Por Agustín Scarpelli

Dardo Scavino y una profunda reflexión sobre la nueva Guerra Global
Dardo Scavino y una profunda reflexión sobre la nueva Guerra Global

"La solución a esta escalada de violencia no es militar sino política", dice Dardo Scavino desde un aula de la Université de Pau et des Pays de l'Adour, en el sur de Francia, donde una horas después dictará su clase. En su último libro, El sueño de los mártires, ganador del premio de ensayo Anagrama 2018, el filósofo pone en foco una guerra actual. Aquella que, desde el 11-S, libran unos jóvenes musulmanes, muchos de ellos segunda generación de familias nacidas en Europa pero identificados con la comunidad de Estado Islámico y dispuestos a poner el cuerpo para el sacrificio, contra lo que a grandes rasgos podríamos llamar Occidente y su política económica y militar, sobre todo, de aquella desarrollada después de la caída del Muro de Berlín en 1989.

¿Qué pasó entonces? Los freedom fighters (Luchadores por la libertad), los grupos armados como Al Qaeda, liderado por Osama Bin Laden, que luchaban contra el comunismo en Afganistán y otros países árabes, dejaron de ser apoyados con armas, dinero y visas por Estados Unidos, y pasaron a formar parte de sus enemigos públicos.

A diferencia de las dos guerras mundiales, donde el enfrentamiento entre estados soberanos generó sendas carreras armamentísticas, esta guerra global se caracteriza por una gran disparidad en el uso de la técnica empleada por cada bando: chalecos explosivos contra drones comandados a distancia que reemplazan a los soldados en el frente de batalla, evitando así cualquier riesgo de bajas en las propias filas. Se trata, además, de una guerra no declarada pero que puede librarse, potencialmente, en cualquier parte del planeta.

“El sueño de los mártires” (Anagrama), de Dardo Scavino
“El sueño de los mártires” (Anagrama), de Dardo Scavino

La historia que nos cuenta Scavino, aunque articule en justas dosis "non fiction", interpretación histórica, crítica cultural y economía política, no es la que se enseña en las instituciones académicas. Aún así, surgió en una de sus clases en la Universidad de Burdeos cuando, en 2004, algunos de sus estudiantes se retiraron para conmemorar con un minuto de silencio el atentado de Atocha mientras otros, de apellidos magrebíes, prefirieron quedarse en sus bancos porque, alegaban, "cuando nos matan a nosotros, ellos no hacen un minuto de silencio".

La pregunta que quedaba flotando era, entonces, quiénes componían ese "nosotros" que se sentía menospreciado por la cultura occidental. Como se ve, es otra manera de entender aquello que leemos en los diarios bajo la volanta "Guerra contra el terrorismo", una expresión que el ensayista evita deliberadamente, y otra manera de interpelar la "racionalidad" que habita tras las conversiones al islamismo radical. En esta conversación, Scavino repasa cómo Occidente fue fortaleciendo al mismo "monstruo" -que hoy intenta, sin éxito, combatir- con la intención de detener la expansión del bloque comunista liderado por la ex Unión Soviética.

¿Contra qué argumentos o lugares comunes respecto del fenómeno del terrorismo va su nuevo libro?

– En principio contra algunos prejuicios que yo mismo tenía antes de la investigación. Uno de ellos es el origen religioso del Yihadismo. Por supuesto que está ligado al islam y el objetivo último a la creación del califato. Pero los motivos por los cuales los yihadistas se pliegan al movimiento, se trasladan a Siria o Irak para combatir (aunque eso ocurre menos hoy) y llegan a cometer un atentado, tienen más que ver con una cuestión política que religiosa. La prueba es que la mayoría de los implicados no tiene una formación religiosa. Es decir, no son ni integristas ni fundamentalistas religiosos. Tal es así que no sabían responderle a un juez cuáles son los cinco pilares del islam.

El australiano Khaled Sharrouf, junto con sus hijos, posando frente a una bandera del Estado Islámico
El australiano Khaled Sharrouf, junto con sus hijos, posando frente a una bandera del Estado Islámico

¿Es en ese sentido que va su oposición a las ideas de Samuel Huntington respecto del "choque de civilizaciones"?

