
Un equipo de investigadores abrió y analizó 178 latas de salmón enlatado recolectadas entre 1979 y 2021 en el Golfo de Alaska y la Bahía de Bristol, en Estados Unidos, para estudiar la evolución de los ecosistemas oceánicos. El objetivo fue examinar si los niveles de parásitos presentes en el pescado podían ofrecer información sobre la salud de las redes tróficas marinas.
El trabajo, liderado por la científica estadounidense especializada en ecología de parásitos marinos, Natalie Mastick durante su doctorado en la Universidad de Washington, reveló que el aumento de gusanos anisakidos en el salmón chum y rosado puede interpretarse como una señal para la biodiversidad y la estabilidad del sistema marino.
De acuerdo con la Universidad de Washington, los anisakidos dependen de múltiples huéspedes —incluidos pequeños crustáceos, peces y mamíferos marinos— para completar su ciclo de vida. Su presencia en cantidades crecientes sugiere que las cadenas alimentarias se reforzaron y que especies clave, como las focas y los leones marinos, se recuperaron tras décadas de protección ambiental.
La investigación, publicada en la revista científica Ecology & Evolution, aporta una nueva perspectiva sobre cómo los productos enlatados pueden servir como cápsulas del tiempo para entender cambios ecológicos a largo plazo.
Parásitos como indicadores de un océano saludable

Por otra parte, los científicos aclaran que el hallazgo de estos parásitos, conocidos como “gusanos del sushi”, no representa un riesgo para la salud si el pescado está bien cocido o enlatado, ya que los organismos mueren en el proceso. El riesgo solo existe al consumir pescado crudo o mal cocido, donde los anisakidos pueden causar anisakiasis, una afección parecida a una intoxicación alimentaria.
El trabajo de Mastick y su equipo muestra que la abundancia de anisakidos en salmón chum y rosado aumentó durante el periodo de estudio, mientras que en el salmón coho y rojo los niveles se mantuvieron estables. Según la profesora Chelsea Wood, coautora de la publicación, “su presencia es una señal de que el pescado en tu plato proviene de un ecosistema saludable”.
Los anisakidos comienzan su vida como organismos libres en el océano y son ingeridos por animales como el krill. A medida que estos crustáceos son devorados por peces y luego por depredadores superiores, los parásitos ascienden por la cadena alimentaria hasta alcanzar a los mamíferos marinos, donde se reproducen y liberan huevos al mar. Si faltan estos grandes depredadores, el ciclo se interrumpe y la cantidad de anisakidos disminuye.
De acuerdo con el estudio, la recuperación de mamíferos marinos, favorecida por leyes de protección ambiental como la normativa federal de Estados Unidos Ley de Protección de Mamíferos Marinos de 1972, pudo impulsar el aumento de estos parásitos. Otros factores, como el calentamiento oceánico y la mejora en la calidad del agua, también pueden haber influido en la complejidad y resiliencia de las redes tróficas.
Metodología y relevancia histórica del estudio

El acceso a información ecológica de décadas pasadas representa un reto para los científicos marinos. El equipo responsable del estudio recurrió a latas conservadas por la institución estadounidense Seafood Products Association en Seattle, originalmente almacenadas para control de calidad. Mediante la disección cuidadosa de los filetes enlatados y el uso de microscopios, los investigadores contaron y analizaron los parásitos, que se mantuvieron intactos gracias al proceso de conservación.
El análisis reveló una tendencia ascendente en la población de anisakidos en dos especies de salmón, mientras que las otras dos mostraron niveles estables. La identificación de estos patrones ayuda a comprender cómo las intervenciones humanas y los cambios ambientales pueden impactar a largo plazo en los ecosistemas marinos.
Por otra parte, los autores sugieren que el método de analizar productos enlatados podría aplicarse a otros alimentos marinos, como sardinas, para reconstruir la historia ecológica de los océanos a través de recursos subutilizados. La profesora Wood destaca la importancia de “abrir la mente y buscar fuentes de datos históricas no convencionales”.
Implicancias para la conservación marina
El estudio demuestra que la presencia de parásitos como los anisakidos puede indicar no solo problemas, sino también signos de capacidad ecológica. Un ecosistema capaz de sostener redes tróficas y múltiples especies de depredadores y huéspedes resulta más resiliente frente a los desafíos ambientales actuales.
La investigación de la Universidad de Washington ofrece una nueva herramienta para evaluar la salud de los océanos y subraya la importancia de la protección de mamíferos marinos y la gestión sostenible de las pesquerías. El avance científico y la creatividad en el uso de datos históricos permiten entender mejor el rumbo de los ecosistemas marinos y su recuperación ante las presiones humanas y climáticas.
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