Daniel Ortega y Kim Jong-un consolidan su alianza con embajadas en Nicaragua y Corea del Norte: qué busca el dictador sandinista

La sede diplomática norcoreana en Managua que anunció Rosario Murillo sería la quinta en América y la primera en Centroamérica

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Daniel Ortega busca acercamiento con Kim Jong-un, quien mantiene en Corea del Norte uno de los régimenes más aislados del mundo.
Daniel Ortega busca acercamiento con Kim Jong-un, quien mantiene en Corea del Norte uno de los régimenes más aislados del mundo.

Daniel Ortega busca nuevos amigos. En medio de un crecente aislamiento, el régimen nicaragüense anunció su decisión de abrir una embajada en Corea del Norte y, asimismo, recibir una delegación diplomática norcoreana de ese mismo nivel en Managua.

Con la de Managua, serían cinco las embajadas que Corea del Norte tendría en América. Hasta ahora hay embajadas norcoreanas en Brasil, Venezuela, Cuba y México.

Ortega habría aprovechado una felicitación del dictador norcoreano Kim Jong-un en ocasión del 44 aniversario de la Revolución Sandinista para hacerle el guiño a Pyongyang, a trece mil kilómetros de distancia y sin ninguna relación económica o cultural con Managua.

“Extiendo mis felicitaciones a usted, al gobierno, y al pueblo de Nicaragua, y le deseo mayores éxitos en sus labores para alcanzar el progreso y la prosperidad defendiendo la soberanía del país”, rezaba la misiva de Kim Jong-un, en saludo al 44 aniversario de la Revolución Sandinista.

“Estuvimos reunidos con el embajador o representante del hermano Kim Jong-un, quien nos mandó un hermoso mensaje también, y asumimos el compromiso de abrir embajadas”, manifestó Rosario Murillo, esposa de Ortega y vicepresidenta del país, en declaraciones a medios oficialistas.

Según Murillo, la intención es “fortalecer relaciones que son de décadas” y afirmó que ya se ha entregado “la solicitud de plácet para una persona que será embajador residente allá en Pyongyang”.

“Vamos en reciprocidad a trabajar juntos desde esas representaciones en políticas sociales, culturales, diplomáticas, fortalecer nuestras relaciones que son de décadas”, añadió Murillo.

Durante los años 80, el gobierno revolucionario de Nicaragua mantuvo una embajada en Corea del Norte. Esta relación se terminó en 1994, cuatro años después que Daniel Ortega perdiera el poder en elecciones generales, frente a la candidata Violeta Barrios de Chamorro.

En septiembre de 1986, Daniel Ortega visitó Corea del Norte junto con Rosario Murillo y varios funcionarios de su gabinete y partido. Fue recibido con honres de Jefe de Estado por Kim Il-sung, abuelo del actual mandatario norcoreano, y en su honor se organizaron fastuosos desfiles militares.

Para el analista político, Eliseo Núñez, Corea del Norte es “una fotografía” que Ortega quiere copiar para Nicaragua. “El régimen norcoreano está aislado, con un enorme control social, y con una visión del mundo en que una familia es la que manda, es decir, no solamente los Kim, sino también toda su descendencia y así educan a la población para eso”, dice.

“Ortega cree que Nicaragua puede estar preparada para una dinastía de los Ortega por mucho tiempo y que requiere de las mismas tácticas que ha ocupado la dinastía Kim en Norcorea”, añade.

En 1986, Daniel Ortega visitó Corea del Norte al frente de una amplia delegación de funcionarios nicaragüenses. En la gráfica con el ya fallecido líder norcoreano. Kim Il-sung,
En 1986, Daniel Ortega visitó Corea del Norte al frente de una amplia delegación de funcionarios nicaragüenses. En la gráfica con el ya fallecido líder norcoreano. Kim Il-sung,

El exembajador José Dávila dice que, con este acercamiento, Ortega busca consolidar a Nicaragua como “una cabeza de playa” de ese bloque mundial de dictaduras anti Estados Unidos “que encabezan Rusia y China, en el que Corea del Norte es un país de comunismo ortodoxo, tiránico, muy cerrado al mundo, pero muy peligroso por impulsivo y poseedor de armas nucleares”.

“No olvidemos que Nicaragua está alineado a este bloque buscando protección e inmunidad a la acusación de cometer crímenes de lesa humanidad, pues ante la justicia internacional no aparecerá solo”, señala.

El régimen de Daniel Ortega ha mostrado particular interés en aliarse con países como Irán, Rusia y China, con quienes ha estrechado relaciones políticas y militares más que comerciales.

“Es la aberración total de una política exterior errónea y disparatada que no busca nada a favor del desarrollo y mejor futuro del país, sino abrazarse más por razones ideológicas con países comunistas que tienen a sus pueblos bajo férrea represión, situaciones de hambre, y total aislamiento del mundo”, señala Dávila.

Eliseo Núñez dice que la amistad de Ortega con Corea del Norte no representara ningún beneficio económico para Nicaragua porque no hay transacciones comerciales entre ambos países. “Lo único que puede venderle Corea del Norte a Nicaragua son armas”, apunta.

Al contrario, agrega, con una amistad como esa, “corre el riesgo de ahuyentar a inversionistas e, incluso, poner en riesgo las relaciones comerciales que actualmente tiene”.

La politóloga guatemalteca Gloria Álvarez, considera que, bajo el régimen de Daniel Ortega, Nicaragua se ha convertido en “la Corea del Norte de América Latina”.

“Yo lo he dicho muchas veces: de Nicaragua no se habla. Solo se habla de Venezuela, Bolivia, Ecuador… Cuando realmente Nicaragua es la Corea del Norte de América Latina. Porque es como cuando la gente va a Corea del Norte. La meten en un carro, le enseñan lo mejor que hay, no hay violencia, no hay inseguridad, supuesto desarrollo económico. Lo mismo está pasando en Nicaragua. Nadie habla del gigante dormido que es Nicaragua, y es por lo mismo, porque no reina el caos”, dijo Álvarez en una entrevista al nicaragüense diario La Prensa en abril de 2017.

El gigante dormido que describió la politóloga despertó justo un años después de esas declaraciones. Los ciudadanos se alzaron multitudinariamente pidiendo la salida de Ortega y las protestas fueron reprimidas con violencia, desencadenando una crisis que provocó más de 300 asesinados, miles de presos políticos y centenares de miles de exiliados.

Para sobrevivir, el régimen de Ortega anuló las elecciones, encarcelando a los candidatos opositores, proscribiendo a los partidos políticos de oposición y persiguiendo, encarcelando y desterrando a quienes piensan diferente.

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