Evo Morales se proclamó vencedor de las elecciones presidenciales de Bolivia pese a que los números le indicaban que podría haber segunda vuelta. Se espera un lento recuento del 10 por ciento de los votos que faltan computar (Reuters)
Evo Morales se proclamó vencedor de las elecciones presidenciales de Bolivia pese a que los números le indicaban que podría haber segunda vuelta. Se espera un lento recuento del 10 por ciento de los votos que faltan computar (Reuters)

Evo Morales actúa como un vidente. A tal extremo que parece haber visitado un oráculo y observado el futuro. Pronosticó -desde la sede gubernamental- que ganaría con un “60 ó un 50” por ciento de los votos. Lo anunció pese a que apenas superaba en siete puntos (45% a 38%) a su adversario político más próximo en el escrutinio, Carlos Mesa y que quedaban 16 por contabilizar. Fue luego de que éste asegurara que habría segunda vuelta en Bolivia. Para el eterno Evo, eso es apenas una ilusión de su contrincante. Una quimera.

Morales -quien se presentó por tercera vez a una reelección presidencial pese a que la constitución y un referéndum se lo prohibieron- tranquilizó a su Movimiento al Socialismo (MAS) al avisar que sus rivales no debían contar más votos y que menos tenían que encandilarse con las luces de una posible contienda definitoria para el próximo 15 de diciembre. Para el líder popular nada de eso ocurrirá. Lo manifestó convencido. Como si los votos faltantes ya hubieran sido inscriptos. También informó que el parlamento continuará bajo su mando. Dio una razón para semejantes presentimientos: señaló que todo se definirá gracias a los “votos del campo”.

Esos sufragios serán los que más tarden en contarse. Los más remolones en llegar al Órgano Electoral Plurinacional (OEP) de Bolivia. Pueden pasar varias, demasiadas horas para que el recuento sea absoluto. Quizás algunos días, por qué no. Mientras tanto, Mesa y los demás opositores podrían gastar sus gargantas reclamando un escrutinio definitivo, claro y transparente. El Palacio Quemado dirá en cambio que se repitió la alianza “del campo y la ciudad” y que todo es cristalino. Evo eterno, nuevamente.

Para mejor, Bolivia se prepara para jornadas de juerga. En 10 días se espera el “Día de los Muertos”. Es una celebración que en el calendario dura 24 horas, pero que en las calles se extiende por cinco días. Incluso más. Para la mayoría de la población es una de las fechas más importantes y de mayor festividad del año. Quizás la más esperada. Es momento en que la tradición de los pueblos originarios se entremezcla con la evangelización hispánica. Sagrado. ¿Quién podría interrumpir el jolgorio en las calles con cuestiones políticas? Morales lo sabe. Por ese motivo es que cambió la fecha electoral para combinarla con la conmemoración de los difuntos y unirla en la confusión generalizada.

¿Despertarán las almas para contradecir esta idea en comunión con el almanaque que diseñó el MAS? ¿Cómo reaccionará la maquinaria represiva de La Paz cuando miles de personas quieran hacerse escuchar ante las sospechas de manipulación de datos? Son dudas que se plantean por estas horas en los centros de decisión de la política boliviana. Mesa deberá elaborar bien su estrategia para cuando deba plantear firmemente lo ocurrido.

Deberá sostenerse en datos propios fieles, en la de sus circunstanciales aliados que ya le tendieron una mano para esa posible segunda vuelta y en los números que pueda aportar la única empresa que participó de encuestas de boca de urna habilitada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para estos comicios: Víaciencia. La compañía colombiana arrojó un 43.9 a Morales, un 39.4 al líder Comunidad Ciudadana y 8.7 a Chi Hyun Chung. Balotaje. Por las dudas, seguidores del principal rival hacían vigilia frente al organismo oficial.

El TSE una vez más incumple sus compromisos. Se ha suspendido la información de los TREP (Transmisión de Resultados Electorales Preliminares). ¡Exigimos que el recuento se reanude! Lo que está sucediendo es muy grave. ¡La segunda vuelta que todos los datos independientes confirman, no puede cuestionarse y menos burlarse!”, advirtió Mesa. en un mensaje transmitido a través de su cuenta de Twitter.

Por su parte, la Organización de Estados Americanos (OEA), también encendió alarmas e indicó que era “fundamental que el TSE explique por qué se interrumpió la transmisión de resultados preliminares” y reclamó que “el proceso de publicación de los datos del cómputo se desarrolle de manera fluida”. El Palacio Quemado no pensaba contestar hacia el cierre de esta publicación.

Evo por siempre

Evo Morales se plantó sobre el poder boliviano el 22 de enero de 2006 y desde entonces se juramentó no apartarse de él. Para eso tejió el manual del populismo: modificó la constitución (en 2009) y moldeó un órgano superior de justicia exclusivamente amigable hacia él y sus intereses de perpetuidad.

Pero previendo que su estadía en el Palacio Quemado podría llegar más pronto que tarde a su fin, nuevamente le pidió a su receptiva asamblea que reforme el artículo 168 de la carta magna boliviana para que le permitiera nuevas eras al comando oficial. “El período de mandato de la Presidenta o del Presidente y de la Vicepresidenta o del Vicepresidente del Estado es de cinco años, y pueden ser reelectas o reelectos por una sola vez de manera continua”, dice el texto de hace una década que Evo atropelló.

No conforme con eso, quiso que se le autorizaran dos mandatos más a aquel que ejerciera la máxima magistratura nacional. Casualidades de la prestidigitación: el bendecido sería -créase o no- él. Consiguió la modificación legislativa la cual debió someterse a referéndum que se celebró el 21 de febrero de 2016. Por primera vez, el pueblo boliviano le daría la espalda. Nadie en Bolivia quería a un Evo perpetuado. Aún hoy, pese a la futurología del campeón de La Paz.

Pero la siempre oportuna justicia de amistades bendecidas le sonreiría nuevamente. El 5 de diciembre pasado, el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia (TSE) reinterpretó la Constitución Política del Estado en su masajeado artículo 168 -violentando la voluntad popular- y le dio vía libre a Morales para presentarse a otra pulseada electoral, celebrada este domingo 20 de octubre. En la resolución, a los jueces sólo faltó desearle “suerte” al presidente. “No quiero, pero no puedo decepcionar a mi pueblo”, dijo Evo al ser autorizado jurídicamente a una tercera reelección.

Hoy siguió igual de seguro en su mensaje al pueblo. Le avisó el amplio margen por el cual ganaría pese a las contradicciones que le planteaba la aritmética. “60... 50 por ciento”, dijo sin sonrojarse, seguro de los números que lo volverían a coronar.

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