El blanqueo de Delcy Rodríguez: la misión de la CELAC en Europa

La vicepresidenta de la dictadura chavista participó de la cumbre con la Unión Europea. Evitó referirse a la proscripción de candidatos opositores pero consiguió su objetivo y el de Cuba

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Reunión entre Delcy Rodríguez, Lula da Silva, Emmanuel Macron, Gerardo Blyde, Gustavo Petro y Alberto Fernández en Bruselas, en el marco de la cumbre CELAC-Unión Europea (Reuters)
Reunión entre Delcy Rodríguez, Lula da Silva, Emmanuel Macron, Gerardo Blyde, Gustavo Petro y Alberto Fernández en Bruselas, en el marco de la cumbre CELAC-Unión Europea (Reuters)

Delcy Rodríguez se pasea sonriente. Tiene motivos. Está en Bruselas, en el marco de la cumbre entre la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el foro continental manejado por Cuba. Es el paso más importante y trascendental de su cristalización como sucesora de Nicolás Maduro al frente de la dictadura. Es su presentación en sociedad.

Esta visita de Rodríguez -vicepresidenta del régimen chavista- es mucho más amena que su anterior paso por Europa. Aquel pasado tour no lo olvidará fácilmente. En enero de 2020 debió permanecer retenida en el aeropuerto de Madrid por estar sancionada por el bloque continental. Apenas compartió una brevísima reunión con el entonces ministro de Transporte español, José Luis Ábalos. De inmediato voló a Doha, para que el escándalo no escalara. Dicen quienes conocen bien el tema que aquel país rico en petróleo no sólo recibe a funcionarios chavistas.

El lunes estuvo en una mesa mucho más favorable que aquella olvidable asamblea entre aviones: los jefes de estado Brasil, Argentina y Colombia la colocaron frente al presidente francés Emmanuel Macron. En el debate también estuvo Gerardo Blyde, opositor venezolano y Josep Borrell, Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Lula da Silva, Alberto Fernández y Gustavo Petro no son muy exigentes con Caracas. Tampoco con Nicaragua o Cuba. Tienen una visión más flexible del estado de derecho.

Eso les permitió presentar a Delcy Rodríguez a cielo abierto. Como si no formara parte de la dictadura que provocó el exilio de más de siete millones de venezolanos. Buscar otro argumento para explicar el histórico y triste éxodo forma parte de la mala fe o ignorancia de aquellos que apoyan a Maduro. Hay, empero, quienes se animan a tan temeraria tesis.

La fotografía de la reunión en Bruselas muestra lo que fue en apariencia una reunión cordial. Sin embargo, sólo contribuyó al blanqueamiento internacional de Rodríguez. No hubo entendimiento acerca de las elecciones ni sobre un punto básico: la inhabilitación de candidatos populares que impulsa el régimen para evitar perder en las urnas. Pero, ¿era ese acaso el objetivo de la cumbre?

La proscripción de Maria Corina Machado fue un escándalo que atravesó las fronteras y que fue condenada por la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos. En América Latina fueron solo algunos los presidentes que se animaron a levantar la voz: Gabriel Boric, Guillermo Lasso, Mario Abdo Benítez y Luis Lacalle Pou. Petro dedicó un confuso, tibio y generalista tuit al tema. Muchos malintencionados se preguntan: ¿cuánto le debe a Maduro?

Macron, experimentado pero con graves problemas internos y una extraña política exterior, se prestó al blanqueamiento de Rodríguez. ¿O fue usado? ¿Le habrán prometido algo más sus pares latinoamericanos? La reunión se dio incluso después de que el principal negociador electoral del régimen, Jorge Rodríguez -hermano y promotor de Delcy- fuera exageradamente agraviante hacia Europa, sus diputados y descartara la posibilidad de celebrar unas elecciones transparentes.

El jefe de la Asamblea Nacional chavista enumeró una serie de insultos para referirse a los europeos que quizás no llegó a oídos de Macron. “Vayan a lavarse ese paltó, Parlamento Europeo. Aquí no vuelve ninguna Misión de Observación europea. No vuelven. Por groseros, por colonialistas, por representantes de esa vetusta Europa, imperial, asesina, esclavista. Aquí no vuelven”, gritó Rodríguez apenas cuatro días antes de que su hermana se presentara radiante y de punta en blanco ante esa vetusta Europa.

A Macron le sentaron en una misma mesa no sólo a una prominente figura -presente y futura- del régimen venezolano. Pudo conocer a quien garantizará la realización de unas elecciones fraudulentas desde el origen: con candidatos proscriptos por tener posibilidades de triunfo y sin observadores ni veedores internacionales que pudieran señalar las irregularidades y trampas de Miraflores durante los comicios. ¿Será la CELAC de Cuba la que se proponga como la garante de la diafanidad electoral? Sería la consumación de la ironía perfecta.

Tras esa reunión, Delcy Rodríguez ratificó y defendió la proscripción de María Corina Machado. Fue luego de que el presidente paraguayo Abdo Benítez dijera en la cumbre que se sentía plenamente representado por la posición del Parlamento Europeo que condenó la inhabilitación de la candidata de Vente Venezuela. También dijo que no se podía ser “indiferente” a la situación que atraviesan ese golpeado país y Nicaragua.

Rodríguez trinó. Pero a través de Twitter, no ante los demás mandatarios. Insultó a Abdo Benítez a quien acusó de cumplir “mandados” de Estados Unidos. Impensado y original argumento: el paraguayo dejará su lugar a Santiago Peña el 15 de agosto próximo y pudo hacerse el distraído. Pero la vice de Maduro continuó bramando. Dijo que no iba a “malgastar” su tiempo en responder durante la audiencia con los demás presidentes. Más allá de tener que lidiar con las agujas del reloj, es de creer que no quiso responder una acusación incómoda frente a otros ojos inquisidores.

Más allá de ese disgusto, Delcy Rodríguez consiguió su objetivo, el de su hermano Jorge… ¿y el de Maduro? Fue blanqueada ante la comunidad internacional de la mano de la CELAC, el bloque que articula Cuba, como la sucesora del dictador. También cumplió otro sueño: pasear por Europa, “colonialista y esclavista”, sin temor a ser detenida.

Twitter: @TotiPI