Los Rens de New York, creados en 1923, fueron el primer equipo profesional de negros
Los Rens de New York, creados en 1923, fueron el primer equipo profesional de negros

“El básquet es un deporte de negros. Y lo será por siempre”. No fue ninguna estrella afroamericana quien pronunció esta frase que se ajusta mucho a la historia y al presente del segundo deporte más practicado del mundo. En realidad, el autor resultó ser Larry Bird, para muchos el mejor jugador blanco de la historia. "Ellos son los grandes atletas del mundo”, agregó la gran figura de los Celtics y la NBA en los años 80. Justamente Bird hace referencia a una raza que, por sus características físicas, claramente tiene mayores facilidades para el básquet: altura, potencia, velocidad, capacidad atlética y versatilidad. Atributos que, en muchos casos, se combinaron en los mismos jugadores y que siempre fueron muy determinantes para este deporte. No es casualidad, entonces, que hoy en día casi el 80% jugadores de la NBA sea de ascendencia afroamericana y que 52 de los 63 premios al mejor jugador de la fase regular (MVP) hayan quedado en sus manos. Pero, claro, no siempre fue así porque hablamos de una etnia que sufrió una apabullante discriminación y segregación durante más de 200 años. Por eso los que iniciaron el camino merecen un reconocimiento y aquí, entonces, vas a conocer la historia del primer equipo profesional de afroamericanos que ayudó a romper barreras sociales y, a la vez, del mejor conjunto de básquet que nunca conociste… O, al menos, del que menos escuchaste hablar. Uno que ganó más de 2000 partidos.

Para eso, claro, hay que volver 100 años atrás. En ese momento de la historia ya habían pasado seis décadas desde la promulgación de la 13ra Enmienda que prohibía la esclavitud en Estados Unidos. Sin embargo, el racismo en el país seguía arrasando. En muchos estados, sobre todo los del Sur, la gran mayoría de los afroamericanos no podía votar (en Alabama, por caso, apenas el 2%) y era fuertemente segregado. Había espacios, servicios y leyes para blancos. Y otros, claro, para afroamericanos. Desde baños a colectivos pasando por escuelas y hospitales. Recién a partir del movimiento encabezado por el pastor activista Martin Luther King, ganador del premio Nobel de la Paz en 1964 por sus resonantes luchas no violentas, los afrodescendientes empezaron a tener una mayor igualdad de derechos con respecto a los blancos. Pero 40 años atrás, previo a la lucha histórica que King dio antes de ser asesinado, los de raza negra tenían derecho a muy poco...

Hablamos de una época en la cual no había equipos afroamericanos en fútbol americano o béisbol. ¿Cómo los iba a haber si muchos blancos sólo buscaban subyugar y humillar a los descendientes de africanos? La segregación estaba en la sociedad y el deporte no era una isla. Pero, cuando la realidad parecía un muro imposible de saltar, aparecieron héroes que, con una pelota de por medio, ayudaron a cambiar una penosa realidad. Hasta ese año, los de raza negra sólo podían competir en torneos para “coloured people” y ocasionalmente contra blancos sólo con el objetivo de vender más tickets. Pero, en realidad, nunca era posible en una competencia seria y menos por un torneo nacional. Había algunos profesionales afroamericanos, pero ganaban muy poco dinero. O, al menos, mucho menos que los blancos. Hasta que apareció Robert Bob Douglas, un empresario de ascendencia caribeña que no conocía el básquet pero, cuando lo hizo, se enamoró de un deporte que estaba en pleno auge en Estados Unidos. Así fue que, en 1908, arrancó fundando una especie de club amateur para afroamericanos llamado Spartan Field Club, en los que los niños de raza negra podían competir, y luego dio un paso más, creando los Spartan Braves, un equipo de básquet del cual formó parte como jugador y manager, y que le permitió ganar fácilmente el torneo amateur nacional en 1921.

La popularidad del básquet, especialmente en Nueva York, era tal en la época que la profesionalización fue un paso inevitable, especialmente en Harlem. Los partidos se jugaban mayormente en casinos y grandes bares nocturnos, con mucha concurrencia de gente hasta convertirse en eventos sociales, con bandas de música tocando en vivo y estrellas de la música (como Duke Ellington y Count Basie) y el baile, en la previa, durante y después de los encuentros. Así, con los eventos ya convertidos en moda, las ganancias crecieron para los dueños de los locales y de los equipos. Y entonces, inevitablemente, el profesionalismo llegó. Douglas, siempre adelantado, hizo un acuerdo con otro empresario, William Roach, dueño del afamado casino Renaissance en la Séptima Avenida (entre la 137 y la 138) en NY. Douglas le ofreció a su equipo y cedió buena parte de las entradas vendidas, y en contraprestación recibió un lugar para entrenar y jugar. Como parte del trato, aceptó cambiar el nombre del team, que pasó a llamarse The Renaissance Big 5, con el tiempo más conocido como The Rens. Tras la firma del contrato, el conjunto empezó a funcionar el 13 de febrero de 1923. Una fecha histórica.

