Irene Escudero
Caracas, 6 jul (EFE).- Cada día, varios autobuses con personas afectadas por el terremoto llegan al hospital de campaña español instalado en el Parque del Este de Caracas, donde no atienden grandes traumas pero todos traen consigo la sombra del "terror" que les evoca recordar el día de los terremotos.
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Génesis Tovar no puede dormir desde el doble terremoto de 7,2 y 7,5 y siente que esos nervios se los pasa a su bebé de cinco meses. Desde que tuvieron que salir de su casa en La Guaira porque la fachada y la estructura quedaron dañadas viven en un campamento transitorio en un coliseo cerca de Caracas.
"El bebito ha estado con mucho malestar, dolor de estómago, estaba haciendo popo líquido y no me ha querido dormir nada; desde el lunes no me duerme en las noches", dice a EFE esta madre de 19 años que espera en un banco al aire libre de las grandes carpas del hospital que ha instalado la cooperación española en este parque de la capital.
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Los hijos más pequeños de Dalianys Vázquez ya han pasado a la consulta de pediatría y dibujan en una mesa baja, mientras las pediatras españolas valoran a las hijas mayores y al bebé. En un banderín, Paola pinta una casa, con un pasto verde y a ella misma saliendo de ella.
"¿Qué te preocupa?", le pregunta la pediatra a una de las hijas mayores. Contesta casi con monosílabos, no le sucede nada grave y aparentemente está bien. "El terremoto", responde.
El hospital de campaña impulsado por la Agencia Española de Cooperación Internacional (Aecid) empezó a funcionar el sábado, y solo ayer ya atendieron a más de 200 personas, lo que supone su capacidad total en las 12 horas que está abierto.
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"Los pacientes provienen de los campos de refugiados que ha montado el Gobierno venezolano. Son personas que han perdido todas sus pertenencias, casas y demás, y nos vienen en autobuses a diferentes horas del día. Y luego ya la gente que sabe que estamos aquí y vienen por sus propios medios", explica a EFE María Ángeles Comino, la directora de operaciones del hospital de campaña.
Han atendido a rescatistas que vienen con traumatismos y contracturas musculares, pero también pacientes crónicos que han visto sus tratamientos afectados y muchos niños.
Comino es la primera vez que acude a una misión de este tipo y se emociona cuando habla, por ejemplo, de la familia que atendieron ayer con seis niños que ya contaba con varias generaciones de mujeres que habían sido madres muy jóvenes y se han visto golpeadas por la tragedia.
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Abel Martínez, coordinador médico de este hospital, explica que se han desplazado médicos que trabajan en hospitales españoles en pediatría, ginecología, obstetricia, traumatología y además con un fisioterapeuta.
"Y hemos añadido también un cirujano que aunque no hay quirófano ni hay hospitalización, pues al haber curas y controles de curas, nos va muy bien", explica.
También les acompañan un psicólogo y un psiquiatra porque miles de personas, aunque no hayan perdido sus casas, se han quedado con una huella muy grande tras los sismos, que han dejado más de 3.000 muertos.
Belkis, una señora mayor que vive sola, recuerda cómo bajó "en apenas un minuto" los cuatro pisos de su apartamento en Caracas: "Las paredes me llevaban y me traían, las escaleras se movían", dice y lo define con dos palabras: "el terror".
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Desde ese día le cuesta bajar a caminar a este parque de la capital como hacía todos los días, pues tiene que subir y bajar esas mismas escaleras donde pensó que iba a perder la vida.
Por eso ha decidido acudir a hablar con el psicólogo de Aecid y también a que le miren la rodilla que la tiene dolorida desde el día de los terremotos.
Muchas de las heridas físicas tras doce días ya han sido sanadas, pero la mayoría de las decenas de pacientes que acuden a este hospital no pueden olvidar el estruendo y la sacudida de ese día. EFE
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