
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima es el foro político más importantes para debatir el rumbo global de la producción industrial y de las políticas públicas para frenar el calentamiento global. Un debate entre líderes mundiales y distintas organizaciones civiles, con complejas negociaciones intergubernamentales. Después de la suspensión de la Conferencia de las Partes (COP) en 2020 a causa de la pandemia, el 31 de octubre será el turno de la nueva COP 26 en Glasgow, Reino Unido.
Desde la firma del Acuerdo de de París en 2015, la transición hacia una economía y energías más limpias ha progresado, pero demasiado lentamente como para limitar el calentamiento a 2 ºC o 1,5 ºC en relación a los niveles preindustriales. Parte del cumplimiento de esas metas es el desafío de la COP26.
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El objetivo es llegar a acuerdos concretos que permitan reinventar nuestra forma de vestir, comer, transportarnos, consumir, producir y vivir en la Tierra, porque lo que está en juego, recordemos, es la habitabilidad del planeta para miles de especies de mamíferos, reptiles, aves, anfibios, peces, plantas, entre otros, y para millones de personas.
“La COP26 es tal vez la reunión más importante desde la Segunda Guerra Mundial”, expresó L. C. Cohen, presidente de Panamá, en el Diálogo de alto nivel sobre Acción Climática en las Américas. “Si queremos evitar una catástrofe de proporciones globales, esta reunión no puede fracasar”, sentenció ante la escucha activa de las máximas autoridades de la región.
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Para frenar la emisión de gases de efecto invernadero es necesario mutar de la economía capitalista exacerbada, cuyo centro neurálgico es el beneficio, hacia una economía basada en el ser humano y la proliferación de los ecosistemas naturales. No es posible que la producción industrial crezca indefinidamente porque el planeta no lo permite y no hay recursos no renovables suficientes. El beneficio debe existir, pero en su sitio: al final de la cadena.
Es momento de pasar de un modelo extractivista, consumista, lineal, individualista, devoto de las burbujas financieras; a un modelo colaborativo, circular, del bien común, regenerativo y resiliente. El Foro Económico Mundial, en su Informe de riesgos globales 2020 para organismos públicos y privados, estableció a la pérdida de biodiversidad, la falla en la acción climática, los climas extremos, la crisis hídrica, y los desastres naturales ocasionados por los seres humanos, entre los diez riesgos más importantes de la década. Cinco de diez, en concreto, ligados a la crisis socioambiental.
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Hace dos años, durante la COP25 en Madrid (2019), disertaron presidentes, ministros, funcionarios, delegados y personalidades. Muchos se extendieron en promesas y hermosas palabras. Se anunció el Pacto Verde de la Unión Europea, la Coalición de Ministerios de Finanzas, inversiones por 300.000 millones de euros anuales, el Plan de Acción de Género, etcétera.

Después, llegó la pandemia por COVID-19, la asunción de Joe Biden en la Casa Blanca y las populares propuestas de canje financiero por deuda ecológica de los países del Sur global. En el medio, seguimos igual. O distintos, quizás, y todavía queda un largo camino: ¿Cómo materializar los compromisos asumidos en cumbres anteriores?
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En vísperas de una nueva COP, es importante preguntarse qué se espera de esta cumbre. Algunas cuestiones ya son sabidas: grandes anuncios, activismo dentro y fuera del predio, movilizaciones globales, conversatorios, alianzas, negociaciones y una enorme difusión de la prensa.
El movimiento juvenil fue uno de los primeros que abrazó la urgencia de frenar el calentamiento global. Los pedidos que la juventud hará en la COP26 serán:
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- planes concretos, reales e inclusivos de transición energética
- facilitar el acceso a la financiación para la acción climática y establecer mecanismos transparentes y responsables
- garantizar la participación de los y las jóvenes en los procesos de toma de decisiones con implicancias en el cambio climático (los herederos de las decisiones deben tener una voz importante en la mesa)
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-educar integral y universalmente sobre el cambio climático, adaptando el mensaje a cada realidad
La gran transición para dejar de emitir gases de efecto invernadero en la atmósfera no es solo una cuestión del clima, es la búsqueda de un mundo pacífico, justo, sin pobreza, sin hambre, con igualdad de oportunidades y de género, educado, lleno de vida submarina y ecosistemas terrestres sanos. Es cumplir con todos los objetivos de desarrollo sostenible.
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Esta será la primera reunión mundial del clima desde el inicio de la pandemia. Y la primera con tantos actores sociales involucrados. Pase lo que pase, la conclusión se orientará en el mismo sentido: el pensamiento debe ser global, pero la acción local.
Por lo tanto, cada individuo, pueblo, ciudad, provincia, país y continente se llevará una simple tarea para el hogar: es tiempo de actuar.
* Maximiliano Mazzocco es fundador de Eco House Global. Co-organizador de la Cumbre Climática de la Juventud N°1 para América Latina y el Caribe (RCOY LAC 1). Delegado Juvenil en la COP26
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