Golden State Killer: una saga sangrienta de violaciones y asesinatos que estremeció a California y permaneció impune por 34 años

Entre 1973 y 1986 Joseph DeAngelo atacó al menos a 106 menores, mujeres y hombres, sin que la policía de 11 condados lograra siquiera una pista fehaciente. Nunca se sabrá el total de casos, pero acaba de ser condenado a 26 cadenas perpetuas por aquellos que confesó implicado por su ADN: 13 homicidios y 50 violaciones

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Testimonio de la madre y la tía de Deborah Strauss, quien murió en 2016

Cuando Jeffrey Epstein apareció muerto en su celda del Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, muchas de sus víctimas recibieron la noticia con furia:

—¡No va a dar la cara en los tribunales ante las sobrevivientes de sus abusos! —dijo una.

—Ahora nunca voy a poder ponerle punto final a esto —otra.

—Hasta eso nos quitó —una tercera.

Ese mismo era el destino al que se habían resignado las víctimas del Golden State Killer: tras cuatro décadas de investigación, seguía como un misterio sin resolver. Cada tanto alguna pista nueva revivía su dolor: en 2001, por ejemplo, se determinó que el violador serial del norte de California era la misma persona que cometía asesinatos seriales en el sur del estado. Eso lo puso en las grandes ligas del crimen, junto al Merodeador Nocturno (Richard Ramirez, 14 asesinatos en dos años) y el Asesino del Zodíaco, nunca descubierto.

Cuando se seguía el rastro de unas manchas de pintura, que no condujeron a la detención de Joseph DeAngelo, realizada en 2018 gracias al ADN, la Víctima 5 logró sacarlo de su vida: “Ya lo he perdonado. Fue un peso demasiado grande que cargué durante demasiado tiempo”, dijo en 2013. Otras fueron a la tumba sin haber tenido la oportunidad de cerrar las heridas, como Debborah Strauss, quien murió en 2016.

Joseph James DeAngelo, el Golden State Killer, fue condenado a sucesivas cadenas perpetuas sin opción de libertad condicional, por 13 cargos de homicidio y 50 de violaciones. (Santiago Mejia/Pool via REUTERS)
Joseph James DeAngelo, el Golden State Killer, fue condenado a sucesivas cadenas perpetuas sin opción de libertad condicional, por 13 cargos de homicidio y 50 de violaciones. (Santiago Mejia/Pool via REUTERS)

Pero muchas de las sobrevivientes de sus violaciones y los familiares de los asesinados tuvieron, por fin, 34 años más tarde, la oportunidad de enfrentarlo en los tres días de audiencia que el juez Michael Bowman, titular del Tribunal Superior de Sacramento, habilitó para que hablaran, antes de condenar a DeAngelo. El proceso se cerró este viernes 21 de agosto, cuando el Golden State Killer recibió una sentencia 11 sucesivas cadenas perpetuas sin opción de libertad condicional, más otras 15 cadenas perpetuas adicionales, por 13 homicidios y 50 violaciones.

DeAngelo, un ex policía y ex mecánico, de 74 años, desorientó a los investigadores de 11 condados de California durante las décadas de 1970 y 1980. Detenido, a cambio de no recibir la pena de muerte, confesó haber atacado a 87 víctimas. Nunca se sabrá exactamente la cantidad.

Al leer su dictamen, Bowman expresó su deseo de que “los sobrevivientes encuentren algún cierre, algo de paz, y al menos un poco de justicia”. Tras la larga enumeración de los delitos impuso muchas de las cadenas perpetuas de manera consecutiva, es decir que se deben cumplir una después de la otra, no al mismo tiempo, con lo cual la cantidad de años es simplemente imposible para un humano. Como el juez también indicó que no es posible la libertad condicional en la mayoría de los delitos, DeAngelo morirá en la cárcel. Dado todo lo que se escuchó, agregó Bowman, “el acusado no merece clemencia”.

