Enric Mas, la redención y liberación del otrora 'eterno aspirante'

13/09/2026 Imagen del ciclista español, Enric Mas, al inicio de la etapa final de La Vuelta ciclista a España 2026. A 13 de septiembre de 2026 en Granada (Andalucía, España)
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Álex Cámara - Europa Press
13/09/2026 Imagen del ciclista español, Enric Mas, al inicio de la etapa final de La Vuelta ciclista a España 2026. A 13 de septiembre de 2026 en Granada (Andalucía, España) DEPORTES Álex Cámara - Europa Press
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El ciclista español Enric Mas (Movistar Team) ya tiene su 'Grande', una conquista que llega a los 31 años después de cuatro podios en La Vuelta, de años en los que se le exigió dar el salto definitivo, de críticas por su falta de agresividad y de episodios de lesiones, miedo y dudas que terminaron convirtiendo su carrera en una permanente búsqueda de aquello que finalmente encontró este domingo en Madrid, una victoria en la edición 2026 de la 'Grande' española, que es tanto una consagración deportiva como una redención y una liberación para el ciclista balear.

Porque si hay una expresión que puede resumir la trayectoria de Mas hasta esta Vuelta 2026 es un 'por fin'. Por fin el corredor que durante años estuvo cerca de ganar una 'Grande' ha podido subir al primer escalón del podio. Por fin aquel joven que irrumpió en la élite con la vitola de futuro ganador de grandes carreras ha convertido una parte de aquella promesa en realidad. Y por fin el maillot rojo que tantas veces persiguió, pero que nunca llegó a vestir hasta el final, ha acabado siendo suyo en Madrid.

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Mas llegó a esta Vuelta después de haber acumulado un historial que explicaba tanto las expectativas como las críticas. Su segundo puesto en la edición de 2018, acompañado de una victoria de etapa, parecía anunciar una carrera destinada a las mayores conquistas, pero después llegaron otro segundo puesto en 2021, otro en 2022 y un tercero en 2024 sin que terminara de encontrar la manera de rematar una de esas oportunidades.

Durante esos años, el balear fue convirtiéndose también en un ciclista incómodo para parte de la afición. Sus buenas actuaciones en la montaña no siempre venían acompañadas de ataques, y su tendencia a controlar y mirar al rival fue interpretada muchas veces como exceso de prudencia o falta de ambición. Mas podía estar entre los mejores, pero se le reclamaba que quisiera ser el mejor, y esa diferencia terminó alimentando una etiqueta difícil de sacudir: la del corredor del 'sí, pero no'.

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Las expectativas habían sido enormes desde su irrupción. Aquel segundo puesto en la Vuelta de 2018, con solo 23 años, le situó como uno de los grandes proyectos del ciclismo español y como uno de los nombres llamados a pelear algún día por el Tour de Francia. Mas no dejó de ofrecer resultados de primer nivel, con un quinto puesto en el Tour de 2020 y un sexto en 2021, pero tampoco consiguió convertir esa regularidad en la victoria que parecía exigir su potencial.

Y por el camino hubo también golpes que fueron mucho más allá de una clasificación. En 2016 sufrió una fractura de escafoides tras una caída en el Giro del Belvedere y en 2023 se fracturó la escápula después de una caída en la primera etapa del Tour de Francia, mientras que en 2025 una tromboflebitis en la pierna izquierda le obligó a permanecer alejado de la competición durante meses y volvió a poner a prueba su capacidad para regresar al máximo nivel.

Especialmente significativa fue la crisis que vivió en el Tour de 2022, cuando el miedo a las bajadas después de varias caídas llegó a condicionar su rendimiento y convirtió los descensos en un problema que no podía resolverse únicamente con las piernas. Aquel episodio dejó una huella en un corredor al que precisamente se le reprochaba una excesiva cautela, pero Mas trabajó para recuperar la confianza y continuó buscando la versión que parecía estar siempre al alcance y, al mismo tiempo, siempre un poco más lejos.

