
Las agresiones sexuales entre jóvenes, la presión social vinculada a las relaciones sexuales y la dificultad para nombrar y comprender una experiencia traumática centran Chicas tristes, ópera prima de la directora mexicana Fernanda Tovar, que se estrenará este miércoles, 23 de septiembre, en la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián.
"Cuando sufres un abuso, no te sale de forma natural la definición técnica; las definiciones vienen después, pero el hecho es que te sientes mal y sabes que algo no estuvo bien. El sexo cuando eres joven es un tema poco conversado porque es delicado y porque nos hace ser vulnerables", expone la realizadora en una entrevista concedida a Europa Press.
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'Chicas tristes', según su directora, surgió a partir de una historia personal que se transformó a lo largo de un proceso de escritura de ocho años. Un periodo durante el cual la cineasta continuó formándose y en el que influyó la irrupción del movimiento 'Me Too' en México. "Siento que me sentía obligada a seguirme informando, seguir pensando y seguirme cuestionando muchas cosas alrededor de la violencia y alrededor de lo que significa ser mujer", señala.
Durante el desarrollo del guion, la película experimentó un cambio relevante de punto de vista al desplazar el foco principal desde la víctima directa, Paula, hacia la figura de su mejor amiga, conocida como La Maestra.
"Al inicio la película giraba alrededor de Paula y era mucho más enfocada en el conflicto entre ella y el chico. Pero a los años, se dio el cambio más grande, que es el cambio de punto de vista que ahora la película va sobre la maestra, que es la mejor amiga", indica Tovar, que argumenta que las narrativas habituales suelen centrarse en el enfrentamiento directo entre la mujer y el hombre, dejando de lado el entorno.
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En la cinta, las dos amigas afrontan el abuso que sufre una de ellas por un compañero de instituto de maneras contrapuestas: mientras la víctima opta por no intervenir, la otra busca actuar, lo que deriva en una fractura de su relación. Para la cineasta, esta dinámica permitía hablar sobre "la agencia de las personas agredidas sin juzgar sus decisiones".
"En México más del 90 por ciento de casos nunca se reportan. Más que hacer un reclamo o una exigencia a las chicas súper jóvenes que están pasando por esto, es decir: ¿qué hacemos nosotros como sociedad, como los adultos espectadores que estamos viendo esta película, para que haya un sistema de acogida mucho más grande, quizás más empático, en donde cada mujer pueda tener agencia sobre su propia historia y su propia vida?", plantea.
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La realizadora defiende que la cinematografía no debe operar desde el aleccionamiento. "Nunca he pensado que las películas nos deban la corrección política en ese sentido o decirnos siempre lo que hay que hacer o mostrarnos la moral o la lección, sino quizás hacer un reflejo de la realidad para que nosotros mismos nos hagamos las preguntas".
LA PRESIÓN SOCIAL SOBRE LOS JÓVENES Y LA IA
Respecto al tratamiento del joven que comete el abuso, Tovar destaca que su intención era reflejar que las violencias responden también a mandatos del entorno. "Para mí era importante retratar que no es una cosa de hombres contra mujeres, porque finalmente el chico lo hace porque también él está sometido a una presión muy fuerte. Está en un equipo donde hay bullying, donde le están gritando 'virgen', etc", afirma.
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A su juicio, estas situaciones se vinculan con el patriarcado "que al final también provoca estas mismas violencias sobre los hombres" y con "un mandato social que tiene que ver con ser joven y sentir que hay que tener relaciones sexuales para ser un hombre o ser una mujer, para cumplir con algo que se establece".
Tras la agresión sexual, las dos amigas aparecen en una escena en la que narran lo sucedido a una herramienta de Inteligencia Artificial para confirmar si lo vivido se corresponde con una agresión o una violación. Tovar reconoce que fue uno de los pasajes más complejos de escribir al intentar plasmar "cómo ellas se daban cuenta".
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Tovar explica que la escena funciona como una crítica a la falta de comunicación entre humanos, especialmente en la juventud. "Cuando no hay una conversación humana o a quien recurrir, cada vez más le estamos preguntando cosas a la Inteligencia Artificial. Te da una definición súper fría en una pantalla que lees y te cambia la vida, y la Inteligencia Artificial ni se entera. Hay preguntas realmente trascendentes que le estamos haciendo y me parece bastante peligroso", concluye.
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