Cada cliente debe reservar con semanas de anticipación una mesa en el restaurante Interno, pues por seguridad de las reclusas el Inpec estudia sus antecedentes judiciales
Cada cliente debe reservar con semanas de anticipación una mesa en el restaurante Interno, pues por seguridad de las reclusas el Inpec estudia sus antecedentes judiciales

En el exclusivo sector del Centro Histórico de Cartagena, la cárcel de mujeres de San Diego renovó su deteriorada fachada para abrir al público las puertas rosadas de Interno, el primer restaurante de Latinoamérica en abrir dentro de un penitenciario, atendido por las mismas reclusas. La idea fue gestada por la reconocida actriz colombiana Johana Bahamón.

Solo hay otro restaurante en el mundo dentro de una cárcel, el InGalera, abierto hace más de dos años en la prisión de hombres Il Casa di Reclusione of Milano Bollate, en la ciudad italiana de Milán. Cuando escuchó sobre él, Bahamón no dudó en irlo a conocer. "Escuché de la apertura de un restaurante en una cárcel de Milán atendido por los reclusos. Empaqué maletas y me interné varios días en ese lugar para conocer los detalles", contó la actriz a El Tiempo.

De allá Bahamón se trajo la idea de hacer una réplica en Colombia, con la garantía de su fundación Teatro Interno, con la que desde hace cinco años capacita a las reclusas de varias cárceles del país en artes y cultura. Y con financiación del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- cubrió parte de los costos de la iniciativa.

La actriz y modelo Johana Bahamón presenta el vino Interno, que sirven en el restaurante.
La actriz y modelo Johana Bahamón presenta el vino Interno, que sirven en el restaurante.

Durante varios meses, las mismas reclusas y unos cuantos trabajadores externos adecuaron un espacio abandonado en uno de los patios de la cárcel para que fuera el restaurante. Crearon una cocina y hasta una huerta donde cultivan algunos de los ingredientes que usan para los platos del menú.

Ello, mientras otros expertos capacitaban a las reclusas que trabajarían en el restaurante en temas de seguridad alimentaria y servicio al cliente. Algunos chefs reconocidos del país las capacitaron en cocina y asesoraron la propuesta gastronómica que le brindara a los comensales un toque de novedad, para hacer competencia a la oferta de alta cocina que hay en el sector.

Reclusas de la cárcel de San Diego durante el proceso de construcción del restaurante.
Reclusas de la cárcel de San Diego durante el proceso de construcción del restaurante.

Un llamativo portón rosado, cerrado con un gran candado, le da la bienvenida a los clientes, que deben reservar con semanas de anticipación una mesa. Ello, porque el Inpec debe revisar los antecedentes judiciales de cada comensal por seguridad de las internas y del establecimiento.

Unas 25 mujeres, de las más de 180 recluidas tras las rejas de la cárcel de San Diego, son las cocineras y meseras que atienden a los clientes. El menú, que varía cada cierto tiempo, incluye una entrada, un plato principal, un postre y una bebida sin licor por cerca de 30 dólares. El precio no incluye el consumo de vino o whisky que también está disponible en el lugar.

El menú de Interno tiene un valor de 30 dólares, que incluye entrada, plato fuerte, postre y bebida. Adicional, sirven vino y whisky.
El menú de Interno tiene un valor de 30 dólares, que incluye entrada, plato fuerte, postre y bebida. Adicional, sirven vino y whisky.

El dinero recaudado por cada plato vendido se reinvierte en las instalaciones del sistema carcelario, y en la mejora de las condiciones de calidad de vida de las internas que participan de la iniciativa, quienes además consiguen una rebaja de un día de su condena por cada día laborado en el restaurante.

Las meseras y cocineras ya han recibido camarotes y colchones nuevos, entre otros elementos, para mejorar su estadía en el penitenciario, pues muchas dormían hasta en el piso por falta de espacio. Como lo dijo Bahamón, el objetivo del proyecto social es generar condiciones de vida dignas para las reclusas.

Instalaciones internas de la cárcel de mujeres de San Diego, en Cartagena.
Instalaciones internas de la cárcel de mujeres de San Diego, en Cartagena.

La idea de la actriz es que una vez cumplan sus penas, las mujeres puedan salir a crear sus propias empresas o que tengan la oportunidad de acceder a un trabajo digno por las habilidades que desarrollan.

"Llevo dos años aquí y el restaurante ha sido la oportunidad para ver con optimismo el futuro. Comencé trabajando en la huerta, luego aprendí de panadería, después pasé a oficios varios en el restaurante y luego me capacité en el manejo de todos los utensilios de cocina y atención al público", expresó a El Tiempo, Silvia Rondón, una de las reclusas.

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