Incluso este 2026 había empezado lejos del escenario de ensueño que ahora casi cierra la temporada. En el Giro terminó 32º después de acudir con la ambición de luchar por el podio, una actuación que provocó críticas y hasta un suspenso público de su propio mánager, Eusebio Unzué, mientras que su trayectoria en el Tour tampoco respondió a las expectativas y le obligó a asumir objetivos mucho más modestos.

Y entonces llegó La Vuelta. La caída y posterior abandono de Tadej Pogacar modificaron por completo una carrera que hasta entonces parecía encaminada a una nueva exhibición del esloveno y permitieron a Mas, que ya entonces se había atrevido incluso a atacar al gran dominador del ciclismo en la actualidad, recoger un maillot rojo que, hasta ese momento, parecía reservado a otro corredor, pero aquella circunstancia externa solo explica cómo llegó la oportunidad y no cómo consiguió convertirla en la mayor victoria de su carrera.

El propio Mas fue el primero en reconocerlo cuando recibió el liderato, consciente de que no había ganado él solo aquel maillot, pero a partir de entonces tuvo que hacer lo que durante tantos años se le había reclamado: asumir la responsabilidad, aceptar el papel de favorito y defender la posición hasta Madrid, algo que hizo acompañado por un Movistar Team que por fin ejerció como el equipo que necesitaba un aspirante a ganar una 'Grande'.

El conjunto telefónico controló la carrera, protegió a su líder y marcó el ritmo cuando fue necesario para que Mas pudiera aprovechar sus mejores piernas, en una demostración colectiva que también explica el triunfo y que le permitió afrontar las jornadas decisivas sin necesidad de buscar una heroicidad, sino haciendo algo que durante años pareció faltarle: sellar una oportunidad que estaba de su lado.

VICTORIA TRAS 16 'GRANDES'

Porque esta vez Mas no se quedó a las puertas. Con ocho victorias profesionales antes y durante esta temporada, pero ninguna clasificación general de una carrera de tres semanas, el balear había construido un palmarés peculiar, más relacionado con las oportunidades que con la acumulación de triunfos, y en esta Vuelta ha conseguido dos de sus ocho victorias, incluida la más importante de todas, después de imponerse también en la novena etapa.

Las decepciones forman parte del camino, igual que los cuatro podios anteriores en La Vuelta en el lado positivo de esa balanza, pero precisamente por eso la conquista de 2026 tiene un significado especial. No borra los años de dudas ni convierte de repente todas las críticas en injustas, pero sí permite contemplar aquella trayectoria desde una perspectiva diferente: Mas ya no es el corredor que pudo ganar una 'Grande', sino el corredor que la ganó.

A los 31 años y después de 16 participaciones en las tres 'Grandes' --Giro, Tour y Vuelta--, el de Artà ha cerrado por fin una cuenta que llevaba demasiado tiempo abierta. En su historial aparecen abandonos, lesiones, segundos puestos, días de bloqueo y actuaciones por debajo de lo esperado, pero también ocho victorias, cinco podios en La Vuelta y una regularidad que le permitió mantenerse durante años entre los mejores escaladores del mundo.

Ahora, sin embargo, todo eso queda ligeramente desplazado por una imagen que resume mejor que cualquier clasificación lo que ha supuesto esta victoria: la de un Enric Mas liberado, acompañado por sus compañeros y arropado por una afición que durante mucho tiempo le exigió más y que ahora, finalmente, puede reconocerle aquello que tantas veces pareció estar a punto de conseguir.

La Vuelta 26 no convierte a Mas en otro ciclista, pero sí cambia para siempre la lectura de su carrera, ahora que puede estar más cerca del final de la misma. La oportunidad llegó después de una circunstancia inesperada, pero él tuvo que sostenerla durante el resto de la carrera y llevarla hasta Madrid, donde aquel corredor señalado durante años por mirar demasiado atrás pudo, esta vez, mirar hacia adelante y explotar sus mejores piernas. Enric Mas ya no es el eterno aspirante. Es ganador, por fin, de una 'Grande'.