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La coartada perfecta: ser policía

Los zapatos deportivos negros, el pasamontañas. Los ojos claros; la pausa inexplicable en la cocina de las víctimas, a veces para comer, a veces para llorar mientras murmuraba “Mamá, mamá”. Las armas, las sogas. “Voy a desaparecer en la oscuridad”: la frase que reiteraba, como su marca registrada, para advertir a todas que permanecería al acecho. La respiración en el teléfono, antes de la amenaza: “Te voy a matar”. Durante décadas, esas coincidencias fueron armando un rompecabezas. Pero siempre faltaban las piezas centrales.

Primero se pensó que se trataba de tres personas diferentes: un asaltante de casas en el Valle Central de California, un violador serial en el norte del estado y un asesino serial en los condados vecinos a Los Angeles. Luego algunos detalles parecieron delinear una hipótesis peor: en una de las primeras casas robadas, el asaltante había intentado secuestrar a una adolescente y el padre, que quiso impedirlo, terminó asesinado. ¿Fue Claude Snelling el primer muerto que dejó el Golden State Killer, el 11 de septiembre de 1975? ¿Era posible que los tres delincuentes fueran, en realidad, una misma persona?

Joseph James DeAngelo trabajó en el departamento de policía de Exeter entre 1973 y 1976, al mismo tiempo que la ciudad vecina de Visalia sufrió una ola de casi 100 robos similares en casas. (Santa Barbara County Sheriff's Office)
Joseph James DeAngelo trabajó en el departamento de policía de Exeter entre 1973 y 1976, al mismo tiempo que la ciudad vecina de Visalia sufrió una ola de casi 100 robos similares en casas. (Santa Barbara County Sheriff's Office)

Snelling vivía en Visalia, una localidad sin mayor gracia que la proximidad de las sequoias. También muy cercana a Exeter, donde DeAngelo, un joven destacado por su servicio en la Marina durante la guerra de Vietnam, se había sumado al departamento de policía en 1973. Los asaltos en la zona ocurrieron entre abril de 1974 y diciembre de 1975, pero nadie sospechó de DeAngelo: su trabajo le daba, a la vez, una coartada ideal y un acceso privilegiado a la información.

Ahora se cree que esas incursiones fueron el kindergarten del asesino serial, la práctica en la búsqueda de un método: “Usaba una herramienta para entrar y saqueaba la residencia entera. Tomaba objetos pequeños, baratos. Siempre tenía una ruta de escape planeada y empleaba platos como un sistema de alarma”, recordó el jefe de la policía de Visalia, Jason Salazar, cuando DeAngelo fue detenido, en 2018.

Gay Hardwick y su esposo, Bob Hardwick, junto con la fiscal Tori Verber Salazar, en el segundo día de audiencias en el que las víctimas conforntaron al Golden State Killer. (Santiago Mejia/Pool via REUTERS)
Gay Hardwick y su esposo, Bob Hardwick, junto con la fiscal Tori Verber Salazar, en el segundo día de audiencias en el que las víctimas conforntaron al Golden State Killer. (Santiago Mejia/Pool via REUTERS)

Poco tiempo después del asesinato de Snelling un oficial impidió un asalto; en la huida, el sospechoso disparó pero sólo destrozó la linterna del agente.

Bastó esa frustración para que DeAngelo se detuviera por un tiempo. Fue por esa misma época cuando renunció a la policía de Exeter, en 1976.

Durante esa primera etapa también se casó con Sharon Huddle, un matrimonio que duró 40 años. “Ahora vivo consciente de cómo él asaltó y destrozó las vidas de cientos de personas inocentes, y asesinó a otras 13″, escribió la mujer en una carta al tribunal. “Confié en el acusado cuando me decía que tenía que ir a trabajar, o que iba a cazar faisanes o a visitar a sus padres, a cientos de kilómetros de distancia. He perdido la capacidad de confiar en la gente. Nunca volveré a ser la que era”.