El casino tenía un amplio salón de baile, donde se ubicaban unos aros en los extremos y se alistaban decenas de sillas para que la gente presenciara el espectáculo, luego fácilmente rebatibles para hacer lugar para el baile postpartido. Allí debutaron los Rens, el primer equipo de afroamericanos netamente profesional en la historia. Fue el 3 de noviembre de ese año y el partido terminó con un triunfo por 28-22 sobre un equipo de blancos, el Collegiate Five. Fue apenas el comienzo de un equipo que ayudaría, como parte de un todo, a cambiar la triste realidad que sufrían los de raza negra. Hubo dudas, en el momento, por la avasallante presión del statuo quo, sobre la durabilidad de la creación, pero los Rens llenaron el salón cada sábado, sobre todo cuando jugaron contra rivales blancos, lo que generaba un interés (y morbo) mayor.

Las épocas, generalmente, también las marcan las grandes rivalidades y los Rens tuvieron una muy interesante, con los Original Celtics, un equipo formado en su totalidad por jugadores blancos que nada tiene que ver con el equipo de Boston que luego dejaría una huella en la NBA. Los Celtics, en esos primeros años, eran un mejor equipo, con Joe Lapchick a la cabeza, un pivote versátil de 1m96 que era la estrella de la época: jugaba cuatro ligas a la vez y, dicen, llegaba a cobrar 75 dólares por partido, una fortuna para esos años. Sin embargo, los Rens desarrollaron un juego rápido y de muchos pases hasta convertirse en el único team profesional capaz de ganarles a los Celtics. De hecho, lo hicieron en siete de los 15 partidos que disputaron durante cinco años. Cuando los Celtics fueron desmantelados en 1928, por ser una amenaza contra la American Basketball League (la ABL fue una competencia que se afianzó entre 1925 y 1955), los Rens quedaron como los amplios dominadores de la costa Este. La ABL los rechazó por años, justamente por estar formado por afroamericanos (recién en 1948 aceptó su ingreso a un torneo que había comenzado su declive), pero eso no detuvo el avance apabullante de este equipo de afroamericanos que, entre 1932 y 1933, ganó 88 partidos seguidos (muchos de visitantes, en climas hóstiles), un récord que ningún otro equipo, antes o después, pudo superar oficialmente en USA.

En 1939, además, The Renaissance Big 5 logró su máximo hito de la historia: ganó el título mundial (no oficial), en el Chicago Stadium, luego de vencer en la final a los intimidantes Oshkosh All-Star por 34-25 y en semifinales a los mismísimos Harlem Globetrotters (27-23). El World Professional Basketball Tournament fue un torneo de alto nivel que tuvo además como participantes a equipos de la National Basketball League, una liga que se desarrolló entre 1937 y 1949, cuando se fusionó con la ABA para formar la actual NBA. Al año siguiente, los Rens resultaron subcampeones al perder la final contra los míticos Minneapolis Lakers de George Mikan, que eran los campeones defensores de la NBL y pocos años después (en 1960) se mudarían a la NBA. En 26 años de vida, los Rens lograron un devastador récord de 2.318 triunfos y 381 derrotas, un apabullante 86% de victorias.

Los Rens de New York ganaron 2318 de los 2699 partidos y un título mundial en una época de máxima discriminación y segregación
Los Rens de New York ganaron 2318 de los 2699 partidos y un título mundial en una época de máxima discriminación y segregación

Además de ganar, los Rens daban show. Cada noche. John Wooden, el legendario coach de UCLA, ganador de diez campeonatos seguidos de la NCAA, dijo alguna vez que los Rens habían sido el mejor equipo pasador que había visto en su vida. Lejos de quedarse con la pelota en una época sin reloj de posesión, para generar tanteadores bajos y tener más chances de ganar, los Rens arriesgaban. Jugaban, pasaban y cortaban. Y tiraban rápido, si lo creían conveniente. Era un equipo de adelantados, también en eso. La estrella, entre el 36 al 43, fue John Isaacs, un panameño de 1m88 apodado Wonder Boy que creció en Harlem y muchos aseguran fue el verdadero inventor del pick and roll, la jugada vedette de estos últimos años. Tarzan Cooper (1m93), otra de las figuras del equipo campeón mundial, se mantuvo aún más, entre 1929 y 1941. Pop Gates (1m88) también brilló en el equipo cuando los Rens dominaron y se consagraron en el 39. El desmantelamiento llegó en 1949, ya con una NBA en crecimiento y con unos Harlem Globetrotters que habían copado la escena con su juego-show.

