Ailén Desirée Montes
São Paulo, 12 sep (EFE).- Tras cautivar al panorama literario internacional con 'La mala costumbre', una radiografía de una infancia trans en el Madrid obrero de los ochenta y noventa, la escritora española Alana S. Portero se prepara para publicar el 14 de octubre 'Cosamala' (Seix Barral, 2026), su segunda novela.
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En una entrevista con EFE en la Bienal del Libro de São Paulo, Portero (Madrid, 1978) explica que rompe su atadura identitaria con la capital para situar la trama en la Sierra Norte de Sevilla en plena Guerra Civil española, conducida por la voz de una "narradora compasiva" y "casi anciana".
Para la autora, escribir 'Cosamala' responde a una necesidad visceral de sanar una herida histórica que continúa sangrando en España, un país con más de 100.000 desaparecidos. "Eso produce un fantasma que va habitándonos generación tras generación y que no se apacigua", explica.
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Ambientada en un pueblo devastado por el conflicto en 1937, la novela retrata la destrucción de la idea de comunidad y la violencia ejercida contra las mujeres como mecanismo de castigo y disciplina sobre toda la población.
La trama sigue a un grupo de esposas, madres y vecinas de perseguidos que, frente a las torturas y la negación de la dignidad a las víctimas, forma un aquelarre como vía de resistencia política y colectiva para devolver la vida a un país infértil con la ayuda de sus muertos.
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Para contar este dolor, la escritora recurre a la voz oral y a la leyenda, y se exige ser "justa con los agresores, en toda su crueldad y en sus límites”, sin sátiras o caricaturas.
La violencia es “consustancial" a los seres humanos. “Es parte de lo que nos hace humanos, no es algo que podemos hacer; es algo que nos hace a nosotros y nosotras”, explica Portero.
Por ello, sostiene que retratar en sus escritos la crueldad como ella considera que realmente luce le permite “entender sus mecanismos” y, de alguna forma, tenerla vigilada.
A la hora de trasladar ese dolor al papel, la autora reconoce que su propia biografía es clave para no caer en excesos.
"La relación que yo tengo con el trauma, con el dolor y con la violencia, como la he conocido de forma directa, creo que sé contarla desde un modo real, que he experimentado. Eso te cura contra las tentaciones hiperdramáticas o contra frivolizar esas situaciones", explica.
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Gran parte de 'Cosamala' fue gestada lejos del ruido digital. Durante una estancia en la Residencia Literaria Finestres, en la comarca catalana del Empordà, que en 1962 fue refugio de Truman Capote mientras creaba ‘A sangre fría’, Portero se encontró en un entorno sin wifi ni cobertura telefónica.
"En un mes leí entre 3.000 y 4.000 páginas”, “escribí una muy buena parte de la novela” y “me dio tiempo a pasear y conversar”, detalla.
Esta experiencia reforzó su postura crítica hacia la dependencia tecnológica actual, la cual considera que nos ha interrumpido, entre otras cosas, la narración oral, y que ha mermado la capacidad de empatizar.
"Hemos fiado el contacto humano a lugares que no son humanos, y fiar la relación a un dispositivo es la definición del infierno, es la definición de la nada", expresa.
Al dejar de mirarnos a los ojos por estar absortos en el teléfono, la sociedad se vuelve vulnerable a la manipulación de "monstruos sin metáforas" de la política internacional, como Donald Trump, Elon Musk o Benjamín Netanyahu, a quienes define como exponentes de un mal directo que niega la condición humana.
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“Si la única interacción que tenemos es a través de redes sociales, no ves el tono ni el gesto, se pierde lo humano y solo queda la palabra convertida en imagen, lo cual es el abono perfecto para la manipulación", concluye.
Esto también alimenta, a su juicio, un clima de tensión social que le recuerda a los periodos previos a la Guerra Civil española.
"Hay algo en el ambiente que se parece; no significa que vaya a haber una guerra civil, pero sí hay una crispación terrorífica y me gustaría que la gente parase un momento y se diese cuenta de lo que nos estamos diciendo los unos a los otros", reflexiona la escritora. EFE
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