Qué es la falla de Cascadia y por qué los científicos alertan sobre un posible megaterremoto

En la región noroeste de Estados Unidos, investigadores advierten que un fenómeno geológico oculto bajo el océano. Qué dicen los últimos hallazgos científicos

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Los investigadores captaron una zona de subducción en pleno proceso de extinción, a medida que las placas tectónicas bajo Cascadia se desgarran pieza a pieza. Esta lenta desintegración geológica ilustra cómo evolucionan los continentes y cómo pueden desencadenarse terremotos masivos (Science)

Cada día, la falla de Cascadia acumula silenciosamente energía bajo la costa noroeste de Estados Unidos y Canadá. Los estudios más recientes confirman que esta zona de subducción, que se extiende desde California hasta Vancouver, representa una de las mayores amenazas de megaterremoto y tsunami para millones de personas.

Según las probabilidades calculadas por científicos y organismos oficiales, en los próximos 50 años, el riesgo de un sismo de magnitud superior a 8 es considerable y la región no está completamente preparada para enfrentar el impacto.

La falla de Cascadia atraviesa la costa oeste de América del Norte, desde el cabo Mendocino en California hasta la isla de Vancouver en Canadá. Es una de las zonas de subducción más extensas y peligrosas del planeta.

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Esta franja de más de 1.100 kilómetros es vigilada por científicos y autoridades, preocupados por la acumulación de energía entre la placa de Juan de Fuca y la placa Norteamericana.

Una vista aérea hiperrealista de la zona de subducción de Cascadia, en la costa noroeste de EE. UU., ilustra la línea de contacto donde la placa de Juan de Fuca se introduce bajo la placa Norteamericana, revelando una sección transversal del proceso geológico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El antecedente más grande data de 1700, cuando un terremoto de magnitud estimada entre 8,7 y 9,2 sacudió la región y provocó un tsunami que cruzó el Pacífico. Desde entonces, la tensión geológica no ha dejado de crecer.

La periodista Kathryn Schulz advirtió en The New Yorker que, en los próximos 50 años, existe una probabilidad de una entre tres de que ocurra un sismo de magnitud 8 a 8,6, y una entre diez de que alcance entre 8,7 y 9,2.

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“La mayoría de la gente piensa que alguien se está encargando de esto y no es así. Nadie se está encargando de esto”, afirmó el sismólogo Chris Goldfinger en diálogo con Schulz.

Impacto humano y previsión oficial

La Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) estimó los posibles efectos si el evento se produce sin una preparación adecuada: 13.000 muertes, 27.000 heridos, un millón de personas obligadas a buscar refugio y dos millones que requerirían asistencia alimentaria.

Además, se esperan fallas masivas en redes eléctricas, roturas de diques y puentes, incendios y una ola que podría alcanzar entre 6 y 30 metros.

La falla de Cascadia acumula energía bajo la costa noroeste de Estados Unidos y Canadá, incrementando el riesgo de un megaterremoto y tsunami (Imagen Ilustrativa Infobae)

La vulnerabilidad de la región preocupa a especialistas y organismos. Aunque los avances científicos han permitido mapear la zona con mayor precisión, la infraestructura y los sistemas de alerta siguen presentando desafíos.

La Universidad de Washington identificó que el segmento frente a Washington y Oregón es el más sensible, y recomendó políticas públicas que refuercen la resiliencia de las comunidades costeras.

Descubrimientos recientes: complejidad y nuevas amenazas

En 2021, la geofísica Suzanne Carbotte lideró una expedición de 41 días que logró la imagen más nítida de la falla, publicada en Science Advances. Las investigaciones continuaron en 2025, cuando un estudio en Seismica descartó una falla secundaria gigante, aunque advirtió una “complejidad mucho mayor de la que se había inferido anteriormente”.

Ese mismo año, un equipo de la Universidad de Washington encabezado por el oceanógrafo Brendan Philip detectó una fuga de fluidos en el fondo marino, a 80 km de la costa de Oregón, en el Oasis de Pythia.

“Nunca había visto algo igual. Este fenómeno nos permite observar de manera directa cómo los fluidos subterráneos influyen en la estabilidad de las placas tectónicas”, explicó el geólogo Evan Solomon. El hallazgo plantea la posibilidad de un “lubricante natural” capaz de aumentar la fricción y el riesgo de ruptura.

Se prevén fallas masivas en infraestructura, incendios y olas de tsunami que podrían alcanzar hasta 30 metros de altura (Imagen Ilustrativa Infobae)

En paralelo, los científicos captaron por primera vez el proceso de desgarro de la placa de Juan de Fuca bajo Cascadia. A diferencia de lo que se creía, la placa no se desplaza de forma uniforme, sino que muestra zonas donde comienza a fragmentarse. El comportamiento podría modificar la acumulación y liberación de energía en la corteza terrestre y explicar patrones sísmicos irregulares.

Cascadia y San Andrés: un efecto dominó posible

La preocupación no se limita a Cascadia. El riesgo de un gran terremoto en la región podría activar la falla de San Andrés, famosa por su potencial devastador en California.

“Los científicos temen que un terremoto fuerte en Cascadia active la falla de San Andrés. Sería como un efecto dominó que afectaría a todo el estado al mismo tiempo”, advierten los especialistas.

La zona de contacto entre las placas del Pacífico y América del Norte, conocida como la triple unión de Mendocino, suma complejidad al escenario. Investigadores de la Universidad de California Davis detectaron la existencia de al menos cinco piezas tectónicas en tensión, además de nuevos fragmentos y fallas no identificadas antes. El término “Big One” designa ese gran terremoto esperado desde hace décadas en California, y los nuevos datos refuerzan la necesidad de monitorear toda la región geológicamente activa.

El conocimiento científico acerca de la falla de Cascadia y su vínculo con la falla de San Andrés ha avanzado de manera significativa en los últimos años, aunque persisten incertidumbres sobre el momento en que se producirá un gran terremoto. No obstante, la advertencia de los expertos es clara: la región requiere mayor preparación y sistemas de alerta más eficaces para mitigar el impacto de un evento que, según los modelos actuales, podría afectar la vida de millones de personas en la costa oeste de Norteamérica.

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