
Un estudio dirigido por el especialista en ciencias de la tierra, Hassan Niazi, del Laboratorio Nacional del Noroeste del Pacífico en Washington, prevé que la extracción de agua subterránea alcanzará su punto máximo alrededor de 2050 y posteriormente, se espera una disminución hasta niveles similares a los actuales para finales de siglo. La cronología y magnitud del pico varían según diferentes modelos, pero la mayoría predice un máximo antes de 2100. En algunas zonas, los descensos podrían ser más rápidos. En el estudio, se demuestra que la extracción alcanzará su punto máximo antes de 2030 en el 10% de las cuencas analizadas, en áreas extensas de la India, Pakistán y China. En regiones de Estados Unidos como Missouri y California, la extracción disminuyó desde 2010 y 2015, respectivamente.
Las causas del pico máximo varían según la región. En California, el aumento de los costos de bombeo es el primer fundamento, mientras que en el sudeste asiático, los cambios en la precipitación y temperaturas más altas por el cambio climático juegan un papel más importante. Aunque es imposible agotar toda el agua subterránea del planeta, el estudio prevé que las personas usarán menos del 1% del agua presente en los primeros 2 kilómetros de la corteza terrestre en el próximo siglo. Sin embargo, se podrían agotar las reservas económicamente o físicamente factibles de extraer y ello impactará en los sistemas agrícolas y de provisión de agua.
Según la revista internacional New Scientist, la situación podría afectar profundamente los sistemas de alimentos y de agua que abastecen a cerca de la mitad de la población mundial, además de aumentar los precios de los alimentos y cambiar las dietas. Entre 1960 y 2010, la extracción a nivel global creció más de un 50%, principalmente para el riego. Actualmente, una quinta parte de los alimentos producidos en el mundo utiliza este recurso.

Sin embargo, gran parte del agua se obtiene de acuíferos a una velocidad mayor de la que pueden recargarse naturalmente. Esto provoca una disminución de sus niveles, hundimientos del terreno, contaminación del agua remanente y perjuicio a los ecosistemas que dependen de la capa acumulada en el subsuelo terrestre. Estos factores incrementan los costos de extracción, debido a que requieren perforar pozos más profundos y usar más energía en las bombas.

El aumento de los precios de los alimentos es una posible consecuencia. Esto podría impulsar una mayor actividad agrícola en tierras que dependan sólo de la lluvia o forzar a países con climas más áridos a importar cultivos que requieran mucha agua. Regiones que históricamente no la extraían de las capas subterráneas podrían comenzar a hacerlo.
Esos cambios no serán fáciles. “No se puede simplemente trasladar la producción agrícola a otro lugar”, afirmó en la revista New Scientist, Peter Gleick del Instituto del Pacífico para Estudios sobre Desarrollo, Medio Ambiente y Seguridad, una organización sin fines de lucro de investigación en California. Por otro lado, junto con factores como el cambio climático y una población en crecimiento, el impacto en la disponibilidad de alimentos podría ser muy alarmante, según Matti Kummu de la Universidad Aalto en Finlandia. “Los productores de alimentos deberían cambiar a cultivos menos intensivos en agua y utilizar el agua subterránea de manera más eficiente cuanto antes”, recomienda Kummu en la revista.
El uso desproporcionado del agua plantea un problema grave para la humanidad, que se acentúa por el mal manejo en diversas regiones del planeta y sus impactos negativos tanto en el medio ambiente como en las poblaciones locales.
En diversas regiones del mundo, se observa una explotación clandestina de recursos hídricos, que causan riesgos tanto para la disponibilidad de agua para el consumo humano como para la sostenibilidad ambiental. Estas prácticas indebidas afectan directamente a ecosistemas y comunidades, que disminuyen sus fuentes de agua de manera alarmante.
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