
Las peligrosas espinas, que han fascinado a poetas y amantes desde la antigüedad, no están limitadas solo a las rosas. Estos pinches, que son defensas naturales, se encuentran en una amplia gama de plantas, incluso como tomates, papas y berenjenas.
Según CNN, las espinas existen desde hace al menos 400 millones de años, y han aparecido y desaparecido en distintos momentos de la evolución. Este mecanismo de defensa se da en muchas plantas que han evolucionado de manera independiente, como las flores de araña y las zarzas, además de ciertos cultivos como el arroz y la cebada.
Según un estudio reciente publicado en Science, los científicos identificaron una familia de genes responsable de la formación de espinas en diversas especies a lo largo de millones de años de evolución, a pesar de estar separadas por vastas distancias evolutivas.

El equipo del Laboratorio Cold Spring Harbor (CSHL), dirigido por James Satterlee y Zachary Lippman, ha revelado que los genes de la familia LONELY GUY (LOG) son clave en la producción de espinas. Este descubrimiento puede tener profundas implicaciones para la comprensión de la evolución convergente, el proceso mediante el cual especies diferentes desarrollan rasgos similares.
“Me di cuenta de que muchas tenían espinas muy prominentes. Entonces me pregunté: ‘¿Qué sabemos sobre eso? ¿Qué está pasando con esta adaptación?’ Resultó que no sabíamos casi nada”, relató Satterlee a Phys Org.
La investigación de genomas de plantas
En un esfuerzo colaborativo internacional, se analizaron muestras de plantas con y sin espinas en colaboración con instituciones como el Jardín Botánico de Nueva York y la Universidad de Cornell.

Mediante la edición genómica, se logró eliminar las espinas de plantas como las pasas del desierto, un raro fruto de Australia, y rosas en Francia. Estos estudios confirmaron la asociación de las espinas con los genes LOG en aproximadamente 20 especies diferentes.
“En realidad, estás preguntando sobre la vida en general, sobre la evolución de los rasgos. ¿Cómo surgen? ¿Cómo se modifican? ¿Cuáles son los mecanismos subyacentes? ¿Qué podemos aprender sobre las cosas que damos por sentadas?”, explicó Lippman en diálogo con Phys Org.
Un hallazgo que ayudará a la agricultura
“El descubrimiento aporta una valiosa herramienta a los investigadores que estudian el grado de protección que ofrecen las espinas contra los herbívoros”, comentó Tyler Coverdale, profesor adjunto de ciencias biológicas en la Universidad de Notre Dame, en una entrevista con CNN.

El profesor añadió que “esta investigación facilitará comprender mejor el papel ecológico de las espinas al evitar los daños que pueden surgir al eliminarlas manualmente”.
Lippman expresó la importancia de este avance al comentar que el descubrimiento podría permitir la creación de plantas sin espinas para la agricultura, además profundizar en la comprensión de cómo rasgos evolutivos similares pueden surgir en especies diferentes.
Entender cómo ciertos genes, como LOG, influyen en la aparición de rasgos a lo largo de millones de años es un campo prometedor que ya está proporcionando respuestas a preguntas clásicas sobre la evolución.

Lippman sugirió que la capacidad de manipular genes específicos podría permitir la domesticación de plantas hasta ahora consideradas poco atractivas para la producción agrícola debido a sus espinas. Esto incluye cultivos como las Solanum, las cuales, sin sus espinas, podrían tener una distribución y diversidad mucho más amplia y rentable.
“Se trata de tener más conocimiento… y entender lo importantes que fueron las mutaciones para darnos los alimentos que comemos y saber que hay más potencial ahí fuera”, dijo Lippman.
Y concluyó: “Cuanto más entendamos lo que ocurre bajo el capó, más posibilidades tendremos de ajustar el sistema, o el motor, por así decirlo, para que funcione aún mejor”.
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