
Los dinosaurios, en su majestuosidad prehistórica, no solo se enfrentaron a depredadores y presas, sino también a la furia de un planeta en constante cambio. Entre los eventos más desafiantes que enfrentaron se encuentran las erupciones volcánicas, capaces de transformar la Tierra en un infierno de fuego y ceniza. Lejos de sucumbir ante la furia volcánica, los dinosaurios encontraron la forma de persistir. Su capacidad de adaptación les permitió no solo sobrevivir a las consecuencias inmediatas de las erupciones, sino también aprovechar los cambios que estas generaban en el entorno.
Un reciente estudio realizado por investigadores de la University College London y la Universidad de Vigo en España ha descubierto que los dinosaurios adquirieron la capacidad de regular su temperatura corporal hace aproximadamente 180 millones de años. Este cambio evolutivo, conocido como endothermia, se produjo durante el período Jurásico Temprano como resultado de intensas erupciones volcánicas que alteraron el clima global.
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La endothermia, la capacidad de generar calor internamente, es una característica que hoy comparten tanto mamíferos como aves. Durante años se pensó que los dinosaurios eran similares a los reptiles actuales en cuanto a su sangre fría. Sin embargo, este nuevo estudio, publicado en la revista Current Biology, sugiere que algunas especies de dinosaurios pudieron ser de sangre caliente antes de lo que se había asumido.
El evento geológico que desencadenó estos cambios evolutivos es conocido como el Evento Jenkyns, ocurrido hace aproximadamente 183 millones de años. Durante este periodo, enormes cantidades de lava y gases volcánicos brotaron de la superficie terrestre, resultando en un calentamiento global que obligó a muchas especies a adaptarse. Este evento provocó la extinción de diversos grupos de plantas y se ha identificado como uno de los factores clave en la división de los principales grupos de dinosaurios, obligándolos a desarrollar preferencias climáticas diferenciadas.
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El Dr. Alfio Alessandro Chiarenza, primer autor del estudio, expresó su sorpresa ante los resultados, afirmando: “Me sorprendió particularmente la coincidencia de la mayoría de los cambios evolutivos con el Evento Jenkyns”. Este evento ha sido recientemente reconocido como un evento de hipertermia en el registro geológico, y su influencia en los ecosistemas globales y en la evolución de los dinosaurios es un concepto reciente.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron 1.000 fósiles distribuidos en diferentes climas de la era Mesozoica (230-66 millones de años atrás), utilizando modelos climáticos, geografía y árboles evolutivos. Dos de los tres grupos principales de dinosaurios, los terópodos (que incluyen al Tyrannosaurus rex y al Velociraptor) y los ornitischianos (parientes del Stegosaurus y el Triceratops), migraron a climas más fríos y desarrollaron endothermia. El tercer grupo, los saurópodos (que incluye al Brontosaurus y el Diplodocus), permaneció en áreas más cálidas y continuó siendo de sangre fría.
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Chiarenza explica que “la capacidad endothermica pudo haber permitido a los terópodos y ornitischianos crecer más rápido, producir más descendencia y mantener la actividad física por períodos más largos”, lo que les ayudó a sobrevivir a la degradación ambiental. A pesar del calentamiento global, las regiones polares seguían siendo oscuras durante aproximadamente cuatro meses al año, lo que significaba que estos dinosaurios tuvieron que adaptarse a condiciones extremas.
Sin embargo, algunos saurópodos prosperaron en entornos áridos, donde sus grandes cuerpos de sangre fría podían almacenar el calor necesario. “Cuanto más grande es tu olla de agua, más lento se enfría. Eso es lo que creemos que los saurópodos estaban haciendo”, afirmó Chiarenza.
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El análisis de cómo los cambios climáticos afectaron la evolución de los dinosaurios puede brindar información valiosa sobre cómo la actual crisis climática está afectando a las especies de hoy. Según Chiarenza, “otra razón para investigar y comprender mejor los eventos de calentamiento global en nuestro pasado geológico es entender qué efectos pueden tener en la biodiversidad. Una lección del pasado profundo para nuestro futuro”.
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