
Un grupo de científicos ha lanzado una teoría que podría revolucionar nuestra comprensión de la evolución humana al sugerir que las células poseen una forma de conciencia. Esta hipótesis cambia la perspectiva predominante que considera a las células como entidades pasivas que ejecutan órdenes del genoma.
William B. Miller, biólogo y médico evolutivo, es uno de los principales defensores de esta idea. Miller, coautor del libro “The Sentient Cell: The Cellular Foundations of Consciousness”, publicado en enero de este año, argumenta que las células no son simplemente robots biológicos. Según su teoría, las células realizan una especie de comunicación y toma de decisiones que podrían considerarse actos de conciencia.
La propuesta de Miller no es ampliamente aceptada en la comunidad científica. Sin embargo, él no baja los brazos y según sus investigaciones, la capacidad de las células para realizar “tareas cognitivas” como analizar su entorno y toma de decisiones, sugiere que podrían ser más que meros ejecutores de programas genéticos. En un artículo publicado en mayo de este año en la revista “Progress in Biophysics and Molecular Biology”, Miller y sus colegas sostienen que la conciencia celular influye en la evolución de la vida.
Todavía es un concepto difícil de aceptar: que las bacterias y otros microorganismos sean conscientes en cualquier nivel. La conciencia se debe a un sistema nervioso complejo.
“Cada aspecto de la conciencia que estoy experimentando es una agregación simultánea de las conciencias de todas las células de mi cuerpo y de todos esos microbios trabajando en conjunto, coordinándose tan perfectamente que me siento como si fuera un solo individuo”, explica Miller.

El concepto de “conciencia existencial” celular no implica que una célula individual pueda producir pensamientos complejos, sino que su interacción con su entorno y con otras células podría describirse como una forma de cognición.
Miller señala ejemplos como la capacidad de las células bacterianas para medir la luz y adaptar su comportamiento en consecuencia.
Esta teoría también abre nuevas posibilidades en bioingeniería y medicina. Según Miller, entender a las células como agentes conscientes podría mejorar la regeneración de tejidos y el tratamiento de enfermedades como el cáncer. Por ejemplo, bloquear la comunicación entre células cancerosas podría detener su proliferación sin dañar células sanas, algo que ya se está investigando en inmunoterapia.
El concepto de que nuestras células y microorganismos interactúan de formas complejas también se encuentra eco en estudios sobre el microbioma humano. La ciencia del hologenoma, que explora la coevolución de organismos con sus microbiomas, apoya la idea de que la conciencia celular podría haber tenido un papel en la diversificación de la vida.
Aquí hay una razón práctica para tratar a las células como conscientes, dice Miller. “Una vez que nos demos cuenta de que las células son materiales creativos e inteligentes para resolver problemas, podemos tratarlas como socios en el diseño de mejores terapias y soluciones biomédicas”, afirma. Al estudiar sus motivaciones y toma de decisiones, agrega, se podrían encontrar más formas de manipular las células, como interrumpir sus procesos. “Por ejemplo, las células cancerosas se comunican entre sí y con las células no cancerosas del cuerpo. Estamos encontrando curas prometedoras para algunos cánceres que rompen la comunicación que utilizan las células cancerosas en sus esfuerzos por propagarse y formar tumores. Este tipo de inmunoterapia dirigida no daña las propias células sanas de los pacientes, a diferencia de la quimioterapia o la radiación, que también dañan las células sanas”, cetalla el científico en su libro.
Afirma que ya se está aprovechando el comportamiento celular para diseñar microbios que comen plástico. “Estas soluciones creativas en el futuro no serán posibles si tratamos a las células como robots sin preferencias”, afirma Miller.
Par el experto, con esta teoría, Incluso se podría entender cómo explorar mejor el espacio: “Por ejemplo, los niveles de radiación en un viaje a Marte son demasiado altos para sobrevivir. Una de las soluciones podría ser encontrar una manera de fortalecer nuestras células contra la radiación peligrosa”. Miller cree que sería útil un estudio sobre cómo las propias células podrían diseñar una adaptación a la radiación.
A pesar de las críticas y el escepticismo, la propuesta de Miller y sus colegas añade una perspectiva fresca y potencialmente transformadora a nuestra comprensión de la biología celular y la evolución.
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