Los Rens viajaron por todo el país, más que nada en el área Medio Oeste, aceptando desafíos contra todo tipo de equipos. Era subirse a un micro y viajar durante muchas horas, durmiendo en butacas que no se reclinaban, alimentándose con comida fría porque en la mayoría de la ciudades no podían entrar en hoteles y restaurante simplemente por ser de raza negra. Incluso, cuentan, llegaron a disfrazarse con turbantes para parecer árabes y que los dejaran ingresar a alguno de los espacios públicos prohibidos. La pasión por el básquet pudo más. Tanto como la necesidad de algún día tener los mismos derechos de la gente blanca… Así fue que, con sacrificio y disciplina, el equipo dejó una huella enorme no sólo en el deporte. Básicamente porque abrió puertas y oportunidades para una raza sojuzgada durante siglos. Por eso, luego de las conquistas sociales de Martín Luther King y su movimiento, no sorprendieron los reconocimientos hacia los Rens. El equipo llegó al Salón de la Fama en 1963 y su dueño, Bob Douglas, llamado el Padre del Básquet Profesional Negro, logró -sin haber sido jugador- ser el primer afroamericano en ingresar al Hall of Fame en 1972, incluso antes que el mítico Bill Russell. Bob lo pudo disfrutar. Tenía 89 años (murió a los 96) cuando fue inducido en Springfield y estuvo presente en la ceremonia. Luego también les tocaría el turno a Gates y Cooper, las otras figuras que tuvieron los Rens.

Douglas, además, rompió otra barrera al lograr que uno de sus jugadores, Nat “Sweetwater” Clifton, fuera el primer afroamericano en jugar en la NBA. La nueva competencia, iniciada en 1946, recién se abrió para los afroamericanos en la temporada 50/51. En el verano del 50, Clifton se transformó en el primero en firmar contrato. Agua dulce, como era el apodo de Nat, era un ala pivote de 2m03 que había luchado en la Segunda Guerra Mundial y luego arrancado su periplo con los Renaissance, entre 1945 y 1947. Su alto nivel en NY le permitió dar el salto a los Globetrotters y de ahí otro más hacia la NBA. Fue el que empujó una puerta que hoy, con el 78% de jugadores afroamericanos, luce abierta de par en par… Semanas después, en el draft, los Celtics eligieron a Chuck Cooper, el primer afrodescendiente en caer en esa lotería. Unas rondas después, los Capitols de Washington aprovecharon la ruptura de ese tabú para seleccionar a Earl Lloyd y Harold Hunter. El comienzo de una oleada de jugadores negros que hoy nutre al básquet mundial…

No fue casualidad, entonces, que el máximo goleador de la historia de la NBA (38.387 puntos), Kareem Abdul-Jabbar, se haya interesado en la historia y, en un acuerdo con una productora, realizado una película contando la epopeya de los Rens. Este filme-documental, cuyo guión fue escrito en parte por el mítico pivote, se llamó On the Shoulders of Giants (En los Hombros de los Gigantes) y se estrenó hace ocho años. “Esta era una historia muy importante para contar porque aquel equipo fue trascendente en la época y quedó en la historia de nuestra sociedad. El deporte es un lenguaje en común, que mucha gente entiende, y este equipo no sólo fue el mejor de nuestro país en la época sino que dio un ejemplo, hizo posible que los estadounidenses vieran a los afroamericanos de otra forma, y de alguna manera ayudó a derribar barreras y muros”, opinó el inventor del Gancho Cielo. Kareem quedó en la historia como mucho más que una estrella que brilló durante tres décadas y logró seis anillos de campeón y otros seis MVP. Abdul-Jabbar, que nació como Lew Alcindor y modificó su nombre en 1971 por haberse cambiado de religión (se pasó al islam), fue siempre un afroamericano muy comprometido que se convirtió en escritor, columnista y activista por los derechos afroamericanos. Kareem buscó narrar la historia de este equipo que hizo mucho más que ganar para quedar en la historia. Un grupo de personas dedicadas que dio oportunidades en un momento que los negros no las tenían, que inspiró a propios y extraños, que desafío el statuo quo y demostró que los afroamericanos podían ser iguales (y mejores) que los blancos, que nadie podía sojuzgar o segregar a alguien sólo por el color de su piel…

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