Islandia y su vuelta a la caza de ballenas, unos cetáceos en la Lista Roja de la UICN

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Redacción Medioambiente, 19 jul (EFE).- Barcos de una empresa ballenera de Islandia han vuelto este año a salir a la mar, tras dos años de parón, para la captura de ballenas, de las que siete de las 13 grandes especies se encuentran en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

En la segunda quincena de junio de este año, dos barcos balleneros de la empresa islandesa Hvalur hf. zarparon para iniciar la temporada que va de junio a septiembre, a pesar de la oposición y manifestaciones en contra de organizaciones animalistas como Hvalavinir (Amigos de las Ballenas).

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Durante dos años (2024 y 2025), los barcos islandeses no salieron a capturar estos grandes cetáceos, después de que en 2024 la entonces ministra de Agricultura Bjarkey Olsen Gunnarsdóttir no autorizara las capturas de ballenas hasta después de la fecha de inicio de la temporada, lo que provocó la suspensión de la actividad.

El año pasado tampoco salieron los buques balleneros, al estimar que la temporada iba a ser poco rentable.

De acuerdo a los datos y las imágenes de la Fundación Paul Watson, hasta este 17 de julio se han capturado ya 22 ballenas, pese a que la UICN alerta sobre el "peligro crítico" de la población de la ballena franca del Atlántico Norte o de la catalogación como "especies amenazadas" por la caza comercial y la crisis climática para la ballena azul y el rorcual común.

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Es probable que las advertencias de UICN sobre las poblaciones de estos grandes cetáceos han llevado al Instituto de Investigación Marina de Islandia a recomendar este verano la reducción en una quinta parte las cuotas de ballenas cazadas y se ha marcado como límite no superar los 150 ejemplares de rorcual común y los 168 de rorcual aliblanco o minke.

Islandia, Japón y Noruega son los tres países que actualmente autorizan las capturas comerciales de ballenas. Y son los dos primeros "los que han intentado mantener la caza comercial, a pesar de que no las necesitan como medio para alimentación y con el posicionamiento en contra de todos los países que forman parte de la Comisión Ballenera Internacional (CBI)", explica a EFE el responsable del Programa Marino de WWF España, José Luis García Varas.

Sostiene que solo algunas comunidades indígenas de América del Norte "tiene algunas excepciones por temas de soberanía alimentaria, hábitos y costumbres culturales", conforme a los estatutos de la CBI.

 "Desde hace muchos años", indica, los científicos rechazan el argumento de la necesidad de la carne de ballena como alimento porque "hay cuestiones de salud muy relevantes por la acumulación de metales pesados" en especies que son de vida tan larga.

Asegura que, si bien se ha visto "la recuperación de algunas poblaciones de ballenas, también es cierto que sigue habiendo algunas especies lejos de tener poblaciones en buen estado y algunas otras especies donde su situación es muy crítica".

García Varas explica que "el Mediterráneo es una zona bastante importante para muchas de estas especies, algunas como poblaciones residentes y otras como poblaciones que migran, y que parte de su rutas migratorias está en este mar".

El estrecho de Gibraltar es una zona fundamental, dice, donde hay poblaciones de calderones, calderón gris, calderón tropical que son residentes y que, sin embargo, tienen mucha presión por el gran tráfico marítimo.

Además, recuerda, en el Mediterráneo noroccidental existe el Santuario de Pelagos para cetáceos con una superficie de unos 87.500 km2, que está entre Mónaco, Francia e Italia y que "es una zona muy importante" tanto por las poblaciones residentes de rorcuales, de cachalotes que a lo largo del año aparecen en esa zona".

El transporte marítimo está entre las graves amenazas que afrontan estos grades animales, según el portavoz de WWF España, quien añade que muchos ejemplares chocan contra los barcos de mercancías por el aumento del tráfico de comercio mundial, así como con los barcos de turismo o los ferrys para el transporte de personas.

La velocidad y el ruido de estas embarcaciones son problemas para la salud de los animales marinos, añade y señala que muchos jefes de manada se desorientan porque el ruido estropea su sistema de geolocalización y se cree que puede ser una de las causas para los varamientos en las playas.