
Una experta en conservación de la University of Illinois Springfield (Estados Unidos) asegura existe una manera de detener la pérdida generalizada de plantas y animales en la Tierra.
En la historia del mundo se han producido cinco extinciones masivas. La actividad humana nos ha encaminado hacia una sexta, que supondría la pérdida del 75% de la vida en la Tierra. Hasta ahora, hemos perdido, o casi perdido, el 25% de todos los mamíferos. Pero aún hay tiempo para detener la sexta extinción masiva, afirma la profesora de biología Amy B. McEuen, de la University of Illinois Springfield, autora del nuevo libro 'Cómo pensar como un ecólogo'. Una forma de lograrlo es proteger a las especies "paraguas", como los monos, los simios y otros animales bien conocidos.
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Las especies paraguas son vertebrados de gran tamaño, lo que algunos biólogos denominan "megafauna carismática". Un ejemplo relevante para China son los primates, como los gibones, los monos narigudos, los langures, los macacos y los loris.
McEuen analiza un estudio realizado en 2025 en la provincia china de Yunnan, que halló pruebas contundentes de que la protección de los primates como especies paraguas salvaguarda también a otros animales y plantas. Los investigadores utilizaron amplios conjuntos de datos sobre 16 especies de primates. El estudio reveló que, si el 30% del territorio de Yunnan se destinara a la conservación de primates, se protegería el 52% de su captura anual de carbono, el 52% de su conservación del agua y el 54% de su retención de suelo. Además, donde abundaban los primates, también abundaban las plantas con semillas, las aves, los reptiles, los anfibios y otros mamíferos. Por lo tanto, al proteger a sus primates, Yunnan puede proteger su biodiversidad en general.
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La misma teoría se aplica a otras especies paraguas como los osos, los grandes felinos, los mamíferos marinos y las aves de gran tamaño. Funciona porque animales de gran tamaño como estos necesitan grandes extensiones de terreno para sustentar sus poblaciones, las cuales, a su vez, constituyen el hábitat de otras especies.
Amy B. McEuen expone: "La buena noticia es que los humanos aún no hemos provocado una sexta extinción masiva. La mala noticia es que la tasa de pérdida de biodiversidad se mantiene al ritmo de las extinciones masivas del pasado. Nos encontramos en una ventana de oportunidad crucial, donde nuestro trabajo para detener las extinciones podría prevenir una extinción masiva".
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"Con millones de especies que proteger, no tenemos tiempo para proteger una especie a la vez. Por suerte, existen formas más eficientes de preservar la biodiversidad, como el uso de un enfoque de especies paraguas".
La naturaleza tiene una gran capacidad de recuperación, asegura McEuen. Las poblaciones de ballenas jorobadas, por ejemplo, se han recuperado en las últimas décadas y ahora suman decenas de miles gracias a las labores de conservación y la prohibición de la caza de ballenas. En Norteamérica, las águilas calvas abundan ahora cerca de los lagos, ya que sus huevos no se ven afectados por los devastadores efectos de productos químicos sintéticos como el diclorodifeniltricloroetano (DDT).
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Así pues, gracias a los esfuerzos de conservación y a la adaptabilidad innata de las especies, la naturaleza puede recuperarse. Los pinzones domésticos de Arizona ahora tienen picos más grandes y profundos. Se han adaptado a entornos suburbanos con abundancia de semillas de girasol en los comederos para pájaros, cuenta McEuen. Y también hay esperanza para la capacidad de adaptación de los arrecifes de coral: la tolerancia al calor en los corales tiene un fuerte componente genético. Si los corales de arrecifes naturalmente más cálidos se reproducen con individuos de arrecifes más fríos, su descendencia tiene mayores tasas de supervivencia en aguas cálidas.
La recuperación de la naturaleza es la norma, no la excepción, afirma McEuen, citando un estudio que analiza las tasas de restauración de ecosistemas en diversos paisajes terrestres y marinos. El estudio reveló que casi tres cuartas partes de los ecosistemas (72%) se recuperaron, al menos parcialmente, en cuestión de décadas, y alrededor de un tercio recuperaron su plena abundancia.
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Amy B. McEuen continúa: "Para evitar la extinción, las especies necesitan tener poblaciones numerosas. En concreto, queremos evitar lo que los biólogos denominan el 'vórtice de extinción'. Cuando el número de individuos disminuye, varios factores interactúan para reducir aún más su tamaño, como un remolino que arrastra a la especie hasta su extinción definitiva. Pero tenemos tiempo si actuamos ahora."
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