María M.Mur
Santiago de Chile, 18 jun (EFE).- El presidente de Chile, José Antonio Kast, ha tenido un inicio de mandato convulso y sus primeros cien días en el cargo han estado marcados por promesas -que analista, encuestas y el propio Ejecutivo califican- inviables, recortes fiscales, un inesperado cambio de gabinete, un alza histórica en el precio de los combustibles y una megarreforma con significativas rebajas de impuestos.
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El mandatario ultraderechista, de 60 años, llegó al poder el pasado 11 marzo entre grandes expectativas, prometiendo cambios radicales en materia económica y de seguridad, pero un mes después su aprobación empezó a caer en las encuestas, que en algún momento llegó al 30 %, frente al 58 % con el que fue elegido.
"Es el arranque más complejo en la historia reciente", aseguró a EFE Mario Herrera Muñoz, de la Universidad de Talca, que solo lo compara con el inicio del primer gobierno de Sebastián Piñera, días después del gran terremoto de 2010, y con la llegada al poder de Patricio Aylwin en 1990, tras diecisiete años de dictadura militar.
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"Sin duda, ha sido uno de los más complejos, pero la culpa es del propio presidente al nombrar ministras en cargos para los cuales no estaban preparadas", coincidió en declaraciones a EFE Mireya Dávila, de la Universidad de Chile.
El líder del Partido Republicano chileno se comprometió en campaña a solucionar las principales preocupaciones ciudadanas (delincuencia y estancamiento económico) y prometió, entre otras cosas, expulsar -casi de manera inmediata- a los más de 330.000 migrates irregulares que hay en Chile, no endeudarse más y lograr un déficit fiscal cero al final de su mandato y un crecimiento del PIB del 4 % también en 2030.
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Más de tres meses después y sin resultados visibles, el 67 % de la ciudadanía tiene baja o nula confianza en que las vaya a cumplir, según la reciente encuesta CEP.
Incluso el propio Ejecutivo ha reconocido que muchas no son viables -está negociando con el Parlamento un aumento del endeudamiento- y el propio Kast llegó a decir que la deportación masiva de migrantes, en su mayoría venezolanos, era una "hipérbole".
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"Creo que no tenía un plan de seguridad y eso le pasó la cuenta muy rápidamente. Hay un porcentaje de su propio electorado que lo está abandonando", indicó a EFE Claudio Fuentes, de la Universidad Diego Portales.
La caída de la aprobación del mandatario, según Herrera Muñoz, se empezó a detener gracias al cambio de gabinete realizado el 19 de mayo, el más rápido desde retorno a la democracia.
Kast sustituyó a su vocera y a su ministra de Seguridad, muy cuestionadas por reiterados errores, y colocó en esta última cartera a uno de sus hombres de confianza, Martín Arrau.
"La llegada de Arrau ha sido un éxito. Entendió que tenía que transformar el tema de seguridad en una política de Estado y se reunió con representantes de la oposición", agregó el académico de Talca.
Además de la falta de resultados en materia de seguridad, los expertos apuntan a su política de austeridad y al "benzinazo (alza histórica de los combustibles)" decretado en marzo -en medio de la guerra en Oriente- como las otras causas que explican la caída en las encuestas.
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"Si bien ambas pueden estar relacionados con factores externos o con problemas heredados, revelan un gobierno que pone primero la política fiscal antes que las necesidades más inmediatas de la ciudadanía", subrayó Herrera Muñoz.
Los millonarios recortes ordenados en la Administración Pública para equilibrar las cuentas fiscales, que ya suman cerca de 2.000 millones de dólares y afectan a carteras sensibles como Educación o Salud, provocaron la primera gran manifestación de rechazo en la era Kast a inicios de junio.
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"Reducir el gasto sin afectar beneficios sociales es una ecuación muy compleja", apuntó Fuentes.
Pasado el umbral simbólico de los cien días, los esfuerzos del mandatario están puestos en conseguir un golpe de efecto en materia de seguridad -su nuevo ministro está todos los días en terreno liderando operativos policiales- y en sacar adelante su controvertida megarreforma tributaria y económica para impulsar el crecimiento.
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Considerado el proyecto económico estrella de Kast, la iniciativa antes mencionada está siendo discutida en el Senado e incluye una bajada gradual del impuesto a las empresas del 27 al 23 %, invariabilidad tributaria para grandes inversiones o beneficios fiscales para la repatriación de capitales.
La oposición denuncia que la megarreforma beneficia a los más ricos y distintos organismos independientes han alertado de los riesgos que conlleva para la recaudación fiscal.
Para Fuentes, si Kast quiere recuperar apoyo social, debería "abrirse a acuerdos y aprobar la megarreforma no solo con los votos de su coalición sino con el apoyo de otros sectores": "Hasta el momento está apostando al 50+1, veremos si tiende puentes". EFE
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