– Sí, porque mi idea es que el conflicto no es entre dos civilizaciones sino entre dos maneras de concebir la relación del individuo con su comunidad. El dron representa a la posición neoliberal, que concibe la libertad como el no sacrificio del individuo en pos de la sociedad, mientras que para la posición yihadista la libertad consiste en la facultad que tiene un individuo de sacrificar sus impulsos egoístas en pos de la comunidad.

¿Por qué elige a Samuel Huntington para discutir sobre este conflicto?

– Porque Huntington plantea que, una vez terminado el conflicto de ideologías, llegamos a un conflicto de culturas y cada una tiene su raíz en una religión. Y lo que trato de mostrar en el libro es que no hay ni una cultura musulmana ni una occidental homogénea. Muchos de esos jóvenes que cometieron atentados en Europa (en donde nacieron) pertenecen a una cultura muy occidental y contemporánea, por ejemplo, en lo que respecta al culto a las víctimas: como sus compatriotas franceses, los musulmanes rinden homenaje no a los soldados caídos en combate, o a quienes se inmolaron en nombre de Alá, sino a las víctimas civiles inocentes de los bombardeos; como los franceses no musulmanes lo hacen con las víctimas de los atentados. Eso es lo que deja ver la frase "Cuando nos matan a nosotros, ellos no hacen un minuto de silencio", ya que a nadie se le ocurriría pedirle al enemigo que llore nuestras bajas.

El ataque a las Torres Gemelas
El ataque a las Torres Gemelas
Fueron los jóvenes que se rebelaron contra el orden capitalista y que en lugar de seguir la misma vía de sus padres, que abrazaron la izquierda, eligieron el islam como ideología aglutinadora

¿Por qué el atentado a las torres gemelas marca el inicio de lo que usted denomina "Primera guerra global"?

– Porque allí comienzan una serie de reclutamientos de jóvenes europeos que se plegaron al movimiento. Pero fue el fenómeno del yihadismo lo que produjo la conversión de los jóvenes al islam y no la conversión al islam lo que produjo el yihadismo. Fueron los jóvenes que se rebelaron contra el orden capitalista y que en lugar de seguir la misma vía de sus padres, que abrazaron la izquierda, eligieron el islam como ideología aglutinadora.

¿Contra qué aspectos de Occidente se estarían rebelando?

– Bueno, en cierto sentido coinciden el yihadismo y algunos movimientos actuales de la extrema derecha, cuya promoción fue uno de los logros de los ideólogos del yihadismo. Ambos piensan la rebelión como un retorno a un orden moral, religioso, que el capitalismo destruyó junto a todos los vínculos sagrados.

¿Quiénes son esos mártires y cuál es ese sueño del título?

– El título está inspirado en El Sueño de los héroes de Bioy Casares, pero el sueño en este caso es un relato que atrapa a los jóvenes yihadistas; y el martirio tiene que ver con que el "jaid" musulmán se parece mucho a "mártir" en griego, que significa "testigo": son quienes testimonian con sus actos determinada fe, quienes son capaces de sacrificar su vida en función de una causa o unos valores que son superiores y defendibles. Algo que a partir de la hegemonía neoliberal quedó negativizado. Por eso en Occidente lo que se va a celebrar no es el soldado caído en combate (el monumento a los héroes, como sucedió luego de las dos grandes guerras), sino la víctima inocente, aquel que sufrió algún tipo de violencia política, pero sin estar comprometido con una causa. Incluso ante la muerte de personas que estuvieron comprometidas con alguna causa, se les trata de arrebatar esa causa para mostrarla como víctima inocente, como si la inocencia fuera la ausencia de causas que mueven a esas personas.

Dardo Scavino en Barcelona, el día que recibió otro premio por su ensayo
Dardo Scavino en Barcelona, el día que recibió otro premio por su ensayo

A pesar de este culto a la "víctima inocente" su libro está destinado a demostrar que la política implementada por Estados Unidos sobre los países árabes fue un factor más determinante que lo religioso en la formación del movimiento yihadistas.