Los años del Violador de la Zona Este

DeAngelo continuaría con su escuela autodidacta de violencia en otra zona, los alrededores de Sacramento. Mantenía su fachada: trabajaba en el departamento de policía de Auburn, al norte de la capital de California. La perdió en 1979 cuando lo despidieron por haber robado un martillo y un repelente de perros en una tienda.

Uno de los sketches del Violador de la Zona Este, como se conoció inicialmente al Golden State Killer, hecho a partir del testimonio de una víctima.
Uno de los sketches del Violador de la Zona Este, como se conoció inicialmente al Golden State Killer, hecho a partir del testimonio de una víctima.

El 18 de junio de 1976 la policía recibió la que se cree fue la primera denuncia de los crímenes que cometería el Violador de la Zona Este, como se lo iba a llamar: una mujer había sufrido un ataque sexual en su casa y el perpetrador se había llevado algunos objetos. Hacia el fin del año se habían acumulado otras nueve denuncias de violación similares. Las descripciones que las víctimas hacían del sujeto, de su ropa y su pasamontañas, de sus armas y sus sogas, parecían calcadas.

Pasó un año entero sin que la policía lograra detenerlo: en diciembre de 1977 DeAngelo había atacado otras 28 veces. Los titulares en los periódicos se sucedían casi idénticos: “El Violador de la Zona Este atacó a su víctima 22 en Orangevale”, “El Violador de la Zona Este atacó a su víctima 22 en la casa”.

Entre los testimonios de las víctimas, la policía observó un indicio de cambio en la conducta del sospechoso: dijo que iba a matar a las que les siguieran. Cuando el 28 de febrero de 1978 Brian y Katie Maggiore fueron asesinados en Sacramento, presuntamente en un intento por secuestrar a la mujer, se comprobó que había un cambio en el modo de operar. Se alertó a otras localidades de California: los investigadores predijeron que el nuevo ciclo criminal podía implicar también la mudanza del perpetrador.

Dolly Kreis, la madre de Deborah Strauss, violada por el Golden State Killer en 1979, le mostró una foto de su hija, muerta en 2016, a DeAngelo. (Santiago Mejia/San Francisco Chronicle via AP)
Dolly Kreis, la madre de Deborah Strauss, violada por el Golden State Killer en 1979, le mostró una foto de su hija, muerta en 2016, a DeAngelo. (Santiago Mejia/San Francisco Chronicle via AP)

A mediados de 1978 la policía de Modesto, al sur de Sacramento, contaba ya 35 violaciones de características idénticas. Durante 1979 los ataques sexuales se multiplicaron en otro condado, el de Contra Costa, y por primera vez se identificó una menor de edad entre las víctimas: una chica de 13 años.

Evolución de un asesino serial

Ya graduado de asesino, DeAngelo logró ocultar que sus delitos en Sacramento estaban vinculados a los asesinatos que comenzaron a suceder en la costa sur de California, en Santa Barbara y Ventura, al norte de Los Angeles, y en Laguna Nigel e Irvine, al sur de la ciudad. Las autoridades vincularon los nuevos casos entre sí, pero los atribuyeron a un Merodeador Nocturno. Pero luego de la detención de Ramírez, por 14 asesinatos y 11 violaciones entre 1984 y 1985, en un caso tan resonante que le robó el apodo, comenzaron a llamarlo el Merodeador Nocturno Original.

Los crímenes de DeAngelo en su nuevo territorio comenzaron en octubre de 1979.

De las violaciones seriales cerca de Sacramento a los asesinatos cerca de Los Angeles, todos los medios hablaban de la falta de indicios y motivos en los casos.
De las violaciones seriales cerca de Sacramento a los asesinatos cerca de Los Angeles, todos los medios hablaban de la falta de indicios y motivos en los casos.

Los voy a matar, los voy a matar —canturreaba DeAngelo en la cocina de una residencia en Goleta. Eran las 2:20 de la madrugada y había dejado atada a la dueña de casa en el living y también a su novio, en el dormitorio.

