
El pleno del Parlamento Europeo ha dado este jueves luz verde a la apertura de negociaciones con los Estados miembro sobre la creación del euro digital, una nueva forma electrónica de dinero emitida por el Banco Central Europeo (BCE) con la que la Unión Europea busca ofrecer una alternativa propia para los pagos electrónicos y reducir su dependencia de proveedores no europeos como Visa o Mastercard.
Con 416 votos a favor, 169 en contra y 22 abstenciones, la Eurocámara ha dado así el visto bueno a que comiencen, previsiblemente las próximas semanas, las discusiones interinstitucionales sobre la legislación que regulará esta nueva forma de dinero electrónico, cuya eventual puesta en circulación dependerá posteriormente de la decisión que adopte el BCE.
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Los europarlamentarios defienden que esta nueva herramienta de pago complemente al efectivo y amplíe las opciones de los ciudadanos, por lo que plantean que pueda utilizarse tanto con conexión a Internet ('online') como sin ella ('offline').
La propuesta incorpora además garantías para proteger la privacidad de los usuarios, de forma que las operaciones puedan verificiarse sin revelar datos personales y que esta información solo se trate en la medida estrictamente necesaria para el funcionamiento del sistema.
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En la práctica, la nueva moneda sería distribuida por bancos y otros proveedores de servicios de pago, incluidos los establecidos en Estados miembro que no forman parte de la eurozona, mientras que la mayoría de los comercios estaría obligada a aceptarla. Quedarían exentos de esta obligación los trabajadores autónomos y las pequeñas y microempresas que no admitan otros medios de pago electrónicos.
Los servicios básicos, como la apertura de una cuenta, la custodia y gestión de fondos o el acceso a un instrumento de pago, serían gratuitos para los ciudadanos, aunque el Parlamento plantea que los costes que asuman los comercios no superen los que ya soportan actualmente por otros medios de pago electrónicos.
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Asimismo, la posición negociadora fija un límite a la cantidad de euros digitales que podrá mantener cada usuario para evitar que una transferencia masiva de depósitos pueda poner en riesgo la estabilidad del sistema financiero. Además, esta nueva forma de dinero no generaría intereses ni podría utilizarse como instrumento de ahorro alternativo a los depósitos bancarios.
Junto al reglamento sobre el euro digital, el Parlamento iniciará también las negociaciones sobre la propuesta para reforzar el acceso y la aceptación del efectivo, que obligaría a los países de la eurozona a garantizar su disponibilidad, impedir que los comercios rechacen los pagos en metálico y supervisar de forma periódica el acceso al efectivo, con especial atención a colectivos vulnerables como las personas mayores, las personas con bajos ingresos o quienes carecen de acceso al sistema bancario.
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