Francisco Casas, una de las históricas
Francisco Casas, una de las históricas "Yeguas del Apocalipsis" (Sonia Maria Cunliffe)

“Pero las performances no se ensayan, ¿qué dices?”, le dice Francisco Pancho Casas a este cronista que, bajo el sol tibio y en los jardines de Proa21, en La Boca, preguntó si iba a haber ensayo. “No se ensaya, eso hacen los actores, yo odio a los actores”, continúa Casas, también conocido como una de las Yeguas del Apocalipsis (la otra yegua era Pedro Lemebel). “Odio a los actores”, repite, el cronista cree que Casas bien podría decir: “Odio a los periodistas” bajo el plácido sol. “Además no habrá ninguna performance”, dice. “Ah, tenía entendido que sí”. “Pues no”, dice taxativo al comenzar la entrevista. Unas horas después estará cavando una fosa sobre el pasto de los jardines de Proa21 para tener sexo explícito con su compañero artístico el peruano Jaime Urbina. “No habrá performance, te informaron mal”, dice y se sienta junto al cronista para recoger rayos solares.

“Esta exposición reúne en fotografía, video y objetos, acciones e intervenciones de hace 30 años que muestran mi trabajo en estas décadas”, dice Pancho Casas, nacido en Chile y que junto a Pedro Lemebel irrumpió en el campo de la protesta contra la dictadura de Pinochet que asolaba desde hacía más de una década a su país. Las Yeguas, que venían del campo de la literatura, habían decidido poner el cuerpo a la denuncia para no quedarse rumiando en cafés junto a intelectuales izquierdistas sino salir al mundo para accionar sobre él. Con el cuerpo. El propio.

"Cadáveres"

¿No tiene cierta similitud con las intervenciones de Néstor Perlongher que recitaba Cadáveres en medio de la dictadura?

–Yo conocí a Perlongher. Me escribió un último poema de los llamados Lúmpenes peregrinaciones. Tuvo una muy breve estancia en Chile, ya estaba muy mal, muy enfermo. Tenía que hacer una lectura en Valparaíso y cuando Pedro Lemebel y yo nos enteramos corrimos a Valparaíso, él ya estaba muy mal, no podía beber, se tenía que acostar temprano. Él murió al poco tiempo. Recuerdo que estábamos en la calle, sentados en una cuneta, Pedro y yo bebíamos, pero él no podía beber y se reía un poco de nosotros, con ese humor sarcástico. Esa noche leyó Cadáveres. Luego de su muerte se publicaron unos poemas inéditos con uno de ellos dedicado a nosotros.

¿Cree que Perlongher se reconoció en el trabajo de Las yeguas del Apocalipsis?

–Nuestros trabajos eran un poquito disímiles en el sentido de que Perlongher era un militante que lo expulsan de su partido y termina su vida en San Pablo, donde escribe ese libro maravilloso La prostitución masculina o Devenires minoritarios. Pero el trabajo mío con Pedro en esa época, si bien nos interesaba poner el cuerpo homosexual en escena, era un trabajo más político. Trabajábamos con todo lo que tenía que ver con los detenidos desaparecidos, principalmente, estábamos en alianza con las madres, con los torturados, por el retorno de la democracia, entonces nos alejaba un poco del “cabaret” de Copi que si bien ciertas obras nos fascinaban, también era la insoportable levedad del gay que cree que todo lo resuelve en el teatro. Odio a los actores. Por eso hicimos alianza con Perlongher y no con la Batato Barea, que era más cabaretera. Además Perlongher había leído a Deleuze y Guatari, nosotros no habíamos leído a Deleuze y ya Perlongher hablaba sobre la desterritorialización o hablaba sobre lo que era el devenir, devenir otra cosa, no basta con ser uno mismo, qué cuerpos pueden devenir. Entonces tenía la ventaja de lector de filósofos, de antropólogos y en ese sentido aplicaba Cadáveres, que sigue siendo uno de los poemas y de uno de los poetas favoritos que yo elijo. Es un discurso completo contra el fascismo: “En esa risa, la que se deshilacha, la que no quiere que se diga, hay cadáveres” o “En su raya comandante, ahí hay cadáveres”. Una maravilla. Néstor Perlongher sigue asombrando y alucinando hasta el día de hoy. En la literatura rioplatense se produce una generación de escritores donde está Osvaldo Lamborghini o también con algunas cosas Manuel Puig, como El beso de la mujer araña, donde el revolucionario, el guerrillero es encerrado con Molinita, la trola, para que le saque información. En Tengo miedo, torero, Lemebel vuelve a repetir el gesto del revolucionario con la loca y no hay que decir que es homosexual, el cuerpo ya es homosexual. Como cuando un periodista le preguntó a Juan Gabriel si era homosexual. Y él contesta fantástico: “Lo que se ve no se pregunta”. Una clase magistral.

"Ciao Bella", de Francisco Casas

La vuelta de tuerca es que Molina está ahí para sacar información, no tiene un carácter heroico.

