España insiste en la candidatura de Planas para la FAO pese a la división europea sobre un candidato único

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España ha iniciado la campaña para situar al ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, al frente de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), una carrera de largo recorrido que culminará con la elección prevista para la última semana de junio de 2027 y que arranca marcada por la concurrencia de tres candidatos de la Unión Europea.

La candidatura española competirá dentro del bloque comunitario con la del excomisario europeo irlandés Phil Hogan y la del italiano Maurizio Martina, actual director general adjunto de la FAO, después de que la presidencia chipriota del Consejo intentara sin éxito que los Veintisiete consensuaran un único aspirante, según fuentes del Ministerio de Agricultura.

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Ante la falta de acuerdo, España mantiene como primera opción que la UE respalde una candidatura común, pero plantea que, si finalmente los tres europeos llegan a la votación por la falta de consenso, los que obtengan menos apoyos se retiren después de la primera vuelta para concentrar el voto en el aspirante comunitario mejor situado.

La fórmula pretende evitar que la división interna vuelva a perjudicar las opciones europeas en una elección en la que el apoyo de cada Estado tiene el mismo peso y las votaciones se celebran de forma secreta y en rondas sucesivas, un sistema que obliga a desplegar una campaña diplomática país por país y a reaccionar con rapidez a medida que se conocen los resultados.

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En este sentido, Agricultura considera que la retirada de los candidatos europeos peor situados debería acordarse previamente, ya sea mediante un compromiso formal o un entendimiento político entre los países implicados, para evitar que aspirantes con pocas posibilidades se mantengan en la contienda y fragmenten los apoyos.

El precedente que maneja España es la candidatura del exministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, que en 2011 perdió por cuatro votos frente al brasileño José Graziano da Silva, una experiencia que ha llevado al equipo español a preparar con mayor antelación tanto la campaña como la estrategia para las votaciones.

La actual presidencia irlandesa del Consejo ha optado por declararse neutral en el proceso debido a la presencia de Hogan, mientras que la siguiente dispondrá de un margen limitado antes de la elección, por lo que el Gobierno español prevé mantener los contactos con los socios europeos al tiempo que busca apoyos fuera de la UE.

La presentación formal de las postulaciones está prevista a partir de finales de noviembre, aunque los aspirantes llevan meses recabando respaldos y exponiendo sus propuestas ante gobiernos y representantes de los distintos grupos regionales, en una campaña que se extenderá hasta la Conferencia de la FAO que elegirá al sustituto del actual director general.

Además de Planas, Hogan y Martina, fuentes de Agricultura sitúan en la carrera a candidatos de Turquía, Uganda y Angola, aunque la lista todavía puede variar antes de que concluya el plazo oficial para presentar nominaciones.

EL PESO AGROALIMENTARIO DE ESPAÑA

El Gobierno basará la candidatura del ministro en la experiencia del ministro en asuntos agrarios, gestión pública y negociación multilateral, así como en el peso adquirido por España como potencia agroalimentaria y en su capacidad de interlocución con países de África, América Latina, Asia y el mundo árabe.

Según los datos expuestos por fuentes ministeriales, España ha pasado de ocupar una posición secundaria dentro del mercado comunitario en el momento de su entrada en la entonces Comunidad Económica Europea a convertirse en el cuarto exportador agroalimentario de la UE y el séptimo del mundo, una evolución que el Ejecutivo atribuye a la modernización y capacidad de innovación de agricultores, ganaderos, pescadores, cooperativas, empresas y distribuidores.

Las mismas fuentes presentan además el perfil de Planas como el de un candidato con conocimiento técnico del sector, experiencia como ministro, alto funcionario y embajador, así como capacidad para gestionar una organización internacional que combina la producción de conocimiento científico con una amplia presencia sobre el terreno.

UNA FAO CON MAYOR PESO GEOPOLÍTICO

La campaña española se desarrolla en un momento en el que la seguridad alimentaria ha ganado peso en la agenda internacional por el impacto de las guerras, las tensiones comerciales y la crisis climática sobre la producción, los precios y las cadenas de suministro.

Agricultura señala que la evolución de los indicadores mundiales de hambre y malnutrición mostró avances hasta la pandemia de coronavirus, pero volvió a deteriorarse después por los efectos de la COVID-19 y de los conflictos en Ucrania y Oriente Próximo, que han afectado tanto a la disponibilidad de alimentos como a su transporte y comercialización.

La invasión rusa de Ucrania, que obligó a crear corredores para facilitar la salida de cereales por el mar Negro, y el uso de las exportaciones alimentarias como herramienta de influencia en países africanos ilustran, según el análisis del Ministerio, hasta qué punto la alimentación se ha convertido en un elemento de política exterior.

A ello se suma el efecto del aumento de las temperaturas, las sequías y la degradación del suelo sobre las cosechas, especialmente en el sur de Europa, el norte de África y amplias zonas de Asia y América Latina, así como el problema de las pérdidas de alimentos por la falta de infraestructuras de conservación y transporte en los países menos desarrollados.

La candidatura española, señalan las mismas fuentes, defenderá por ello el papel de la FAO como instrumento de cooperación multilateral para combatir el hambre y la malnutrición, además de apoyar técnicamente a los países en el desarrollo de sus sistemas agrícolas y alimentarios.

España aspira así a recuperar para Europa la dirección de una organización que no ha estado encabezada por un europeo desde hace medio siglo, aunque para lograrlo deberá superar primero la división entre los candidatos comunitarios y reunir después una mayoría en una votación global en la que todos los Estados cuentan por igual.