– Esa me parece la hipótesis fundamental. Porque yo creo que la Guerra Fría nos hizo olvidar la guerra de los países del norte contra los países del sur, un combate de Estados Unidos y ciertas potencias europeas contra los nacionalismos de los países del sur y de los países no alineados. Sukarno, el presidente de Indonesia apoyado por el partido comunista, fue la primera víctima, quien sufrió un golpe de Estado y sus simpatizantes fueron masacrados por un partido fundamentalista, los Ulemas, apoyado por Estados Unidos. Masacre retratada en la película El año que vivimos en peligro. Y los Hermanos Musulmanes, que son el gran laboratorio ideológico de la yihad moderna actual, fue una organización apoyada por Estados Unidos en Egipto contra el régimen de Nasser, que fue otro de los participantes del congreso de Bandung organizado por los países no alineados contra el neocolonialismo. Y hasta el propio Hamas fue una organización apoyada para contrarrestar a un movimiento de liberación nacional como la OLP. Es decir, para entender el yihadismo actual hay que entender lo que fue la estrategia del norte contra el sur a partir del congreso de Bandung del 55 y cómo Estados Unidos va a apoyar a todas esas organizaciones religiosas fundamentalistas contra los países socializantes y laicos. Pero incluso hasta ahora, cuando ellos hacen caer a Saddam Hussein primero, y después al libio Muammar el Gadafi e intentan lo mismo con Bashar Al Assad en Siria. Acá en Francia, por ejemplo, Laurent Fabius, el ministro de asuntos exteriores de Francois Hollande, va a apoyar al frente Al-Nusra, la filial siria de Al Qaeda.

En este sentido, ¿se podría entender al yihadismo actual como un fenómeno poscolonial, es decir, como aquello que queda cuando las potencias coloniales se retiran de los territorios colonizados?

– Sí, claro. De hecho el gran plan de Said Qutb, el ideólogo de los Hermanos Musulmanes de Egipto, es reemplazar en los campus universitarios a la izquierda nacionalista, anti imperialistas y los movimientos de liberación nacional que eran laicos y socializantes, por los movimientos yihadistas. Y eso lo logran, lamentablemente. Hicieron una verdadera revolución en ese sentido.

¿Esto debe hacernos pensar que quienes están intentando erigir un califato no son ningunos locos trasnochados sino gente que tiene una estrategia política bastante clara y que lo están pensando geopolíticamente, desde la universidad?

– Por supuesto, los ideólogos de estos movimientos se inspiraban en Lenin, el Che Guevara e, incluso, leían a Gramsci. Lo que tomaban de estos pensadores de izquierda era su estrategia para generar una hegemonía cultural y política.

Nicolás Maduro y Vladimir Putin
Nicolás Maduro y Vladimir Putin

No sé si será extrapolable, pero no veo grandes diferencias con la situación de Venezuela actualmente, más allá del factor religioso. Líderes populistas pero con apoyo popular, asentados sobre una cuenca petrolera y apoyados por potencias como Rusia y China por diferentes motivos, además de Cuba, que geoestratégicamente no deja de ser un país importante.

– Totalmente. Sigue siendo el modelo de la Guerra Fría. Y al mismo tiempo Estados Unidos apoya a Arabia Saudita, uno de los primeros financistas de la Yihad. Hasta tal punto que los Estados Unidos tuvieron que censurar el informe sobre el atentado a las Torres Gemelas porque aparecían nombres vinculados a la familia real saudí. Más recientemente, vimos lo que pasó en la embajada de Arabia Saudita en Turquía, donde masacraron al periodista Jamal Khashoggi. A pesar de las evidencias, ni Trump ni Macron tomaron medidas, como lo hubiesen hecho si algo así hubiera sucedido en una embajada de Venezuela.

Están suficientemente claras las motivaciones político económicas del yihadismo pero ¿en qué sentido, tal como dice en su libro, la radicalización musulmana podría ser interpretada como una demanda amorosa?