En algún momento la mujer logró zafar las sogas de sus pies y salió por la puerta principal, gritando tanto que despertó a los vecinos; el novio aprovechó para saltar, aun atado, hacia el patio trasero, por la ventana. Mientras el DeAngelo escapaba, un testigo lo vio.

“Luego de aquel ataque fallido ninguna de sus víctimas sobreviviría para describirlo”, escribió Michelle McNamara, periodista de policiales que murió en 2016 y pasó años estudiando el caso. Ella creó el apodo del Golden State Killer y escribió un libro, I’ll Be Gone in the Dark, que se publicó en 2018 y dio origen a un documental de HBO.

Joseph James DeAngelo asistió a las declaraciones de algunas de sus víctimas sobrevivientes en el tribunal del condado de Sacramento. (Santiago Mejia/San Francisco Chronicle via AP)
Joseph James DeAngelo asistió a las declaraciones de algunas de sus víctimas sobrevivientes en el tribunal del condado de Sacramento. (Santiago Mejia/San Francisco Chronicle via AP)

“Casi tres meses más tarde, en la mañana del 30 de diciembre, a un kilómetro al sur de donde sucedió el ataque en octubre, los detectives de Santa Barbara se presentaron en el apartamento de Robert Offerman”, siguió McNamara. “Afuera una mujer lloraba: ’Hay dos personas muertas en el interior’, dijo. Los cuerpos estaban en el dormitorio. La novia de Offerman, la psicóloga Debra Alexandria Manning, de 35 años, yacía sobre el lado derecho de la cama de agua, desnuda y atada. Offerman, un osteópata de 44 años, estaba de rodillas en el suelo”. La mujer había comenzado a desatarse y había sido baleada primero.

Larry Crompton, que investigaba los casos de Contra Costa, leyó la noticia y pensó: “Es él, estoy seguro”. Llamó al sheriff de Santa Barbara para compartir su corazonada.

La policía vincula los casos

El modus operandi del Golden State Killer era tan consistente que los objetos de las escenas del crimen hacían pensar en un asesino serial.
El modus operandi del Golden State Killer era tan consistente que los objetos de las escenas del crimen hacían pensar en un asesino serial.

El 17 de marzo de 1980 Gary Smith, de 12 años, llegó a la casa de su padre, Lyman Smith, para pasar con él y su nueva esposa, Charlene, el fin de semana. Abrió la puerta con su llave y los llamó, pero ninguno parecía estar en la casa.

Se asomó a la cocina, al estudio de su padre, un abogado reconocido en Ventura, finalmente al dormitorio. Allí lo encontró boca abajo, sobre la cama, con la cabeza ensangrentada; a su lado vio los contornos de otro cuerpo, el de Charlene, cubierto por una sábana, también manchada de sangre en la parte superior.

Unas 350 personas fueron al funeral de la pareja. Eso puso más presión sobre la investigación. “La policía no tiene sospechosos, ni pistas nítidas ni motivo para este caso. Han pasado tres semanas y dos días”, marcó el Ventura County Star. La primera semana la oficina del sheriff había designado a cuatro detectives, que trabajaron los siete días con pocas pausas para dormir. Pero no habían encontrado nada valioso; sólo habían logrado comprender que la advertencia de Crompton podía ser acertada.

Patricia Cosper, hija de Patricia Murphy, una sobreviviente entre las víctimas del Golden State Killer, lo enfrentó y le hizo un gesto obsceno durante las audiencias previas a la sentencia de DeAngelo. (Santiago Mejia/Pool via REUTERS)
Patricia Cosper, hija de Patricia Murphy, una sobreviviente entre las víctimas del Golden State Killer, lo enfrentó y le hizo un gesto obsceno durante las audiencias previas a la sentencia de DeAngelo. (Santiago Mejia/Pool via REUTERS)

Keith y Patrice Harrington, que vivían en una comunidad cerrada en Dana Point, fueron las siguientes víctimas”, escribió McNamara. “Luego vino Manuela Witthuhn en Irvine. Las escenas se replicaban entre sí: las mujeres eran todas bellas y delgadas y tenían las manos atadas a la espalda; alrededor de cada casa había huellas de calzado Adidas número 9. El violador había evolucionado, era un asesino serial. La transformación sólo parecía perfeccionar su disciplina. El asesinato parecía saciarlo más que la violación, y los crímenes comenzaron a espaciarse”.

