, la tasa de aumento de los niveles de dióxido de carbono se ralentizaría y la Curva de Keeling se aplanaría.
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Tans explicó que si las emisiones se eliminaran por completo, la Curva de Keeling comenzaría a descender, ya que los océanos y la vegetación continuarían absorbiendo el dióxido de carbono existente en el aire. La disminución de la concentración atmosférica continuaría durante cientos de años, aunque progresivamente sería más lenta, dijo. Esto permitiría alcanzar en algún momento el equilibrio, agregó, aunque las concentraciones de CO2 en la atmósfera y los océanos serían más altas que en los niveles preindustriales y se mantendrían así durante miles de años.

El científico explicó que en un período de tiempo tan largo, los niveles del mar podrían aumentar significativamente a medida que se derrita el hielo polar y podrían tener lugar otros cambios, como la conversión de la tundra ártica en bosques. “Es esa cola larga lo que realmente me preocupa”, dijo Tans. “Eso tiene el potencial de cambiar realmente el clima”.
Según la OMM, la acumulación de gases que lleva a la Tierra a acumular energía también tiene consecuencias directas en los océanos. Alrededor del 90% de este exceso calórico acaba en ellos. Las mediciones se hacen hasta los 2.000 metros de profundidad y todos los conjuntos de datos coinciden en que las tasas de calentamiento de los océanos muestran un aumento particularmente fuerte en las últimas dos décadas y cada vez más profundas.
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