– Esa cuestión afectiva está desde el momento en que, por ejemplo, amplios sectores de la comunidad musulmana niegan el Holocausto. Pero cuando uno indaga se da cuenta de que esa negación tiene que ver con otro negacionismo que ellos padecen: los crímenes del colonialismo como en Argelia o del neocolonialismo, como en Irak. "Si ellos no reconocen nuestros muertos, nosotros tampoco reconoceremos los de ellos". A tal punto, que un cómico francés de origen camerunés muy exitoso, Dieudonné M'Bala, que comenzó reivindicando demandas antirracistas, terminó asumiendo posturas antisemitas y negacionistas, cercanas a la de la extrema derecha, y por eso ya no consigue sala donde hacer sus espectáculos.

Claro, hay una escalada de violencia simbólica al lado de la escalada de violencia material, real, que se expresa en los atentados terroristas

– Claro, esto comienza con una escalada de violencia simbólica luego de la caída del Muro. Esta es mi experiencia de mi estadía en Francia. A principio de los 90 hacíamos asambleas donde estaban todos los jóvenes árabes, que eran marxistas, ligados a los movimientos tercermundistas. Esos mismos muchachos son los que se volcaron al radicalismo musulmán.

Los jóvenes que juraron lealtad al Estado Islámico antes de degollar a un sacerdoat en Normandia.
Los jóvenes que juraron lealtad al Estado Islámico antes de degollar a un sacerdoat en Normandia.

¿Y hay allí una espectacularización de la muerte y de la guerra con el fin de generar terror, pero también de convertirse en héroes de su comunidad?

– Sí, es una especie de narcisismo mediático que sitúa a los propios yihadistas en un relato épico donde ellos son los grandes héroes que están venciendo al Satán occidental. El caso de Kassim, con el que comienzo el libro, es ilustrativo en ese sentido: él estaba copado con los mangas justamente. Hay una especie de fantasía heroica que los lleva a adherir a este tipo de posiciones como una manera de vivir un video game real. Y ahí sí que se parecen el tecno-burócrata que comanda un dron desde una pantalla en Estados Unidos que dispara dejando una cantidad incognoscible de víctimas colaterales, para después irse a tomar una cerveza al bar más cercano, y el yihadista, que sería como el protagonista de ese video game.

Claro, pero hay una dimensión muy real que transcurre por ejemplo en Siria e Irak, adonde partieron estos jóvenes yihadistas. ¿Por dónde pasa el conflicto hoy, cuando Estado Islámico fue acorralado militarmente en esos territorios?

– Bueno, ese es el gran tema de actualidad hoy en los diarios. Porque ahora Siria e Irak le están pidiendo a Francia que se lleve a estos jóvenes prisioneros a su país, ya que son ciudadanos europeos, en su mayoría franceses. Y los europeos les responden que esos jóvenes cometieron los delitos fuera de Europa, y que no los pueden juzgar allí. El gran debate de la actualidad pasa por si traer o no a los yihadistas, un debate que involucra a los hijos que se llevaron al combate y que también son franceses.

A pesar de esa derrota militar, sigue habiendo atentados importantísimos…

– Son distintos momentos. Hubo un primer momento en que los ideólogos de Estado Islámico querían que se fueran a pelear allá. Emulando la gran Hégira, el exilio, de Mahoma, que se fue a Siria. Pero después Abu Musab al-Suri dice en su "Llamado a la resistencia islámica mundial", de 2005, que hay que cambiar la estrategia y hacer que estos tipos cometan atentados en la propia Europa, con los medios que tengan a mano, para destruirla desde adentro. Por eso se transforma en una organización rizomática, donde no hay una cadena de mando vertical. Hoy Estado Islámico publica listas de objetivos para que cada uno elija el suyo.

En los atentados de noviembre de 2015 en París murieron 130 personas (Reuters)
En los atentados de noviembre de 2015 en París murieron 130 personas (Reuters)
Aunque a mí me parezca horroroso, me parece que el discurso del yihadismo tiene su racionalidad, como la tenía el discurso del fascismo

¿Cómo cree que se va a leer este ensayo, que intenta darle una explicación a aquello que pareciera no tenerla, en Europa?