En julio de 1981, cuando DeAngelo volvió a Goleta y asesinó a otra pareja, Cheri Domingo y Gregory Sanchez, la policía trazó un perfil psicológico del autor en el que se aludía a sus conocimientos de los métodos de investigación y la búsqueda de pruebas, su buena condición física y la gran probabilidad de que solo tuviera relaciones sexuales con prostitutas. Era inteligente y articulado, también organizado y cuidadoso de su aspecto y su automóvil. Odiaba a las mujeres y se sentía seguro de sí.

En ese momento, el Golden State Killer pareció esfumarse. Sólo volvió a actuar —que se sepa— una sola vez, en mayo de 1986, cuando ató, violó y mató a golpes a Janelle Cruz, de 18 años.

El ADN delator

En 2016 la fiscal Anne Marie Schubert creó una fuerza especial para el caso del Golden State Killer y el FBI ofreció una recompensa de USD 50.000 por información fehaciente.
En 2016 la fiscal Anne Marie Schubert creó una fuerza especial para el caso del Golden State Killer y el FBI ofreció una recompensa de USD 50.000 por información fehaciente.

DeAngelo trabajó como mecánico en los almacenes del supermercado Save Mart, en Roseville, un suburbio de Sacramento, durante 27 años, mientras el mundo se llenaba de computadoras, teléfonos celulares y servidores de internet; mientras se decodificaba el genoma humano y luego se popularizaban los estudios genéticos para conocer la ascendencia. Sus compañeros lo consideraban “un tipo común” y le hicieron una pequeña despedida en 2017, cuando se jubiló.

Vivía con su hija y su nieta en Citrus Heights, otro suburbio de la capital de California, cuando la fiscal Anne Marie Schubert creó una fuerza especial para que se aplicara la nueva tecnología en el caso del Golden State Killer. La Agencia Federal de Investigaciones (FBI) ofreció una recompensa de USD 50.000 por información fehaciente.

Steve Grippi, adjunto de Schubert, organizó que se contrastaran las muestras de ADN tomadas en las escenas de los crímenes, tan numerosas y tan antiguas, con la información de las páginas de estudios de ADN como Ancestry y Genealogy. Así detectó que en GEDmatch, una base de datos de administración informal, donde un millón de personas habían subido sus análisis de ADN para buscar familiares, surgía el nombre de DeAngelo.

DeAngelo fue detenido en 2018 gracias a la identificación de su ADN en las escenas de los crímenes. (AP)
DeAngelo fue detenido en 2018 gracias a la identificación de su ADN en las escenas de los crímenes. (AP)

Durante seis días la policía vigiló al hombre de 72 años; como se estableció una causa probable, obtuvieron un objeto desechado que permitió confirmar que, en efecto, el ADN lo señalaba.

Cuando lo detuvieron, DeAngelo “se mostró muy sorprendido”, dijo el sheriff Scott Jones. Acaso pensaba que su caso había quedado ya eternamente archivado. Mientras se lo llevaban, les pidió a los agentes que apagaran el horno en su cocina, donde estaba cocinando algo. Le dijeron que no se preocupara.

“Las autoridades han llamado a Joseph James DeAngelo de muchas maneras: el Violador de la Zona Este, el Saqueador de Visalia, el Merodeador Nocturno Original Night y el Golden State Killer,” dijo el fiscal Tony Rackauckas al hacer pública la detención. “Hoy nos da gusto llamarlo acusado”.

