Los videos virales y los relatos de exploradores convirtieron al tejón de miel en uno de los animales más famosos de internet. Su reputación se construyó sobre escenas que parecen desafiar la lógica: enfrentamientos con depredadores más grandes, ataques a colmenas repletas de abejas y combates contra serpientes altamente venenosas.
Detrás de esa fama existe una explicación científica que interesó a biólogos y especialistas en evolución. Investigaciones citadas por el biólogo Scott Travers en un informe para Forbes describieron una combinación de adaptaciones genéticas y físicas que permite a este mamífero resistir mejor que la mayoría de los animales los efectos del veneno de cobra.
Aunque no es inmune, cuenta con mecanismos que aumentan sus probabilidades de sobrevivir a encuentros que resultarían fatales para muchos otros mamíferos.
La batalla a nivel molecular
Las cobras pertenecen al grupo de las serpientes elápidas, conocidas por utilizar un veneno que afecta principalmente al sistema nervioso. Sus toxinas actúan sobre una estructura presente en las células musculares denominada receptor nicotínico de acetilcolina, esencial para la comunicación entre nervios y músculos.
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En condiciones normales, la acetilcolina transmitida por los nervios se une a estos receptores y permite que los músculos respondan correctamente. Respirar, moverse o tragar dependen de ese mecanismo.
De acuerdo con la información proporcionada por Travers, cuando una cobra inyecta su veneno, las llamadas α-neurotoxinas pueden ocupar esos receptores antes que la acetilcolina, bloqueando la señal nerviosa y provocando una parálisis progresiva.
Según un estudio, los tejones de miel desarrollaron mutaciones precisamente en el receptor al que apuntan estas toxinas. Los investigadores identificaron modificaciones que alteran las propiedades electroquímicas de la estructura molecular, dificultando que el veneno se adhiera con eficacia.
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Las neurotoxinas continúan ingresando al organismo, pero su capacidad para interrumpir la comunicación entre nervios y músculos disminuye considerablemente. Esta característica ayuda a explicar observaciones registradas en la naturaleza donde algunos ejemplares parecen quedar incapacitados temporalmente después de una mordedura y posteriormente recuperan la movilidad.
Un ejemplo de evolución convergente
Estudios posteriores publicados en 2025 reforzaron esta explicación al demostrar que las mutaciones en el receptor nicotínico de acetilcolina (nAChR) reducen el impacto de las neurotoxinas sobre el sistema nervioso y muscular.
Las investigaciones también mostraron que adaptaciones similares surgieron de manera independiente en otras especies expuestas con frecuencia a serpientes venenosas, entre ellas mangostas, erizos y cerdos.
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Los científicos describen este patrón como un caso de evolución convergente: organismos sin un parentesco cercano desarrollaron soluciones biológicas comparables frente a una misma presión ambiental.
En este caso, la amenaza compartida fue el veneno de las serpientes, que favoreció a lo largo de generaciones la supervivencia y reproducción de los individuos con mayor capacidad de resistencia.
Una piel diseñada para resistir ataques
El biólogo destacó que la resistencia química constituye apenas una parte de las defensas del tejón de miel. Investigaciones recopiladas por Mammalian Species, publicación científica, destacan que estos animales poseen una piel extraordinariamente gruesa, flexible y resistente.
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Su tejido cutáneo no permanece ajustado al cuerpo como ocurre en muchos mamíferos. La piel presenta una gran flexibilidad, lo que le permite realizar movimientos inesperados incluso cuando fue atrapado por un depredador.
Esta particularidad ofrece una ventaja durante los enfrentamientos. Si una serpiente logra sujetarlo o morderlo, el tejón de miel puede girar dentro de su propia piel y responder con rapidez. Para los depredadores, inmovilizarlo resulta mucho más difícil de lo habitual.
Los especialistas también destacaron que las cobras dependen de ataques rápidos y precisos. Una vez que la distancia disminuye y el enfrentamiento pasa al contacto directo, la situación puede favorecer al tejón de miel gracias a su robustez física y capacidad de maniobra.
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Un cazador especializado en serpientes venenosas
Las defensas desarrolladas por este mamífero están estrechamente relacionadas con sus hábitos alimentarios. Los tejones de miel no solo se cruzan ocasionalmente con serpientes peligrosas: también las cazan de manera activa.
Observaciones de campo y registros audiovisuales muestran que persiguen a cobras y otras especies venenosas, esquivan sus ataques y buscan neutralizarlas mediante mordidas dirigidas a la cabeza o al cuello. Este comportamiento forma parte de una estrategia depredadora altamente especializada.
Las serpientes representan una fuente de alimento y constituyen una presa que muchos otros animales prefieren evitar. Según explicó Travers en el análisis para Forbes, cualquier ancestro que contara con una resistencia ligeramente superior al veneno disponía de mayores oportunidades para alimentarse y sobrevivir.
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