
La línea de tiempo geológica de la Tierra ha estado marcada repetidamente por extinciones masivas de especies. Estos eventos suelen estar asociados con el cambio climático y de macrohábitats, lo que lleva a la desaparición de muchos animales y a una disminución sustancial de la diversidad de organismos. No se comprende bien por qué ciertas especies sobreviven a eventos de extinción a gran escala mientras que otras no.
Si bien el registro fósil puede proporcionar información sobre adaptaciones morfológicas que aumentan las probabilidades de supervivencia, es limitado sobre los rasgos de comportamiento.
Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Basilea, propuso en un nuevo documento, publicado en bioRxiv, que estar activo durante la noche, como ocurre con los esturiones, confiere una ventaja de supervivencia. El modelo, que infirió los hábitos de los peces antiguos basándose en los comportamientos de miles de especies vivas, sugiere que después de que pasaron los tiempos complejos en el planeta, las especies nocturnas se diversificaron rápidamente, y algunas se convirtieron en habitantes diurnos y reemplazaron a las desaparecidas.
Los científicos ya sabían que muchos mamíferos nocturnos sobrevivieron a la extinción masiva que siguió al impacto de un asteroide hace 66 millones de años, mientras que los dinosaurios, que eran en gran parte diurnos, no. El nuevo estudio extiende ese patrón a otras catástrofes y otras especies, incluidas las acuáticas. Con lo cual, este trabajo representa “una de las mayores pruebas del papel del comportamiento en las extinciones masivas”, explicó Markus Schreyer, especialista de la Universidad de Basilea y uno de los autores principales de la investigación.
Noche protectora

La mayoría de los fósiles revelan poco sobre el comportamiento de un organismo durante un período de 24 horas. Es por eso que Maxwell Shafer, autor principal del trabajo, junto a sus colegas de la Universidad de Basilea, se centraron en los peces vivos, que representan la mitad de todos los vertebrados.
Revisaron la literatura para determinar los comportamientos diurnos y nocturnos de casi 4.000 especies de peces óseos y 135 cartilaginosos, como los tiburones, y trazaron estos comportamientos en un árbol de la vida.
Luego llevaron a cabo muchas simulaciones por computadora de posibles patrones de actividad día-noche en los ancestros de los modernos, hasta que dieron con el que mejor reproducía los patrones de las especies actuales.
Algunos peces, como el esturión, han permanecido nocturnos a lo largo de su historia. Según su modelo, el antepasado de todos ellos también era nocturno, al igual que muchas de las especies que sobrevivieron a extinciones masivas. El equipo también descubrió que “han pasado muchas veces de ser nocturnos a diurnos”, más a menudo que otros vertebrados.

Shafer detectó que esos cambios eran más evidentes a raíz de períodos de extinción elevada hace 145 millones y 66 millones de años. Las temperaturas se dispararon durante ambos eventos, y propone que al salir sólo en la oscuridad, los animales nocturnos evitaron picos diurnos potencialmente letales.
Una vez que terminaron los trastornos ambientales, las especies nocturnas pudieron explotar nichos vacíos cambiando a la diurnaidad y diversificándose, como lo hicieron los mamíferos después de la desaparición de los dinosaurios. Entre los peces, esto finalmente restableció el equilibrio entre las especies nocturnas y diurnas, encontró el equipo.
Estudios anteriores habían sugerido que los primeros mamíferos eran nocturnos para evitar a los dinosaurios. Después de que esos depredadores desaparecieron, los mamíferos pasaron a estar activos durante el día. Los anfibios y otros vertebrados terrestres también tendieron a ser nocturnos durante gran parte de su evolución, según otros estudios, pero cada vez más se han vuelto diurnos. El equipo de Shafer propone que para todos los vertebrados, la nocturnidad fue una ventaja de supervivencia durante las catástrofes.
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