Sin remordimiento

Durante tres días el juez Michael Bowman, titular del Tribunal Superior de Sacramento, escuchó a las víctimas del Golden State Killer antes de pronunciar la sentencia de DeAngelo. (REUTERS/Fred Greaves)
Durante tres días el juez Michael Bowman, titular del Tribunal Superior de Sacramento, escuchó a las víctimas del Golden State Killer antes de pronunciar la sentencia de DeAngelo. (REUTERS/Fred Greaves)

Mientras sus víctimas por fin lo confrontaban, DeAngelo apenas parpadeó. En un momento hasta el juez Bowman se emocionó, al escuchar a la tía de Strauss. Pero el criminal confeso parecía imperturbable: Sólo dijo “sí”, “no”, “culpable” y “lo admito”, para cumplir con las formalidades de su identificación y el reconocimiento de los cargos, siempre con voz débil.

Eso le molestó al fiscal Thienvu Ho, quien pidió que se mostraran videos de DeAngelo en la cárcel, realizados en junio y julio, donde se lo veía realizando actividades. “No tiene deficiencias físicas o mentales”, protestó, aunque se lo viera llegar al tribunal en silla de ruedas; al contrario, mantenía un cuerpo “muy flexible y fuerte, contra la imagen que ha mostrado a este tribunal”. Pero ni eso ni su recuerdo de que hace un año el detenido había sido grabado “cometiendo un acto sexual mientras miraba a alguien fuera de su celda” hicieron que Bowman aceptara el pedido.

¿Qué importancia tenía si podía caminar o no, ante la magnitud de los 13 homicidios y las 50 violaciones que había reconocido? Entre 1973 y 1986 DeAngelo había atacado al menos a 106 menores, mujeres y hombres en 11 condados: ¿era relevante que pudiera conducir su moto en la autopista hasta su detención o hacer sentadillas en prisión? Nadie, estimó el juez, se engañaba sobre la naturaleza de los hechos. El resto era anecdótico.

Mientras sus víctimas lo confrontaban, con testimonios que llegaron a conmover al juez Bowman, el Golden State Killer apenas parpadeó.  (REUTERS/Fred Greaves)
Mientras sus víctimas lo confrontaban, con testimonios que llegaron a conmover al juez Bowman, el Golden State Killer apenas parpadeó. (REUTERS/Fred Greaves)

Una tras otra, las mujeres contaron al tribunal las distintas maneras en que la vida de una persona puede ser descarrilada por otra. Algunas destacaron que se habían sobrepuesto, otras confesaron que nunca lograron volver a ser libres en su interior; algunas se dirigieron a él para repudiarlo y otras simplemente para hacerle la pregunta que las atormentó desde el ataque: “¿Por qué?”.

Jennifer Carole, hija de Lyman Smith, lamentó que la pérdida de un ser querido pueda causar un dolor más allá del sistema de normas sociales: “La justicia no es posible en este caso. Y por eso, no puedo tener paz”. Elizabeth Hupp, hija de Snelling, dijo que ha vivido con un sentimiento de culpa porque su padre fue asesinado para salvarla a ella. Y Debbie Domingo-McMullan, hija de Cheri Domingo, asesinada junto con su novio, Greg Sanchez, contó todo lo que fue arrancado de su vida junto con su madre: “Me robó mi visión del futuro. Me quitó el deseo y la pasión de mirar hacia delante, de tener objetivos, de luchar por el éxito. Me dejó vacía”.

La madre de Strauss, que mostró la foto de su hija muerta hace cuatro años, sintetizó el sentimiento general: “Te tendrían que enviar a la prisión más dura de toda California. Eres una muestra despreciable de la humanidad”. Pero ni siquiera entonces DeAngelo hizo un gesto, como congelado en su uniforme naranja, cubierta la boca por un barbijo blanco.

Infografía: Marcelo Regalado

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