–No, el gran problema de las maricas es que siempre han sido despolitizados. Los homosexuales solamente marcharon cuando le cerraron la discoteca en Stonewall. Así empezó la revolución: porque cerraron una discoteca. No salieron porque estaban apaleando a un negro o una mujer afuera, por los derechos civiles, salieron porque les cerraron el boliche, le quitaron las muñecas, las barbies. Un gay siempre se va a reconocer en una clase alta, nunca se va a reconocer en el proletariado, en la clase trabajadora a la que nosotros pertenecemos con tanto orgullo.

¿Pero eso hace pensar en un movimiento gay más adaptado?

–No, en Chile los homosexuales siempre fueron cómplices de la dictadura. Tú sabes que las discotecas gay aparecieron en Chile durante la dictadura y Pinochet no persiguió a los homosexuales como en la Argentina, con el caso de la Triple A. La ministra de Justicia de Pinochet Mónica de Madariaga era una lesbiana asumida y el ideólogo del régimen de Pinochet llamado Guzmán, que por suerte después lo mataron, era gay declarado. En una época de toque de queda y allanamientos una discoteca llamada el Fausto nunca cerró.

Entonces Las Yeguas del Apocalipsis venían a ocupar un lugar.

–Veníamos a politizar un espacio. Uno no ocupa un espacio, porque uno entra y sale. Uno es una especie de nómada en los pensamientos políticos que hacen que se dificulte, que no te puedan encasillar. Todos los cuerpos son políticos, hay que politizarlos y descolonizarlos. Mira, este trabajo tiene que ver con las madres de los detenidos en Chile, que bailaban la cueca solas, porque sus maridos, sus hijos, habían desaparecido. Sting saca una canción Ellas bailan solas, entonces nosotros hicimos el baile de ellas sobre un mapa de América Latina que estaba cubierto con vidrios de la Coca Cola, entonces iba quedando el rastro de nuestra sangre sobre el mapa. Ahora déjame descansar un ratito –dice Casas y desaparece.

"Las dos Fridas", de Casas y Lemebel, Las Yeguas del Apocalipsis

Mientras tanto allí está el registro fotográfico de Lemebel y Casas, las Yeguas, bailando sobre el vidrio, en otra sala la hiperfamoso foto de las Yeguas reproduciendo el cuadro de Frida Kahlo, otra performance en la que brindaban a la memoria de los desaparecidos con tierra, subiendo las escaleras una hoz y un martillo fucsia, brillante, marica y los últimos trabajos de Lemebel en la Amazonia, que conviven con la indumentaria hecha por Stopanni y Legavre para las obras de Copi en Francia en un video realizado por Fiord Studio que anima y explica Daniel Link. Vuelve Pancho Casas.

“Nosotros seguimos mucho más allá de la dictadura. La última performance fue cuando el presidente Patricio Aylwin presentó un informe con los detenidos-desaparecidos, con los presos políticos, que ahora sabemos que varias partes del informe permanecen en secreto por cincuenta años, en una nueva traición de la democracia cristiana. Aylwin lee este informe en cadena nacional frente a todo el país y en cierto momento dice: ‘Perdón mi olvido’. Entonces nosotros dijimos: ‘Ni olvido, ni perdón’”. Esto se tradujo en una performance en la que instalamos 500 copas de agua a las que ponemos tierra y leemos los nombre de los desaparecidos brindando con eso: “¡Compañero Juan Castillo, hasta la victoria siempre!”, mientras la garganta se rompía y había sangre. Imaginate, en ese listado había 3 mil desaparecidos.

Este uso extremo del cuerpo para la performance hace que sean adelantados en esta práctica.

–Al parecer, sí; al parecer, sí. Pero nosotros no sabíamos qué era la palabra “performance”, para nosotros era una forma de protestar, de visibilizar aquello obturado.

–Las Yeguas venían de la literatura…

–Toda escritura es performativa, nadie escribe con éxito de lo que no conoce, perdón por usar la palabra éxito. Es performativo. Si no es el cuerpo real, es el cuerpo escritural el que realiza la acción performativa. Y ahora sí que estoy cansado.

–¿Significa algo mostrar en Buenos Aires toda esta obra?

–Bueno, siempre hemos admirado a escritores argentinos, desde Copi, Manuel Puig, Lamborghini, Borges por siempre. Había una revista Buenos Aires no duerme. A mí Buenos Aires me aburre...

Y una vez más Casas desaparece.

Unas horas después de negar la performance la realizará. Cavando con palas el jardín de Proa21, como quien cava una tumba, luego se desnudará junto a su compañero y tendrán sexo (sexo que no evita mostrarse, que es explícito) sobre la tierra, como si lo tuviesen sobre un cadáver.

Las Yeguas del Apocalipsis, en La Boca, han vuelto.

El momento en que comienza la
El momento en que comienza la "peformance" que no se iba a realizar en Proa21

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