
“Estuve ahí”. Así recuerda la científica argentina Florencia McAllister al momento de la muerte de su mamá, quien tenía 55 años. “Me quedé impresionada cuando me dí cuenta que era una enfermedad tan agresiva. Solo pasaron 16 meses desde el momento del diagnóstico hasta su muerte”, detalló.
La madre tuvo un cáncer de páncreas, una enfermedad que aumentó su incidencia en un 55% durante los últimos 25 años en el mundo. Desde entonces, McAllister -quien fue entrevistada por Infobae- usó todo lo que había aprendido al ser científica y médica para comprender mejor por qué se trata de un cáncer tan agresivo y qué se puede hacer para contar con más tratamientos efectivos.
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Ahora, lleva adelante un estudio que evalúa al trasplante fecal -también llamado “trasplante microbiano fecal”- como una potencial terapia para los pacientes. Ese tipo de trasplante también se investiga como terapia para algunas afecciones gastrointestinales.
Los hallazgos que McAllister ya le valieron para ser premiada la semana pasada por la Academia de Medicina, Ingeniería, Ciencia y Tecnología de Texas en los Estados Unidos, el país donde vive.
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Es que los resultados de sus investigaciones abrieron una puerta en diferentes direcciones dentro del nuevo paradigma de la medicina personalizada. Recibió el galardón que honra la memoria de “Mary Beth Maddox”, quien fue directora ejecutiva de la academia y que falleció por el cáncer de páncreas.
“McAllister es un verdadero fenómeno y líder en el campo del microambiente tumoral pancreático, y anticipo que su ciencia creativa conducirá a nuevos tratamientos y a una esperanza real para los pacientes que sufren esta temida enfermedad”, afirmó Ronald A. DePinho, científico del MD Anderson Center, en Houston, quien postuló a la argentina para el galardón.
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Se suele creer que el mundo de los microbios no tiene que ver con las cánceres. Pero la investigación de McAllister ha demostrado lo contrario. “Un día noté que un paciente con un tipo de cáncer de páncreas había tenido una alta sobrevida y me pregunté qué hizo que haya vivido tanto. Llamaba poderosamente la atención”, contó a Infobae.

Con su equipo, se puso a hacer un estudio retrospectivo y se evaluaron historias clínicas y muestras de pacientes. Encontraron que las mutaciones genéticas no eran diferentes entre los pacientes con mayor sobrevida en comparación con los de alta sobrevida.
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En el laboratorio, había observado un tipo de células del sistema inmune alrededor del cáncer de páncreas, aparentemente en respuesta a bacterias. Eso la llevó a preguntarse si las bacterias tenían un papel en el cáncer y la encaminó hacia los descubrimientos sobre el microbioma. “Encontramos que los pacientes con mayor sobrevida tienen otras especies de microbios en sus tumores”, señaló.
Hicieron experimentos en animales para explorar el trasplante (que incluye a los microbios que el donante tenga). Un grupo de ratones recibió el trasplante microbiano de pacientes que habían sobrevivido a largo plazo. Otros recibieron de pacientes de sobrevida corta y un tercero de personas sanas. Luego, indujeron el desarrollo de tumores en los tres grupos de animales.
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Se descubrió que los ratones que habían recibido el trasplante de los pacientes de sobrevida alta tenían tumores más pequeños y más activación del sistema humano que los de sobrevida corta. Los ratones que recibieron trasplante de personas sanas tuvieron tumores intermedios. El estudio se publicó en Cell en 2019.

Desde entonces esos resultados abrieron caminos muy diversos. “Sabemos que la composición del microbioma de los tumores del páncreas interactúan con el microbioma intestinal. Influyen en la respuesta del sistema inmune”, afirmó la científica que hace investigación traslacional cada día: va al laboratorio, investiga, publica papers, y también atiende pacientes en el MD Anderson Center, en Houston. Se graduó como médica en la Universidad Nacional de Rosario.
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Pero aún no se sabe por qué algunos pacientes tienen microbios diferentes en sus tumores. McAllister ya puso en marcha el primer ensayo clínico de fase 0 que servirá para evaluar qué pasa con pacientes que van a ser sometidos una cirugía por el cáncer pancreático cuando reciben el transplante microbiano de personas sanas o sobrevivientes de cáncer de páncreas.
“La idea es estudiar la posibilidad de cambiar la microbiota del paciente y observar si tiene beneficios”, comentó. El estudio fue autorizado por la autoridad regulatoria de EE.UU., la FDA.
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“Si llegara a demostrarse que el trasplante microbiano puede tener eficacia y seguridad para pacientes con cáncer de páncreas, podría combinarse con tratamientos ya probados”, acotó.

Por otra parte, McAllister también está llevando a cabo estudios con un tipo de fármaco que inhibe un mecanismo molecular con miras a utilizarlo en pacientes con resistencia a otros tratamientos. Y no se queda allí: trabaja para contar con un test que detecte al cáncer de páncreas de manera temprana.
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“Ya se ha demostrado que este tipo de cáncer se disemina muy temprano, incluso antes de desarrollarse localmente. Estimamos que se podría detectar los cambios en el microbioma del paciente a través de un test. Podría ser útil para tomar decisiones para la atención futura de la persona”, resaltó.
Se sabe hoy que las bacterias de un tumor pueden determinar el éxito del tratamiento y el pronóstico clínico. Porque los microbios pueden abandonar el intestino, desplazarse a las zonas tumorales y afectar al cáncer, directa o indirectamente a través de moléculas derivadas del metabolismo microbiano.

Cuando no está investigando o atendiendo pacientes, McAllister disfruta con sus momentos con su esposo turco y sus tres hijos. Le encanta leer literatura. “Me gusta leer desde chica porque mi abuelo tenía una biblioteca en la cocina”, recordó. “Leer me divierte, y me despierta una mayor creatividad en mi trabajo como científica”, expresó.
“Ya amo lo que hago. Pero quiero hacer una diferencia en cáncer de páncreas y en prevención. Que muchas ideas tengan que ver con menos toxicidad de los tratamientos. Me voy a sentir muy satisfecha si mis descubrimientos de hoy se transforman en herramientas eficaces en el futuro”, dijo.
Su héroe de la infancia (y aún una fuente de inspiración) fue Julio Maiztegui (1931-1993), médico y científico argentino que trabajó en la ciudad de Pergamino, provincia de Buenos Aires, donde McAllister nació. Maiztegui fue un pionero en el estudio de la fiebre hemorrágica argentina: sus aportes sirvieron para desarrollar una vacuna.
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