– Creo que no existen las sinrazones, que todos tienen cierta racionalidad. Aunque a mí me parezca horroroso, me parece que el discurso del yihadismo tiene su racionalidad, como la tenía el discurso del fascismo. Porque si no cómo puede ser que en un momento de la historia gente con un alto nivel de formación, como el propio Heidegger, pudieron adherir a ese discurso. No estaban habitados por impulsos irracionales. Descreo profundamente del discurso que proclama la irracionalidad del yihadismo. Si estos tipos de discursos circulan y prenden socialmente es porque responden a algún tipo de racionalidad. Un islamista radical no es ningún idiota. Las mujeres que portaban el velo, por ejemplo, lo defendían en nombre del feminismo, porque decían que Occidente mercantilizaba el cuerpo de la mujer.

– Usted ilustra este tipo de racionalidades diversas echando mano a cómo funcionaba la figura del mártir en los discursos de Evita, en los cuentos de Borges y en las narrativas de los años 70…

– Sí, es un problema muy borgeano. Uno de los grandes ejes para leer a Borges es pensar cómo él trató de resolver el problema del culto al héroe. Ese momento de la moral heroica, qué voy a hacer en el momento de la muerte, Borges lo convierte en una cosa cervantina: esa moral heroica ante la muerte es algo que fascina al hombre letrado, pero en la realidad es una catástrofe porque lleva al fascismo.

El libro produce una incomodidad en el sentido: uno puede, por momentos, identificarse con estos jóvenes oprimidos que habitan la periferia francesa…

– Sí, oprimidos o no tanto, porque ellos lo que hacen es ocupar un lugar en la sociedad que sus padres no ocuparon. Es decir, ahí hay un conflicto internacional. Un ejemplo es cómo durante los 70, después del mayo francés, la derecha era la que fomentaba la islamización de los musulmanes en Francia, porque era una manera de contrarrestar el avance de la izquierda entre los musulmanes. En cambio ahora la derecha va a enarbolar el discurso laico para convertir a los musulmanes. Ahí hubo un cambio en la coyuntura internacional que termina afectando la vida cotidiana de los barrios marginales.

Combatientes de ISIS
Combatientes de ISIS

¿Se podría hablar de una "musulmanización" de las periferias francesas, en el sentido de que los habitantes de esos barrios periféricos no musulmanes comienzan a identificarse con la suerte que corren sus compatriotas musulmanes?

– Bueno, el acento de los barrios populares de los suburbios es el acento árabe. Es como si en Argentina hablaran con acento boliviano, aunque no lo sean. Eso cambió en el 2005 con las grandes olas de rebeliones en los suburbios, mucho más fuertes que la de los chalecos amarillos de hoy. Y que empezó como una rebelión popular de los pobres contra los ricos pero que Sarkozy, en ese momento Ministro del Interior, le pega la vuelta y lo lee para sacarle rédito político como una revuelta de los musulmanes contra los franceses. Al mismo tiempo, esa lectura fue funcional a los intereses de Estado Islámico. Hay una complicidad del yihadismo con la extrema derecha. Porque su triunfo va a permitir una mayor estigmatización de los chicos musulmanes y su mayor radicalización.

¿Vislumbra alguna vía de resolución de este conflictos?

– Sí, pero es justamente el apoyo a movimientos que Occidente no quiere apoyar. Porque son movimientos árabes laicos que van a ir hacia la nacionalización del petróleo.

Una biografía

Dardo Scavino (Ciudad Jardín Lomas del Palomar, Provincia de Buenos Aires, 1964) es ensayista, crítico cultural y docente. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires. Ha sido profesor en esa universidad y en las de Burdeos y Versailles Saint-Quentin-en-Yvelines (París), y en la actualidad lo es de la Université de Pau et des Pays de l'Adour en el sur de Francia. Entre sus libros destacan Nomadología. Una lectura de Deleuze, La filosofía actual. Pensar sin certezas, El señor, el amante y el poeta, Notas sobre la perennidad de la metafísica, Rebeldes y confabulados, Narraciones de la política argentina y Las fuentes de la juventud. Genealogía de una devoción moderna.

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