
Los microplásticos son pequeñas piezas de plástico, menores de 5 milímetros, que contaminan el ambiente. Provienen de una variedad de fuentes, desde cosméticos y ropas sintéticas hasta la degradación de bolsas de basura y de neumáticos.
También los microplásticos impactan en la salud humana, ya que, incluso, podrían alojarse en el cerebro. Así lo indicó una nueva investigación, que aún no pasó por la revisión de pares, publicada en Internet por científicos de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos.
Los expertos descubrieron una acumulación de microplásticos especialmente preocupante en muestras de cerebros humanos. Los órganos estudiados pertenecían a personas que habían muerto y a quienes se les practicó una autopsia. El examen de los hígados, los riñones y los cerebros reveló que todos contenían microplásticos. Pero las 91 muestras de cerebro contenían en promedio entre 10 y 20 veces más que los demás órganos.

Según el autor principal del trabajo, Matthew Campen, toxicólogo y profesor de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Nueva México, los resultados fueron sorprendentes: 24 de las muestras de cerebro, recogidas a principios de 2024, contenían de media un 0,5% de plástico en peso.
“Es bastante alarmante”, dijo Campen en diálogo con el diario The Guardian. “Hay mucho más plástico en nuestros cerebros de lo que jamás habría imaginado o con lo que me habría sentido cómodo”.
El estudio describió el cerebro como “uno de los tejidos más contaminados por plástico de los que se han tomado muestras hasta la fecha”.
Lo que ya se había descubierto sobre el sistema cardiovascular

Generalmente, se habla más de los plásticos cuando se encuentran aves marinas enredadas y ballenas varadas cuyos vientres están llenos de desechos marinos. Sin embargo, los seres humanos también están siendo impactados por el uso de esos productos, aunque sus efectos no son tan inmediatamente visibles.
En marzo pasado en la revista New England Journal of Medicine, otro estudio realizado por científicos italianos reveló que hay una asociación entre los microplásticos y nanoplásticos con las enfermedades cardiovasculares.
Los nanoplásticos son partículas incluso menores que los microplásticos. Son invisibles con una longitud inferior a 1 micrómetro, una unidad de medida 1.000 veces menor que un milímetro.
Los investigadores hicieron un seguimiento de 312 pacientes sometidos a una intervención conocida como endarterectomía carotídea, en la que se extirpa la placa de una o ambas arterias carótidas del cuello para llevar más sangre al cerebro y reducir el riesgo de ictus.

Al hacer esa intervención, los investigadores hallaron micro y nanoplásticos en la placa extirpada del 58% de estos pacientes. Eso los exponía a un riesgo significativamente elevado de sufrir un ataque cerebrovascular (ACV) o un infarto no mortal, o de “morir por cualquier causa”.
Las Naciones Unidas ya han reconocido que, “con su omnipresencia, los microplásticos se han convertido en una cuestión cada vez más preocupante para el ambiente y la salud humana”.
Expertos de ese organismo internacional han tenido en cuenta que hay pruebas recientes que indican que los seres humanos inhalan e ingieren constantemente microplásticos a través de mariscos contaminados, incluidos pescados y mariscos.

Además, se han encontrado microplásticos en el agua del grifo o canilla, el agua embotellada e incluso en bebidas de consumo habitual, como la cerveza y también en la sal. De hecho, un estudio llevado a cabo en Corea del Sur estimó que un adulto medio consume aproximadamente 2.000 microplásticos al año a través de la sal.
Diferentes sustancias químicas pueden filtrarse de las botellas de agua de plástico, cuchillos y productos dermatológicos para entrar en el cuerpo de las personas. Estos compuestos están relacionados con graves problemas de salud, como alteraciones endocrinas, aumento de peso, resistencia a la insulina, disminución de la salud reproductiva y cáncer.
En noviembre próximo se desarrollará la quinta y última reunión de negociación intragubernamental, INC-5, tendrá lugar en Busan, Corea del Sur, para llegar a un acuerdo mundial sobre los plásticos.
En diálogo con Infobae, la doctora Marina Fernandez, científica del Laboratorio de Neuroendocrinología del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME) del Conicet, comentó: “Todas las investigaciones científicas suman para comprender mejor los efectos de los microplásticos y los nanoplásticos. Es también importante que se sigan haciendo. Vale aclarar que igualmente ya las evidencias que hay sobre la presencia de los contaminantes en el cuerpo humano y en el ambiente son suficientes para que se actúe y ponga en vigencia el tratado sobre los plásticos. Este tratado nos da una oportunidad única para regular no solo los químicos en plástico, sino también la producción de plásticos”.
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